REFLEXION SOBRE LA JORNADA CONVOCADA POR EL MEF Y EL BANCO MUNDIAL

¿Qué deberíamos haber aprendido de la crisis financiera de 2002?

El pasado martes se realizó una intensa jornada de exposiciones y debates que intentó ­presumiblemente­ generar conocimiento agregado acerca de cómo podría un país como Uruguay mejorar su vulnerabilidad frente a eventos de naturaleza similar a la que desembocara en las fracturas de 2002.

Ese, supongo, debería haber sido el motivo que convocara al Banco Mundial y al Ministerio de Economía a organizar una jornada tan prometedora como necesariamente riesgosa en sus consecuencias.

Que son las que importan si es que, efectivamente, se parte de la base de que Uruguay está lejos de haber completado los mínimos blindajes necesarios para desarrollar un programa de modernización e inclusión con cierta tranquilidad.

En tanto, en el análisis inicial de tan ambiciosa experiencia hay que reparar en cómo las organizaciones que se embarcan en este tipo de proyectos imaginan será la utilización social de los contenidos que se vierten a la discusión. Porque esa jornada, tal cual fuera explicado en la apertura por el representante del Banco Mundial, David Yuravilvker, no pretendía constituirse en un mero ejercicio académico.

En tanto, organizar la memoria y su análisis para hechos recientes en estos lares requiere ciertos diseños especiales, que al menos aseguren que el análisis de las conductas y modelos en discusión ­la administración de la economía en el período 1999-2002, por ejemplo­ se vincule al contexto de la política de tal manera que su lectura social sea esencialmente útil. Uruguay es un país inclinado a revisar su historia con un explicable apego a enrostrar errores y omisiones de los individuos en el ejercicio de sus responsabilidades. Reina, además, en este país la propensión a la utilización política partidaria de cuanto dato se maneje en la oferta pública de la comunicación.

 

Confusión

Imaginando esos riesgos aguardé unos días para confirmar mi hipótesis respecto a que el costo de instalar una discusión de esa naturaleza tendría un muy escaso rédito en esa perspectiva de acumulación de saberes desde la cual los uruguayos deberemos enfrentar el riesgo de aquí en más. ¿Cuáles son los aportes a ese acervo que nos ha dejado la jornada del martes? Un confuso balance de responsabilidades en la gesta de la crisis y la administración de su desenlace.

Esa confusión se origina en las dificultades para superponer a la discusión de la relación de multilaterales y gobiernos, la responsabilidad de las elites y las fuentes de poder nacionales en la construcción de institucionalidad robusta. Una segunda confusión está vinculada al desdibujamiento de las responsabilidades individuales, las institucionales y las que componen el entorno de la política.

Tengo un particular escepticismo sobre cuál es, realmente, la utilidad de valiosas contribuciones necesaria para mejorar la capacidad de evaluar y administrar riesgos ­mayores para un país sometido a cambios fuertes­ si esas herramientas no son observadas desde una apremiante necesidad de fortalecer las instituciones esenciales de un Estado moderno.

Un solo ejemplo quizá contribuya a una mejor comprensión de mi escepticismo sobre cómo decanta en el acervo social este tipo de ejercicios públicos de análisis de la historia reciente: Cuando se enjuicia la historia de la rigidez cambiaria, tanto del modelo de convertibilidad argentino de los noventa, como el que mantuviera Uruguay luego de la devaluación del real en febrero de 1999, en el mejor de los casos la discusión se concentra en los errores de los técnicos en cuanto a no percibir las novedades que ha introducido la capacidad de la política monetaria para despegar la traslación al resto de los precios de una variación abrupta del tipo de cambio.

Empero, naturalmente, ni la convertibilidad argentina ni la utilización del ancla cambiaria en Uruguay en el período 1999-2002 pueden evaluarse, con sus riesgos incluidos, como expresiones del propósito ­casi desesperado­ de introducir desde la economía disciplinas que ni la organización institucional del Estado, ni el juego de la política de roles auspician o permiten tanto ayer como hoy mismo. La convertibilidad, la tablita o, aun, la disciplina fiscal y monetaria del actual gobierno con su expresión sobre un tipo de cambio real «atrasado» ni puede ni debe analizarse desde una perspectiva que excluya la afirmación de la estabilidad y las fortalezas institucionales como prerrequisito de los cambios estructurales.

 

Economía y política

El problema es cuando en estos países esta discusión sobre la institucionalidad fuerte de un Estado republicano debe introducirse una y otra vez desde la economía mientras el sistema de representación político utiliza cuanta oportunidad se le presenta para continuar jugueteando con cuanta idea de distribución o inclusión mayor logra publicitar cada uno de los millares de profesionales de la política que pagamos los ciudadanos.

En suma, hay que tener cuidado con ejercicios de la naturaleza de la jornada promovida por el MEF y el Banco Mundial. Celebremos el intento de sintetizar experiencias complejas en esa perspectiva de disminución de la vulnerabilidad. Pero simulemos de aquí en más sus resultados en esa perspectiva más amplia de tolerancia social basada en una visión ciudadana más exigente sobre las fortalezas institucionales. Quizá desde esta perspectiva, en jornadas sucesivas, que necesitamos, desde esta experiencia nacional, incluso, podamos los uruguayos contribuir a esa intestina discusión de la institucionalidad multilateral si es que se animan a revisarla desde una redefinición de misión para un siglo que no parece tener nada que ver con el del mercantilismo y la posguerra.

Con preguntas, entre otras, de este tipo: ¿Cuán autónomas y responsables deben ser las instituciones multilaterales en el diseño y monitoreo de sus programas de asistencia? ¿Cuáles deben ser las relaciones de esas instituciones y la ciudadanía sin que ella deba diseñarse y medirse desde la complacencia con los gobiernos de turno?

* Glosa del título ¿Qué aprendimos de la crisis financiera de 2002? Jornada realizada el 29 de mayo en el Radisson. *

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