Uruguay compite con éxito y mayor riesgo en una América diferente
Empero la discusión de la economía y la política en América Latina ha comenzado a procesarse en un escenario en el cual la «bonanza», en su acepción más amplia, es una suma de oportunidades y riesgos inéditos para la historia del continente. En una visión continental de lo que ha sucedido en la historia reciente y sus proyecciones más consensuadas, América Latina ostenta indicadores macroeconómicos excepcionales. Tal comportamiento tiene una base de sustentación que transforma esas series en plataformas de una discusión creativa: la capacidad que manifiesta el sur latinoamericano de vivir en regímenes de democracias representativas afirmadas luego de los procesos electorales recientes y sin afectación de las principales políticas macroeconómicas.
De aquí en más, se abre una perspectiva esperanzadora y llena de riesgos nuevos. En ella los países competirán en un juego global en el cual las reglas aún no están definidas; en particular aquellas que pautaran los resultados de las cuentas corrientes, en un mundo en el cual el deterioro relativo de los términos de intercambio pudiera afectar mucho a los países más expuestos a la caída de los precios de las materias primas no energéticas en mercados resguardados por tendencias más proteccionistas.
Lo nuevo
Esta ha sido una de las características usuales de emergencias previas del potencial de desarrollo latinoamericano. Sin embargo, ahora, la incipiente esperanza incorpora un dato diferente: el sur parecería estar aprendiendo a usar, para sus propios fines, instrumentos de política económica y fortalecimiento institucional que hasta ahora, eran de uso exclusivo en el norte. Estos instrumentos asociados a valores, como los de la estabilidad y el equilibrio fiscal, han permitido la insinuación de un proceso reformista que ha sido históricamente tan resistido como mal diseñado y peor ejecutado por las elites de gobierno latinoamericano. Las reformas e instrumentos «de mercado» tienen una negra historia en la realidad y el imaginario latinoamericano. Esos instrumentos han sido usados en entornos de autoritarismo y exclusión. Las reformas en las cuales han sido utilizados dichos instrumentos han sido volcadas desde el norte a un sur desintegrado socialmente por instituciones multilaterales dependientes de gobiernos sin convicción ni interés real en los cambios. La aplicación de reformas mal diseñadas y con instrumentos asociados a valores resistidos han precipitado desenlaces de crisis estructurales, generando apropiaciones extraordinarias de rentas por quienes, precisamente, han manejado información y capacidades para adelantarse a esos desenlaces. Lo nuevo es que, al término de un período de ejercicio fuerte de la capacidad democrática procesos electorales concentrados en 2005 y 2006-, la convicción reformista no ha sido lastimada sino que, parecería haber ganado comprensión ciudadana. Por último, en el relacionamiento a futuro de esa esperanza con el cambio global, el multilarismo tampoco es el mismo. Ya los malos gobiernos no pueden contar con mecanismos de financiamiento de los desequilibrios de las malas políticas y principio del sobreendeudamiento histórico. Esas instituciones se sienten hostigadas por una exigencia social diferente.
Es interesante al respecto observar como se ha venido incorporando la variable social en el análisis de riesgo que instituciones como el FMI, que nacieron en la postguerra con la exclusiva preocupación de velar por los equilibrios externos.
¿Hay una nueva esperanza de inclusión…?
Los indicadores de distribución de ingresos y pobreza relativa muestran mejoras marginales frente a la dimensión de la exclusión y la desintegración social que caracteriza el continente. Empero, antes, esa misma realidad carecía de la mínima esperanza de ser revertida, tal cual se demostró. Los malos indicadores económicos eran aún peores en su proyección sobre escenarios de degradación institucional y desprecio democrático. Ahora, la perspectiva pudiera ser distinta. Vale la pena observar la evolución de las principales variables macroeconómicas, diferenciando la evolución de Uruguay en un contexto americano sugestivamente caracterizado según la focalización de esta evolución en el norte y el sur.
1/ Los indicadores gráficos han sido agrupados por la Separata de Economía a partir de la información contenida en el Informe sobre Perspectivas Económicas para el Hemisferio Occidental, capitulo Américas, publicado por el FMI en el presente mes de noviembre. América del Norte es la suma ponderada en el informe del comportamiento y las proyecciones para Canadá, México y EEUU; América del Sur comprende a Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. *
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