
En la ruptura cambiaria, financiera y de deuda producida en 2002, se reiteraron las consecuencias que sufrió el país en oportunidad de la ruptura de la tablita, en 1982: dolarización financiera y transaccional, pérdida de valor de la moneda nacional y los ingresos de trabajadores y pasivos, fuertes transferencias en el área de los precios, pérdida de confianza, aumento de la deuda externa, etcétera. La novedad surgida en 2002 consistió en la extrema rapidez, nueve semanas exactamente, con la cual la conducción económica pudo cortar la inflación apelando a instrumentos modernos y volverla al nivel de la precrisis, con sus efectos obvios en todos esos factores que postergaron durante más de diez años la salida de la crisis de 1982. El mercado conoce la potencia de estos instrumentos para mantener la estabilidad y, por tanto, la especulación con la crisis ya no es tan sencilla.
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