
Mientras el gobierno comienza a ensayar planes de contingencia eventual, los productores aspiran a que se mantenga el marco de políticas sin manoseos a la argentina, y pese a entender que no pueden pretender mejoras forzadas del tipo de cambio, pretenden que ese plan de contingencia prevea algunas medidas de compensación eventual.
Hasta el fin del año pasado la industria alimenticia mantuvo un ritmo de crecimiento por encima de la media de la industria manufacturera. Con un nivel de productividad que, por ahora, no parece resentirse como sucede en otros ramos. Ya ingresando a los picos de la zafra anual, han comenzado a percibirse problemas en la cadena cárnica que exponen a sus principales operadores a desafíos importantes.
Uno de esos problemas principales refiere a la fragilidad que presenta su sector más dinámico, el orientado a la exportación, en lo que refiere al acceso y mantenimiento de los mercados más preciados. Ahora se intensifica la cualidad global del juego, a las industrias ya no les alcanza con la diferenciación sanitaria y están expuestas a una competencia permanente, particularmente en los mercados del norte. Uruguay está compitiendo con Brasil y Argentina en mercados de concurrencia corriente y ahora, también y con desventajas notorias, en algunos emergentes como el venezolano (ver síntesis del informe adjunto). Pero, además, comienzan a converger sobre ese juego de competencia compleja los efectos de las ventajas adquiridas en la densa red de acuerdos bilaterales. Ese era, según los industriales y analistas especializados, uno de los riesgos sobrevivientes de perder la prelación en los mercados del Nafta y Chile, por ejemplo, dado el acceso privilegiado que comenzaban a insinuar países como Colombia y el propio Chile en su salida hacia mercados más sofisticados, los cuales se encaminan vía TLC con desgravación automática para carnes de elevado valor.
En 2006 ha comenzado a aumentar la exportación de ganado en pie y si bien se entiende que aún el hecho no se corresponde con la mayor competitividad industrial que tienen países como Chile o Colombia en los mercados desgravados o en vías de desgravación del Pacífico, sino con el arbitraje con los aumentados precios regionales en dólares, aquel riesgo comienza a ser ponderado con mayor intensidad.
Las dificultades circunstanciales de la sequía podrían precipitar una caída de los precios del gordo y la reposición, mayor al aumento logrado por los ganados al fin de la semana previa al feriado. Esto supone que el precio del novillo gordo y el de reposición similares en la actualidad caigan por debajo del dólar por kilo, iniciando de tal manera una tendencia que podría acentuarse fuertemente cuando la zafra llegue a sus picos de abril y mayo. El riesgo de esa aceleración de tendencias podría generar rispideces a nivel del equipo de gobierno y de éste con las gremiales ganaderas si es que se torna necesario discutir medidas de compensación. *
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