La globalización brasileña
A semejanza de otros países emergentes, las empresas de Brasil se han lanzado a la conquista del mercado mundial, con adquisiciones e implantaciones y no meramente exportando sus productos.
El gigante minero Vale do Rio Doce (CVRD) acaba de concluir la mayor adquisición realizada por un grupo brasileño en el extranjero: saltó al segundo lugar de los grupos mineros del mundo, al adquirir el número dos del níquel, el canadiense Inco, por unos 15.000 millones de dólares.
Doce empresas brasileñas figuran entre los cien grupos de dimensión mundial en países emergentes, censados por la consultoría estadounidense Boston Consulting Group.
A fines de 2005, el stock de inversiones directas brasileñas en el exterior alcanzaba 65.400 millones de dólares, según el Banco Central brasileño.
El principal grupo siderúrgico, Gerdau, no deja de anunciar adquisiciones en América Latina y en Estados Unidos: unos 700 millones de dólares ya fueron dedicados a ese fin en lo que va del año.
Este grupo, cuyas acciones están cotizadas en Nueva York, Toronto, Madrid y Sao Paulo, realiza el 54% de sus negocios en el extranjero y está instalado en nueve países.
Entre los cinco primeros, Odebrecht (obras públicas) quedaba en segundo lugar, seguido por CVRD que debería subir en la clasificación, después la petrolera Petrobras y el fabricante de carrocerías de autobuses Marcopolo, presente en América Latina, Portugal y Sudáfrica.
Embraer, tercer constructor mundial de aviones comerciales, y la papelera Aracruz realizan así más del 90% de su volumen de negocios fuera de las fronteras de Brasil.
El débil crecimiento económico de Brasil (2,4% por año en promedio) y la fuerte apreciación del real ante el dólar, que pesa sobre sus exportaciones favorecen este proceso. «La adquisición de Inco le cuesta menos a Vale que si el real estuviera 30% más barato», subraya Alvaro Cyrino. *
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