LA CONFIANZA EN TIEMPOS DE AGRESION Y BLOQUEO

Aguardando conocer el plan de contingencia, luego de la delegación de soberanía en la región

Los hechos son relativamente conocidos en los ámbitos oficiales: Uruguay fue bloqueado regionalmente para tentar esa negociación con los EEUU e, internamente, los equipos de presidencia, el MEF y otros Ministerios que se preparaban para iniciar una negociación de visos militares recibieron el 26 de setiembre la orden de desmontar las estructuras de negociación.

Cuando se necesario informaremos los detalles porque ellos también componen la explicación de porque sucedió lo que sucedió y sus inferencias de futuro: la impúdica argumentación de Amorin (Celso) en Canoas, extrañamente aceptada en silencio por los profesionales que acompañaban al presidente Vázquez en la solicitud formal de la dispensa regional. O, entre otras perlas del mismo collar, el paternal consejo de Lula al presidente uruguayo pidiéndole consideración con una campaña electoral que ya entonces exponía los riesgos que llevaron a la segunda vuelta. Internamente, los hechos fueron aún más impúdicos aunque de menor gravitación en la adopción de la decisión final. De cualquier manera los lectores deberían comprender el desasosiego que produce advertir esa conjunción de bloqueos precipitándose sobre una presidencia ostensiblemente frágil, progresivamente aislada y expuesta a tener que continuar adoptando decisiones de riesgo  al estilo de la de Punta Calas el 9 de agosto pasado- sin garantías de ningún tipo.

Efectivamente, Uruguay está aceptando condicionamientos muy caros sin contrapartidas claras. O, al menos, no es clara la estrategia que el gobierno asume luego de renunciar a la previa, más compleja y arriesgada pero que hasta el 26 de setiembre era absolutamente clara. Ahora Uruguay se ha recogido en una región llena de problemas asumiendo todos sus riesgos y, eventualmente, algunas oportunidades. Es notorio que Uruguay ha delegado una porción muy significativa de soberanía en la región. De ahora en más, una parte importante del relacionamiento externo de este país depende de ese extraño juego que se triangula entre las corporaciones paulistas, Itamarati y la residencia de Olivos.

 

Otros datos

Empero, esa es una parte de la historia, sustancial y decisiva para muchos de nosotros, pero necesariamente incompleta. También hay buenas noticias y ellas imponen, al menos, una respetuosa observación de la política.

Las decisiones de la COPOM afirman la garantía de un regulador afecto a enfrentar los riesgos inflacionarios que sobrevendrán inevitablemente. Hay buenas noticias en el área de la ocupación y pudieran neutralizarse en el corto plazo algunas agresiones que estaba sufriendo el resto de la institucionalidad nacional. Las autoridades parecen aliviadas de haber podido evitar sin grandes costos inmediatos avanzar frente a un desafío que, ostensiblemente, excedía sus posibilidades y para el cual este país no esté preparado. Obviamente, ese escenario no estaba disponible.

 

De ahora en más

Pero aceptar la realidad no implica abochornarse en ella. Realmente proveer de sustentabilidad al modelo de estabilidad, crecimiento y compensación social con ciertas seguridades requiere generar garantías acerca de que el bloqueo externo que padece el Uruguay está en vías de solución. Si ello no sucediera, rápidamente la confianza en la sustentabilidad del programa será afectada. El gobierno debe saber que sus decisiones, aún reconociendo la realidad, han generado una expectativa muy fuerte respecto a cuál es el plan alternativo de política comercial y exterior. Volver a confiar en la buena voluntad de los socios mayores es una posibilidad tan irreal como la que se acaba de descartar renunciando al TLC con los EEUU. Los uruguayos no aceptarían, luego de acompañar a su gobierno en la región, recibir más agresiones o, simplemente, tener que dilatar la obtención de garantías formales sobre el cumplimiento de los contratos en sus extremos absolutos. Los aportes de la nueva teoría cepalina a la mejora del regionalismo no están disponibles para el MERCOSUR luego de la advertencia disciplinaria al Uruguay en su intento de incursionar en un bilateralismo externo contributivo a la afirmación del bloque.

El presidente Vázquez y sus equipos deben saber que luego de la renuncia al TLC, la ciudadanía aguarda garantías y cronogramas alternativos. Si volviéramos a la pedigüeña reivindicación del enano gritón como única opción, apelando a Fondos de compensación impresentables o adhesiones a legislativos regionales muy cuestionados cuando ni siquiera funcionan los tribunales arbitrales o la comisión de comercio, sería una temeridad cara e incomprensible. Ahora este país va a ensayar una estrategia tan o más riesgosa que la que acaba de abandonar. Necesitamos saber como piensa la presidencia exigir las reciprocidades concretas de la cesión de soberanía que ha decidido volcar en la región.

Y no hay mucho tiempo para que esas garantías básicas sean provistas con el fundamento y la responsabilidad que tiene la presidencia frente al delicado estado del frente externo. *

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