NUEVAS INFERENCIAS DE LOS NUMEROS "CEPALINOS"

Pese al bloqueo, Uruguay conforma su ambición de cambio de cara al mundo

No hace demasiado, las bases de datos integraban series que beatificiaban mecánicamente cualquier pensamiento novedoso.

Ahora, esa utilización de las series y documentos como fuentes de pensamiento ya no admite simplismos, pero esas bases continúan allí, potentes, prestas a ser revisadas desde nuevos enfoques y demandas. También la apertura contribuye a corroer el monopolio de las certezas documentales que han estado a mano.

Cada una de esas celdillas que habitan los números de las series o los cajones donde guardamos los empolvados documentos son una desafiante invitación a la revisión de las historias y los diagnósticos.

La humanidad es más ambiciosa y los uruguayos, ahora, también lo somos. Algo de esa inquietud me ha sido impuesto al observar las tendencias que parecerían diferenciar tan fuertemente a Uruguay de lo que es su entorno geográfico últimamente.

La revisión de las series estadísticas que acaba de publicar Cepal en su anuario estadístico y su extensión al período relevante de la historia contemporánea ­los últimos veinticinco años- invitan a trabajar un poco más que lo usual con las realidades que esa base de datos está indicando. Naturalmente, la apertura de tal información en áreas de la demografía y la economía es muy amplia, dado lo cual la revisión o recreación de los lugares comunes del pensamiento latinoamericano basado en esos datos va a llevar tiempo y mucho esfuerzo intelectual de las elites. Sobre todo si todo ese mapa cuya revisión sugiere la nueva información cepalina aparece cruzada ahora de la información ambiental que también incorpora Cepal en su nuevo anuario.

 

La urgencia nacional

La urgencia por entender desde las fronteras nacionales los nuevos desafíos y amenazas frente a las cuales se intenta reconstruir un Uruguay posible lleva a intentar entender qué es lo que está sucediendo en realidad con esta nueva situación que se le presenta a Uruguay en su entorno geográfico, por innumerables razones, determinante de sus posibilidades de reconstrucción nacional.

A manera de síntesis, las series revisadas de la Cepal para ese cuarto de siglo finalizado en diciembre de 2005 informan de cambios muy fuertes en las tendencias comparadas que presentan algunas cuentas nacionales de Uruguay en relación con las que ostenta el resto de América Latina y, en particular, de movimientos significativos en la posición relativa que están diferenciando a Uruguay de su entorno más próximo en el último período.

De esas tendencias confrontadas, asumiendo la urgencia de esa visión endógena provista «desde la frontera», es notable el crecimiento relativo de Uruguay respecto a la Argentina y, en menor medida, de Brasil, en lo que refiere a las capacidades de captación de inversión externa directa IED, y en lo que refiere al comercio de servicios. Uruguay se ha transformado en un exportador superavitario de servicios a la región y el mundo y en un fuerte captador de inversión productiva originada en la región y el resto del mundo. Esta es la realidad opuesta a la histórica y sugiere un país con relaciones profundamente alteradas en sus intercambios económicos, sociales y políticos con el hábitat en el cual planea su futuro.

 

Efectos del bloqueo

El viernes pasado, oportunamente, la liberación de la información de las cuentas nacionales al término de 2006, permite revisar la base de datos de Cepal al término de 2005, integrada sin esta última información y extenderla a 2006 en esas cuentas relevantes. Alcanza por ahora saber que en 2006 ha comenzado a disminuir el saldo positivo del comercio nacional de servicios sobre la base de una caída de las exportaciones mayor de la que también tuvieron las importaciones en el rubro durante el último año.

Este último dato está asociado al ciclo de la inversión y era relativamente esperable. Las variantes en la disminución de las exportaciones de servicios se explican exclusivamente por la acumulación de problemas con la Argentina y los efectos del bloqueo.

En lo que refiere a la IED, la situación es diferente, funcional con los orígenes del desarreglo argentino, el cual paradójicamente le permite a Uruguay mantener y desarrollar no sólo su capacidad de captación de IED regional y extrarregional sino ­yendo a la otra cuenta- aumentar significativamente la calidad de sus servicios exportados, aunque se resienta el saldo de la cuenta de turismo. En suma, el bloqueo agravia y limita, pero a la vez, estaría contribuyendo a que Uruguay se vaya conformando como un país más apetecible y requerido por el mundo, perfilándose hacia óptimos muy interesantes como recipiente de inversión productiva de contenido transformador del viejo agro y la obsoleta producción industrial.

A la vez, Uruguay se perfila como recipiente de un nuevo tipo de cultura del trabajo, vinculada ahora al desarrollo de un sector servicios que tiene varias cualidades respecto a la nueva demanda de transformación educativa.

Bien diferente por cierto a aquella que, desde el fondo de la historia provenía de la producción fabril y agraria. Dos de ellos en especial: requiere más tensión y disciplinas para producir inteligencia e innovación y requiere sobre todo trabajo juvenil.

De lo cual surge naturalmente formas nuevas de demanda de calificación. Urgida esta más que para el aprendizaje de una nueva cultura de la responsabilidad individual y de la comprensión de los nuevos derroteros por los cuales anda el mundo que por una simple demanda de «oficios tecnológicos» específicos. *

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