La discusión norteamericana
Nouriel Roubini, un joven economista de la Universidad de Nueva York, está congregando la atención de la elite económica norteamericana, con su perspectiva de desastre planetario: Roubini observa con pesimismo y confronta fuertemente la reiteración del condescendiente discurso oficial.
Con matices Bernanke y Paulson, presidente de la FED y secretario del tesoro respectivamente, coinciden en que la regulación de la nueva situación no sólo es posible sino que en lo esencial, hasta el viernes al menos, está en línea con el programa de suave ajuste a niveles de equilibrio de largo plazo. De hecho, el fuerte ajuste fiscal y la corrección de los riesgos inflacionarios son exponente de la pericia con la cual el centro logra manejar sus crisis sin los desastres corrientes en la periferia. Roubini sostiene que ya nada se puede hacer para impedir la recesión del próximo año y «un aterrizaje brusco del mundo». El catalizador de esa reacción inevitable es la precipitación de la industria inmobiliaria en un país cuyos consumidores han aumentado sus gastos y multiplicado su endeudamiento utilizando el capital inmobiliario sobrevalorizado como un cajero automático. Lo han hecho, sostiene, con precios del petróleo y tasas de interés elevadas. EEUU y el mundo dice Roubini- se enfrentan a un escenario de sobreoferta que a diferencia de lo que sucedió en 2000 no comprende ahora a bienes tecnológicos sino de vivienda y bienes de consumo durables.
«En la práctica sostiene Roubini- si hay sobreoferta hay que manejarla, y en la práctica las tasas de interés no importan.» Eso, de hecho, descarta la esperanza principal que tiene el gobierno: la de utilizar la tasa de interés. En un artículo escrito a solicitud del FMI, Roubini recuerda: no esperen mucho de Asia y Europa: «cuando EEUU estornuda el mundo se resfría». Y agrega una advertencia hecha a la medida para ser tenida en cuenta en estas latitudes: «…y además, muchos países tienen pocas posibilidades de aplicar una política expansiva en caso de desaceleración, en vista de las presiones inflacionarias o las restricciones fiscales, y algunos también tienen sus propias desaceleraciones inmobiliarias…» *
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