
Lejos del descanso anunciado como motivo de su ausencia a la Cumbre Iberoamericana, el presidente Lula se ha sumido en una febril actividad intentando modificaciones en su equipo de gobierno, en conjunción a algunos aspectos de la polÃtica económica y la habilitación de algunos cambios que insinúa su polÃtica comercial. El equipo económico intenta acelerar la aprobación de cambios tributarios que mejoren la competitividad de la industria y se articulen con un nuevo proyecto de Reforma Tributaria que el gobierno intentarÃa replantear en el Congreso.
En la mañana de ayer se le presentó al presidente una agenda de trabajo con cronograma forzado para las próximas seis semanas. La intención es señalizar rápidamente al mercado cuáles serán las prioridades del plan con el cual el gobierno intentará revertir expectativas que comienzan a presentar dificultades y tienen matices con las que se insinuaban en el perÃodo preelectoral. En este plano, las medidas recomendadas por los asesores más inmediatos de Lula tenderÃan a disminuir las tasas del impuesto a los cheques utilizados por los sectores productivos, uno de los gravámenes que contribuyeron decisivamente a la estabilidad fiscal y que luego importara literalmente Argentina. Hay propuestas de exoneraciones fiscales a los sectores generadores de empleo; y una iniciativa en esa propuesta de modificar todo el sistema del ICMS, un impuesto de recaudación estadual y redistribución federal que genera distorsiones de todo orden. Esa iniciativa requiere elementos de compensación que van a dificultar aún más los problemas comerciales de frontera en esa perspectiva de aliento al Mercosur y propensión permanente de Brasil al cierre comercial.
Quizás por ello mismo el gobierno ha habilitado algunos cambios propuestos en materia de polÃtica comercial asociados a convencer que Brasil mantiene una estrategia global de aperturas y disciplinas pero que no supondrá giros dramáticos en el corto plazo. Pese a lo cual, pudieran tener alguna expresión en el intento de recomponer un clima de afabilidad en la región. Brasil hará gestos y, de hecho, acaba de cambiar su representación diplomática en el Uruguay y el Mercosur agregando personal de carrera más activo y predispuesto a considerar o proponer iniciativas, conducta que Brasil no frecuentaba desde hace mucho tiempo en la región.
Esta es la lÃnea del canciller Celso Amorim quien ha vuelto a tener dominancia en la polÃtica exterior que parecÃa desdibujarse unos meses atrás. Estos cambios descuentan el fracaso de la negociación multilateral, en la cual Brasil se ha manejado con comodidad y obtenido ventajas en las últimas rondas, y tenderÃan a ampliar las ventajas competitivas y de escala que tiene la industria brasileña en las regiones de incidencia más cercana.
El bilateralismo que impulsa a Chile con enorme gravitación hacia el mundo no está disponible para Brasil en el corto y mediano plazo al menos. Este tipo de incertidumbres estratégicas está afectando las expectativas empresariales Âver recuadro y la preocupación se concentra en la inversión ya escasa para mantener un ritmo de crecimiento claramente insatisfactorio. *
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