El país asegura la oferta primaria para la demanda de procesamiento industrial
La agropecuaria tiene una incidencia menor en la formación del producto pero, su incidencia para la formación del crecimiento del PBI en los doce meses finalizados en junio pasado fue sólo del 0,3% en un crecimiento global del producto interno bruto del 7,2%. El gran responsable del crecimiento es la industria manufacturera, pero su comportamiento está determinado por ese excepcional entorno que tiene la producción agroindustrial en un marco de satisfactoria comprensión de los productores agropecuarios de la perspectiva de mercados y, en tanto, con respuestas muy significativas desde la oferta agraria.
De otra manera, la excepcional contribución de la industria al crecimiento del PBI en los últimos años es función de una provisión de materia prima que satisfaga dicha dinámica de procesamiento.
El agro como tal ha venido creciendo en el entorno del 3% para el año finalizado en junio pasado, pero en ese segundo trimestre del año, el crecimiento parece estirarse hacia porcentajes anualizados del entorno del 5%.
Importa señalar que en la matriz, en la cual se mide el valor agregado de la producción nacional y agropecuaria particularmente, la ponderación de sectores productivos que recientemente han incrementado mucho la generación de valor agregado, está subvaluada, dado lo cual puede pensarse que la contribución de la base agraria a la creación de valor global es bastante mayor a la actual.
Si bien permanecen inalteradas todas las variables condicionantes del desempeño agropecuario e, incluso, el clima ha corregido en el tiempo necesario los riesgos de sequía, la continuidad del crecimiento en los sectores de mayor sensibilidad al estímulo de mercado y políticas públicas es siempre una variable de atención.
Estimulantes números de la agricultura
Si se concretara en realidad la estimación de intención de siembra de cultivos de invierno que maneja la Dirección de Investigaciones y Estadísticas Agropecuarias, el país estaría ampliando su frontera agrícola de invierno a las 372.000 hectáreas, un 46% de lo sembrado en el otoño-invierno de 2005. Hace prácticamente diez años que no se sembraba tanto trigo en Uruguay y además de los buenos resultados previos la expectativa de precios en alza ampliamente satisfecha a la fecha al menos es la determinante del aumento de inversión en el cultivo.
La cebada habría aumentado su área sembrada en prácticamente un 70% en relación a lo sembrado en 2005. De hecho, promediando octubre, se ha confirmado que el país dispondrá de un amplio excedente exportable de trigo y cebada, con lo que se aventarían los temores que produjo las siembras tardías y la afectación de la sequía de setiembre.
Aun restan seis u ocho semanas para que el grano comience a ingresar en los depósitos pese a lo cual nada hace temer por esos resultados tan prometedores para las finanzas sectoriales y las cuentas nacionales.
Cultivos de verano, optimismo temprano
Quizás sea aún un poco temprano para confirmar la estimación, también temprana de DIEA respecto a la intención de siembra de los cultivos de verano. Empero, de confirmarse las estimaciones, la renovada expansión del área sojera estaría cubriendo unas 325.000 hectáreas, algo más de los dos tercios del área total de siembra de verano estimada a la fecha. Estas aproximadamente 450.000 hectáreas compondrían una siembra levemente superior (3%) al área sembrada a finales de 2005. De confirmarse estas intenciones de siembre se ampliaría mucho la disponibilidad forrajera maíz y sorgo confirmándose el desinterés que ha ganado a los productores para sembrar girasol, cultivo afectado en las últimas tres zafras por problemas sanitarios.
La ganadería, picos sustentables
Los datos de la ganadería siguen mostrando lo que, probablemente, sea el mejor momento de la historia sectorial incluyendo las perspectivas de rentabilidad y riesgo.
La semana pasada el Plan Agropecuario dio a conocer los datos del comportamiento de las empresas ganaderas al cierre del ejercicio agrícola 2005/2006, a junio pasado. La ganadería ha superado las dificultades de la crisis y en términos de producción básica se ha reencontrado con sus mejores indicadores de producción con una tecnología de manejo y vínculos más sólidos con los mercados. De cualquier manera importa consignar que aún se observa una notoria lejanía entre los niveles de inversión en mejoramientos necesario para sustentar el fuerte crecimiento de la ganadería y la ampliación de la inversión para el procesamiento agroindustrial de los picos de producción primaria.
Es interesante observar como la producción ganadera que comparte con la producción de carne bovina, ha logrado seguir de cerca la recomposición de la producción bovina.
La carne ovina y la lana, rubros expuestos en los últimos años a situaciones de mercado no siempre favorables parecen encontrar también su lugar en el crecimiento global de la oferta primaria. Por último, la lechería ha estado expuesta últimamente a un conjunto de variables inciertas entre las cuales se destaca la afectación diferencial que tiene un sector de utilización intensiva de recursos, mano de obra en particular, el aumento de los costos laborales y del combustible. *
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