MERCOSUR, PAREDON Y DESPUES...

En abril Uruguay terminará de explorar la ruta chilena

El riesgo de una caída del nivel de actividad mayor al previsto en la programación económica y sus vínculos con los problemas de la política comercial, reaparecieron en las últimas semanas cuando a los problemas de la industria textil se sumaron las dificultades de acceso a mercados que afectan a la industria frigorífica. Con el telón de fondo del reinicio de la negociación multilateral en Ginebra, el gobierno uruguayo parece decidido a avanzar más rápidamente en la celebración de acuerdos formales que aseguren el acceso a mercados muy concurridos actualmente. Entre otras razones porque, ahora, Uruguay comienza a sufrir los efectos de la prelación de acceso y tarifas que comienzan a tener países de competencia formal o potencial con la oferta uruguaya. En las agroindustrias eso comienza a plantearse dramáticamente.

 

La posibilidad real de Chile

Los socios plenos del Mercosur, incluyendo a Uruguay, tienen un Acuerdo de Complementación Económica, nominado en el registro de Aladi como AAP.CE Nº 35 con vigencia indefinida desde octubre de 1996. En este marco se ha venido procesando una desgravación progresiva de bienes que a esta altura está prácticamente finalizada. Persiste un conjunto de excepciones que afecta principalmente a bienes de origen agropecuario que, en general, no parece constituir un obstáculo importante para el comercio recíproco. Empero, la competencia se hace sentir y, despejada la amenaza de la aftosa, Brasil y Argentina compiten con mejores precios por el atractivo mercado chileno de importación de carne. En la fila se alista Colombia, ahora usufructuario de los beneficios de los TLC comunes con Estados Unidos y el que se aprestan a firmar próximamente con Chile. Recientemente el Mercosur ha recreado la negociación con Chile a los efectos de avanzar en el logro de un tratado de protección recíproco de inversiones.

En este marco, Uruguay tiene escaso margen como para mejorar el relacionamiento estrictamente comercial con ese país andino. Para completar el formato requerido por un Tratado de Libre Comercio restaría negociarse acuerdos sobre propiedad intelectual y compras gubernamentales, más la internalización de acuerdos ya celebrados sobre la libre movilidad de recursos laborales, etcétera.

Empero, el grado de avance inhibe a Uruguay y, sobre todo a Chile, de lograr acuerdos bilaterales que permitan utilizar el estatuto de un TLC formal para acceder a las ventajas de un instrumento de esta naturaleza en la red tejida por Chile en todo el mundo y que, explícitamente, le ha sido ofrecida por el gobierno chileno a los países latinoamericanos. La razón más poderosa de la inhibición consiste en que Chile ya tiene un compromiso de apertura recíproco implementado con el Mercosur y no hay razón de conveniencia para negociar un acuerdo bilateral paralelo con Uruguay. Además, el gobierno chileno ya le ha explicado a las autoridades uruguayas que no tiene ningún interés en generar una rispidez de escasa utilidad con el Merocusur alentando cualquier supuesto de bilateralidad. En tanto, el objetivo más plausible para una negociación mediante la cual, por ejemplo, el gobierno uruguayo quisiera «señalar» un rumbo de política exterior relativamente novedoso quedaría reducido a la firma de un acuerdo que elimine la doble tributación y permita gravar y recaudar actividades realizadas por las empresas o particulares nacionales fuera de fronteras.

 

Desde Chile

Abril parece irse constituyendo en un mojón decisivo para las definiciones que Uruguay vaya logrando implementar en la línea de lograr una salida complementaria vía Chile para su política comercial. Al viaje del presidente Vázquez, programado para el 10 y 11 de dicho mes, se suma un conjunto de actividades y encuentros que se producirán quince días después, en oportunidad de que se realice en Santiago el World Economic Forum. La reunión que congregará a centenares de líderes y autoridades regionales y mundiales en Santiago de Chile tendrá por objeto la discusión del modelo chileno bajo el sugestivo título de «El poder de una agenda regional positiva». Uno de los organizadores del evento comentaba a fines de año, desde Ginebra, sede del WEF: «Para 2007 habrá 12 jefes de gobierno recientemente elegidos y comprometidos a lograr un cambio positivo para América Latina. El Foro Económico Mundial ofrecerá un marco extraordinario para comprender los recientes cambios de poder en la región, identificar nuevas oportunidades y elaborar políticas económicas para compartir el desarrollo regional».

Una de las mesas principales del evento discutirá el potencial comercial que supone para los países de la región la utilización de los cincuenta y tres acuerdos bilaterales de libre comercio suscritos por Chile con otros tantos países.

Es obvio que Uruguay intentará utilizar estas instancias para avanzar en la señalización de lo que a esa altura del año ya debería ser una estrategia de política comercial más clara. *

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