INFLACION E INCREMENTO DEL ENDEUDAMIENTO FAMILIAR

La población está sobrestimulada y aumenta su indefensión frente a la inflación creciente

Esposo renuente -«Está bueno, realmente».

Esposa estimulada -«Y además, fíjate qué buen financiamiento, en unidades indexadas…»

El cuadro era perfecto para un spot publicitario y, realmente, me sorprendió su realismo. Un matrimonio joven con dos pibes de la mano miraban con encanto y cierta esperanza un edificio en construcción sobre el cual, en la vereda de enfrente sobre 21 de Setiembre la empresa constructora y el banco habían colgado un cartel con los detalles del financiamiento para la eventual adquisición de una unidad. No recuerdo en detalle la cantidad de cuotas pero sí, perfectamente, que la tasa era del 4.25% y la unidad de cuenta, UI. A una cuadra de allí, en la feria de Villa Biarritz los vecinos no hablaban del tiempo sino de la carestía y los feriantes se quejaban por la alarma que los medios estarían provocando en la población al respecto. En realidad, la gente visualiza y responde naturalmente bien frente al aumento de los precios de los bienes y servicios –la feria estaba más vacía que otros sábados–. En cambio no logra siquiera identificar prácticamente ninguno de los procesos complejos que se ponen en marcha cuando ese proceso es percibido por los agentes financieros y administradores del capital. Y eso tiene que ver de nuevo con la aversión en la cual seguimos siendo educados los uruguayos respecto al dinero y las leyes del mercado.

 

Mala educación, indolencia  e irresponsabilidad

La gran mayoría de la gente comprende el valor de la estabilidad y sabe cuáles son sus riesgos propios cuando la inflación comienza a progresar. Empero, esos riesgos los entiende en relación a cuántas unidades más de ingresos en pesos le cuestan sus consumos de bienes y servicios. En cambio está lejos de entender los destrozos que se producen cuando en un escenario inflacionario la gente debe enfrentarse a la preservación de sus ahorros o a su capacidad real de pago a futuro. Poco puede hacer el gobierno en el tema como no sea disminuir sus gastos, cuidarse de no generar expectativas desmedidas, e intentar mejorar la regulación del sistema financiero. Aunque algunos intentarán, inevitablemente, controlar los precios creando más problemas aún.

Los efectos devastadores de la indolencia de las familias respecto al manejo del dinero continúan siendo extraordinarios en el Uruguay. Desde esa convicción, es urgente concentrarse en esas peculiaridades nuevas que presenta el escenario de «la carestía» y más que en los precios de la zanahoria o la lechuga reflexionar sobre los temas de cómo y dónde se ahorra y mucho más aun, en cómo se financia el consumo, la vivienda y demás actos naturales del consumidor. La urgencia deriva de la fenomenal lejanía que tiene la población sobre las condiciones en las cuales se forman las tasas de interés y cuál es la responsabilidad individual que tiene cada ahorrista, inversor o tomador de créditos, particularmente en momentos como el presente. El comentario que la joven señora le hacía a su marido sobre el buen financiamiento del inmueble se basaba, seguramente, en la lectura de una tasa nominal, o explícita, relativamente baja y la disponibilidad del financiamiento de largo plazo. Naturalmente, el crédito que el banco ofrecía era hipotecario y presumía –además de otras– la garantía implícita del bien cuya adquisición ofrecía financiar. Una serie de bancos privados ya incursionan en el financiamiento hipotecario de la vivienda en una competencia que ha contribuido a disminuir las brutales tasas en moneda nacional reajustable que cobraban los bancos a las familias a mediados del año pasado. No hay datos oficiales desagregados que permitan observar la evolución del crédito hipotecario. Pese a lo cual, es presumible que sea una de las áreas de colocación más dinámicas y de interés para el sistema financiero y las propias familias. Una serie de factores explica esta nueva dinámica cuyas características y riesgos retrotraen a los escenarios de fines de la década del noventa. Entre ellos el aumento excepcional del precio de los arrendamientos, una de las síntesis de las incertidumbres actuales. A diferencia de entonces, el mercado tiene otro nivel de regulación y de responsabilidad bancaria en la adjudicación del crédito. Pero estas garantías no importan demasiado a la hora de contabilizar los efectos discriminantes que supone la ampliación del crédito en moneda nacional indexado a tasas excepcionalmente elevadas. El sistema financiero toma depósitos en moneda nacional no reajustable al 2% anual, promedio del sistema, y los coloca en un equivalente aproximado al 12%-13% en la mejor hipótesis del comportamiento inflacionario futuro.

Pero el problema va bastante más allá de los márgenes operativos del sistema financiero en el financiamiento del consumo y la vivienda en escenarios de inflación. A diferencia del pasado, los intermediarios y administradores del capital disponen de instrumentos que impedirán la licuación del valor real de sus activos. A diferencia de lo que sucederá con prácticamente todos sus pasivos, depósitos o captación de inversiones sean en pesos o en dólares. El crédito bancario y extrabancario en el Uruguay ha comenzado a crecer a tasas significativas sobre la base de la extensión del crédito al consumo, nominado en moneda nacional indexada. Dado que la gente confía en que va a mantener sus ingresos reales al sistema, a los administradores del capital financiero les resulta muy atractivo estimular el crédito al consumo a tasas en UI del 11%, promedio de las colocaciones bancarias en el consumo según el BCU. En plazos más cortos que los del crédito hipotecario y de no suceder nada demasiado extraño esas tasas van a comenzar a erosionar fuertemente las ganancias reales que han tenido los salarios, las jubilaciones y el ingreso de los hogares en general. El 80% del crédito a las familias está contratado en pesos y representa a esta altura, los dos tercios de todas las colocaciones bancarias en el sector privado.

 

El flanco más vulnerable

El aumento del riesgo inflacionario y otras incertidumbres determinan aumentos inmediatos en la tasa de interés, particularmente en el crédito indexado en moneda nacional. Esos aumentos serán sentidos por la población y determinarán que el regulador aumente la disuasión frente a excesos en este tipo de colocaciones. Pero si la población mantiene sus actuales niveles de expectativas, bien estimuladas últimamente, respecto a cómo le irá en un proceso de crecimiento y mejora del ingreso, la propensión a financiar el aumento del consumo incrementará peligrosamente los efectos discriminantes de las elevadas tasas de interés. *

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