LA DEPRECIACION DEL DOLAR INQUIETA A LA AUTORIDAD MONETARIA ESTADOUNIDENSE

Crecimiento económico de EEUU en su nivel más bajo en cuatro años

El ritmo de la economía alcanzó solamente 1,3% después de crecer 2,5% en el trimestre anterior en ritmo anual, datos que inmediatamente impulsaron al euro a un nivel récord en relación al dólar.

«Es un informe negativo», estimó el economista independiente Joel Naroff, a la agencia internacional AFP porque se trata del «cuarto trimestre consecutivo de bajo crecimiento».

Los analistas pronosticaban un alza de 1,8% del Producto Interno Bruto (PIB) y es necesario retroceder al primer trimestre de 2003, marcado por el comienzo de la guerra en Irak para encontrar un crecimiento más débil.

Hoy es el sector inmobiliario que explica en gran parte la debilidad de la economía, subraya Steven Wieting del grupo Citi.

La inversión residencial registra su sexto trimestre consecutivo en baja, con un descenso de 17%.

La crisis del sector inmobiliario es una de las mayores incógnitas que pesan sobre la economía estadounidense: ¿qué pasará si las dificultades del sector afectan el poder de compra de los hogares?

Por el momento, la amenaza no se concreta: en el primer trimestre, los estadounidenses continuaron jugando su papel de motor del crecimiento, con un alza de 3,8% en sus gastos de consumo.

Para los analistas esto es tranquilizador. «Fuera del inmobiliario, la demanda interna ha sido impresionante», subrayó Wieting.

Las empresas por su parte, reanudaron sus inversiones, factor que debería tranquilizar a la Reserva Federal (Fed), que se inquietaba por el nivel «sorprendentemente bajo» de la inversión en los últimos tiempos.

La Bolsa de Nueva York tampoco reaccionó ostensiblemente a los datos sobre crecimiento.

 

La depreciación del dólar

La constante depreciación del dólar frente al euro y la libra esterlina no provoca reacciones de las autoridades estadounidenses, que ven principalmente ventajas en la situación y centran su atención sobre las divisas asiáticas.

El euro estableció el viernes un nuevo récord ante el dólar (1,3682 dólar a las 12H30 GMT), pero el gobierno estadounidense no ha tomado ninguna medida ante esta situación. A las 21H00 GMT se cotizaba a 1,3650 dólar.

«Un dólar fuerte es de interés de nuestra nación», había reiterado lacónicamente la semana pasada el secretario del Tesoro, Henry Paulson, quien no se pronunciaba sobre este punto desde hacía varios meses.

Pero sus declaraciones no son determinantes. «No es la retórica lo que determina el valor de las monedas, sino las variables económicas», recordó David Kotok, de la consultoría Cumberland Advisors.

Por otra parte, la política estadounidense es particularmente ambigua: la afirmación de una «política de dólar fuerte» viene matizada siempre por la precisión de que «son los mercados los que deben fijar el valor de las monedas».

A pesar de que los mercados entienden estos florilegios, saben bien a qué atenerse: se trata de un lenguaje codificado para decir que los estadounidenses quisieran que la depreciación del dólar sea gradual.

Esta actitud, que el economista independiente Robert Brusca califica como «política de negligencia notoria», había sido instituida por el ex secretario del Tesoro Robert Rubin, a fines de los años 1990.

Y si los estadounidenses se manifiestan poco actualmente sobre este tema, es «porque no están demasiado preocupados», afirma John Lonski de la firma Moody’s Investors Service.

«El G7 había dado la impresión (a mediados de abril) de que los ministros de Finanzas aprobaban tácitamente la continuidad de una baja del dólar, y esta depreciación va a beneficiar a la economía estadounidense», añadió el economista.

Esto se ha hecho en parte a costa de otras monedas. «Hay pocas dudas de que el euro está fuertemente sobrevaluado, un 10% como mínimo», estima Eric Chaney del Morgan Stanley.

Un dólar débil ayuda a reducir el déficit comercial, al tornar más atractivos los productos estadounidenses de exportación e incitar a los estadounidenses a comprar «made in USA».

Entre 1985 y 1995, en el período precedente de baja del dólar, Estados Unidos había reducido a la mitad su déficit comercial, recuerda Patrick Artus de Natixis.

Pero los efectos han sido esta vez más limitados. El enorme déficit estadounidense sufre con las importaciones de petróleo (hechas en dólares) y con la compra masiva de productos importados de China (más de la tercera parte del déficit total de febrero).

La cotización del yuan está entonces estrechamente vinculada a la del dólar, y para los estadounidenses, más beneficioso que tener un dólar fuerte, es lograr que los chinos dejen más libre su tasa de cambio, con el objetivo a más largo plazo de que adopten una tasa flotante, al precio de encarecer sus exportaciones.

«El déficit con China cuenta tanto como el petróleo, lo que hace que la relación yuan/dólar sea tan importante como el precio del petróleo para el déficit y para las perspectivas económicas», estimó Peter Morici, profesor de economía en la Universidad de Maryland. *

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