La esencia del juego y una resignación imposible frente al muro
El nuevo contorno económico sobre el cual trabajan las consultoras de las empresas de modelos de gestión muy profesionalizados está signado por las nuevas precauciones que adoptan los inversores de riesgo frente a un mundo en el cual centro y periferia se integran y desintegran en intersecciones de toda naturaleza. Y ahora lo harán en un mundo de competencia mayor. No es que el gap se haya reducido. Es que la brecha es ahora infinitamente sinuosa. La visión de su impacto sobre la humanidad es reducido por la comunicación masiva a sus aspectos más brutales y simplificadores: el muro; recordado el sábado por la digna presidenta de un Chile que ha aprendido a manejar espléndidamente esas infinitas intersecciones de amenazas y oportunidades que unen y distancian al centro y la periferia. Ese escenario es un mundo en el cual el crecimiento de la producción y el comercio será menor y diferente. Doha ha muerto y un nuevo bilateralismo concurre a fortalecer o destruir la integración regional. Derriba muros de protección comercial y cultural milenarios a la vez que crea, necesariamente, otros más ignotos y sutiles.
El bloqueo subestimado
Aquí estamos demasiado apremiados y peligrosamente bloqueados para participar siquiera en esa discusión planetaria. Da tristeza observarnos, de pronto, regresando, pérdida la ambición a los lugares donde el juego es decisivo. A nivel empresarial, sin embargo, las decisiones que comienzan a adoptarse tienen en cuenta un mundo en el cual el centro ha creado las condiciones para vivir sin conflictos internos que amenacen sus integridades nacionales. Hace rato que un punto de tasa de interés impone realidades con más facilidad que cualquier ejército de ocupación. Y esas tasas como tantos otros precios no se pueden manejar con voluntad infantil. El centro organiza sus vínculos con la periferia privilegiando su estabilidad, mientras observa con lejanía la perpetuación infinita de la confrontación sobre la simplificación ramplona de la realidad. Mientras tanto, investiga y aprende a manejar los nuevos instrumentos con los cuales regula y preserva los riesgos más letales de la modernidad: la desintegración social y el resquebrajamiento institucional.
¿Ya fue, o no?
No es casualidad que el desapego uruguayo de la región y la agresión formal e implícita de Argentina y Brasil se hayan formalizado cuando una serie de decisiones racionales fueron aceptadas y adoptadas por la nueva administración de izquierda.
Uruguay parecía comprender la esencia del juego; aparecía intentando utilizar la ductilidad de un país pequeño comenzaba a avanzar con más rapidez y agilidad hacia el usufructo de sus verdaderas ventajas competitivas en la región. Esas que definen el juego y en las cuales los vecinos aparecen torpes y vulnerables: la calidad de la institucionalidad, el apego al derecho y a la tolerancia social.
Uruguay se aprestaba a concretar su diferenciación mostrando que su idea soberana de inclusión social, su empeño en mejorar disciplinas contractuales era lo necesario para participar en el juego global. Eso que precisamente estaba lejos del alcance de vecinos torpes y frágiles, encerrados en sus pobres democracias cada vez más participativas y menos representativas. Ese era, hasta ahora, el santo y seña de una diferenciación uruguaya potencialmente exitosa.
Probablemente el gobierno haya perdido ya sus principales oportunidades. Las de avanzar y convocar en esa perspectiva. Todo hace pensar que los defectos de los contratos principales han sido bien interpretados por los poderosos de afuera y adentro.
Uruguay parece haberse resignado a intentar «producir» se agregue o no valor real- de acuerdo a las reglas impuestas por malos empresarios y representantes de ambición empobrecida. Es preciso saber que si esta actitud era peligrosa en escenarios de crecimiento global del 5% y 6%, en el que adviene, es letal.
La necesidad de tener que discutir con el FMI, una nueva carta de intención en las próximas semanas pudiera ser una buena oportunidad para anticipar situaciones que este país no está en condiciones de soportar. *
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