La emergencia de un nuevo escenario
Procura también reconocer que el país se sitúa frente a esa emergencia de riesgos y oportunidades frente a la cual, en diferentes niveles de responsabilidad, el gobierno, los empresarios y los propios ciudadanos van a asumir comportamientos nuevos, de una u otra manera.
Sobre las primeras horas de la tarde del viernes Uruguay dispuso el dato que le faltaba para completar el armado de un escenario más informado del que teníamos hasta el presente. Ese dato fue el reporte del Departamento de Comercio de los EEUU, informando que el crecimiento anualizado de la economía norteamericana en el tercer trimestre del año es estimado inicialmente en el 1.6%. El ministro Gutiérrez, con la elocuencia acostumbrada de las autoridades en circunstancias de este tipo, le informó al mundo que ese crecimiento, el menor desde comienzos de 2002, no sólo era esperado sino que era el dato que le faltaba al gobierno para afrontar un decisivo 2007 con seguridades que hasta ahora no tenía en el área económica. Esa es la interpretación oficial norteamericana- del aterrizaje brusco de la principal economía del mundo a un nivel administrable, para los norteamericanos. Más allá del optimismo usual de las autoridades frente a la edición de cualquier tipo de registros económicos, la aseveración de Gutiérrez tiene su lógica. EEUU ha ido encontrando sus propios equilibrios aunque el aterrizaje final haya sido un poco más espectacular que el esperado. Pero este es el dato: el motor del consumo mundial ya no volará con tasas del 4% promedio del 2003-2004 sino que de ahora en más funcionará con tasas de crecimiento anualizadas entre el 2.5% y el 3%. Ese nivel de actividad será funcional con una inflación del 2% , un mayor equilibrio fiscal y tasas de interés reales que ya nada tienen que ver con las deprimidas o negativas tasas que auspiciaron el boom del consumo de los norteamericanos en los últimos treinta y seis meses.
Acomodación global
El segundo dato relevante consiste en advertir como se ha confirmado la especulación de los operadores financieros más informados del mundo. En las últimas semanas ese escenario próximo que parecería terminar de conformarse a partir del nuevo equilibrio norteamericano venía siendo adelantado o «descontado» por los operadores de los mercados de futuro. Esto es lo que, esencialmente, explica el descenso de los precios del petróleo y, más allá de accidentes climáticos de Oceanía, es también lo que explica la lenta pero apreciable acomodación a la baja de los precios de algunos commodities agrícolas y metálicos. El círculo lógico se cierra con la tradicional señal del ingreso a un escenario de mayor riesgo: la ubicación del precio del oro para los contratos más próximos a sus promedios del año, algo más de seiscientos dólares la onza, Estos no son precios del mercado spot o disponible. Adquieren su relevancia, precisamente porque refieren a lo que sucederá en ese escenario de futuro. Estos operadores trabajan con precios del petróleo promediales más allá de los imprevisibles accidentes geopolíticos- situados en el entorno de los U$S 55-U$S 60 para el mediano plazo recogiendo la menor demanda relativa de mediano plazo.
El aterrizaje uruguayo
De hecho, más allá de las incertidumbres del ajuste norteamericano, Uruguay se va a situar de ahora en más frente a un mundo sin booms de consumo, con incremento de las prácticas desleales de comercio y una mayor debilidad relativa de Latinoamérica en el juego global. Ello supone desequilibrios, financiamiento más difícil, más riesgo y menos tiempo para fortalecer las garantías institucionales y las que deberían proveer los planes de contingencia para un escenario bien distinto del actual. Uruguay ha utilizado bien los cuatro años de bonanza previos. Las mayorías ciudadanas han instalado un gobierno de izquierda y éste, en general, ha logrado dos grandes objetivos: afirmar la estabilidad y el crecimiento con un aumento importante de la distribución social del excedente generado. Esas mayorías han elegido y el sistema ha funcionado. El gobierno ha hecho lo esencial más allá de los ruidos proveniente del pasaje de la cultura de la oposición a la de la administración. Empero, ese tiempo se terminó. Ahora la especulación de todos quienes no estén inscriptos en la confrontación política y rodeados de sus velos atiende el nuevo escenario. Con mayor o menor información y comprensión de o nuevo, los de arriba y los de abajo conocen o intuyen que ya no es posible afrontar cada instancia de decisión desde la confrontación tradicional de roles. El nuevo escenario exige garantías. A nivel nacional, del Estado, a nivel del mercado y las empresas y, también, a nivel de los hogares. O el Estado asume que lo único importante que puede hacer frente al nuevo escenario es mejorar sus propios equilibrios, asegurar el cumplimiento de las leyes, e ingeniarse para defender mejor la soberanía, o rápidamente el mercado y las familias procuraran que sus propios ajustes sean más duros que lo necesario. Hay distintos tipos de responsabilidades frente a lo que adviene: el gobierno debe recordar que los únicos seguros que debe proveer frente a un riesgo mayor son los institucionales, aquellos que no le exigen la multiplicación de iniciativas parciales y temporales sino exactamente lo contrario. La responsabilidad de los empresarios consiste en saber que sus coberturas de riesgo, el cambiario incluso, deben ser provistas por ellos mismos.
Hay instrumentos dentro y fuera de fronteras como para tornar casi criminal esa práctica abusiva de pedirle al gobierno protección «para asegurar el trabajo nacional», cuando ellos mismos no están dispuestos a pagar un costo mínimo para cubrir técnicamente el riesgo cambiario o ensayar el uso de instrumentos de finanzas estructuradas disponibles para mejorar sus presupuestos y el financiamiento de la inversión. *
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