UN SIMBOLO DE LA DISCONFORMIDAD CON EL FMI Y EL BM

Brasil adhirió al Banco del Sur

Descontentos con la escasa influencia que les cabe en las resoluciones adoptadas por estas instituciones, y a veces críticos de las recetas económicas que estos organismos impusieron, países como Brasil, Argentina, Uruguay, y desde el sábado Venezuela, han cancelado sus deudas con el FMI en busca de mayor autonomía en las decisiones de política económica.

En la misma línea, Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia y desde el sábado Brasil, buscan crear una nueva institución que contribuya a ese objetivo, el Banco del Sur, que nace no sin diferencias.

Consultado sobre ese proyecto, el director gerente del FMI, Rodrigo Rato, dijo que espera conocer más detalles para pronunciarse sobre la idea, que entiende como «la creación de un banco regional para atraer inversiones sobre todo en cuestiones de infraestructuras».

«América Latina necesita una mayor integración en la economía mundial y la integración regional puede ser un instrumento muy válido para llevarla a cabo», estimó Rato, cuya institución enfrenta una caída de ingresos por la cancelación de deudas de naciones socias.

Aunque no está claro aún qué papel cumplirá en la economía regional ­si el de un banco de desarrollo o el de un fondo que permita corregir eventuales desequili- brios financieros de sus integrantes­ el Banco del Sur podría distanciar aún más a sus promotores de los organismos tradicionales de financiamiento.

La integración de Brasil al proyecto le da mayor impulso.

Según el ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, para formalizar esta incorporación sólo falta «romper el término de compromiso» original «entre Venezuela y Argentina», y firmar uno nuevo que pueda rubricar el presidente Luis Inacio Lula da Silva y que incluya a Brasil y a las demás naciones que deseen integrarse al proyecto.

Está claro que desde el vamos hay algunas diferencias en el tipo de banco que los promotores de esta iniciativa quieren.

Brasil concibe el Banco del Sur como un «organismo técnico», no político, un banco de desarrollo para facilitar la integración, que funcione «dentro de las normas de mercado», «que tenga rating elevado, que pueda colocar títulos», y no tanto un organismo capaz de ayudar a corregir desequilibrios financieros o presupuestarios, explicitó Mantega.

La visión de Venezuela y Ecuador, mientras tanto, parece más ligada a lograr independencia financiera del FMI y el BM, organismos a los que tanto el presidente Chávez como su par ecuatoriano Rafael Correa cuestionan severamente.

«La conformación del Banco del Sur es parte fundamental de la integración latinoamericana y será un paso para dejar de someter la región a estos organismos internacionales, que nos condicionan para darnos dos reales», sostuvo Correa la semana pasada.

Fuentes ecuatorianas cercanas a las negociaciones aclararon a la AFP que, más allá de las críticas, no se trata de «cortar» relaciones con el FMI y el BM.

Brasil planteó asimismo la posibilidad de que se trate de una institución «ligada al Mercosur», una propuesta que aún no había sido considerada en las tres reuniones técnicas que se han desarrollado para elaborar esta iniciativa.

Asimismo, los técnicos, que se reunirán la semana próxima en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), deberán acordar el peso de cada país miembro en las decisiones de la futura institución.

Brasil planteó su preferencia por mandatos a partes iguales, basados seguramente en un aporte que de todas formas sería «proporcional» a las economías de los socios, de forma que estén «todos los países en pie de igualdad».

Con el acta constitutiva de la institución todavía por firmarse y mucho por definir, el naciente Banco del Sur muestra sin embargo la voluntad de los países latinoamericanos de aprovechar una coyuntura favorable para sus economías, creando mecanismos propios de financiamiento que además permitan profundizar la integración regional. *

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