LA TIERRA EN SUS MAXIMOS PRECIOS HISTORICOS

La fuerte capitalización de la renta agropecuaria está expuesta a variables de política sectorial

tilizando una base de datos conformada por la Dirección de Investigaciones y Estadísticas del Ministerio con fuente en los registros de operaciones reales, el ministro mostró el desarrollo del mercado que en los últimos cinco años y medio ha acumulado un volumen de transferencias superior a los tres millones doscientos mil hectáreas, aproximadamente un 20% de la tierra apta para la producción en el país.

El crecimiento de las transferencias ha sido ininterrumpido con aumentos considerables que parecen disminuir levemente en los dos últimos años.

Pese a lo cual puede estimarse que al cierre de 2006, la estacionalidad del mercado y sus registros pudiera generar un nuevo récord de ventas anuales o, al menos, mantener el nivel de transferencias en esas casi 700.000 hectáreas verificadas en 2005.

 

Precio e intensividad

La otra variable relevante es el precio al cual ha llegado la hectárea de tierra en Uruguay. El promedio del período es de U$S 622 sin que en la información proporcionada se indique si ese valor de precios está siendo corregido por DIEA en función de la productividad de las superficies comercializadas.

De cualquier manera puede estimarse que la serie de precios indica una evolución real del mercado y, sobre todo, su tendencia a la valorización continua.

El precio promedio de las 321.215 hectáreas transferidas en el primer semestre de 2006 es de U$S 1.086 dólares por hectárea.

En la información proporcionada hay una explicación del precio realizada por Opypa sobre datos de transferencias intervenidas por el Instituto Nacional de Colonización para superficies mayores a las 1.000 hectáreas que intenta cuantificar el impacto de la inversión forestal en la formación del precio medio de la hectárea.

Pese a las dificultades para conciliar las series conformadas a partir de fuentes y correctores diferentes, la evolución de los precios de las tierras afectadas a usos forestales y agropecuarios tradicionales no parece tener sesgos dramáticos.

Dicho de otra manera, la capitalización de la rentabilidad agropecuaria en sus activos relevantes, la tierra en particular, es uniforme y, refleja adecuadamente la realidad de un mercado del cual hasta la actualidad, el Estado ha mantenido las reglas de juego y una prescindencia digna de ser anotada en la calificación de las políticas públicas y sus vinculaciones con la realidad.

De allí que la intervención del responsable de la política forestal del Ministerio fuera un poco menos expresiva de lo que estaba esperando el atento auditorio del viernes.

A través de «cuatro o cinco Decretos» la Dirección Forestal del MGAP ha comenzado una política de intervención mayor en el intento de ordenar desde el Estado los destinos y usos de la inversión en tierras.

Si ello se complementa con una expectativa de cambios generada por los borradores conocidos de la Reforma Tributaria en discusión y la virtual eliminación de las sociedades anónimas de inversión en tenencia o uso de la tierra, pudiera inferirse que de ahora en más el MGAP y el MEF más, probablemente, algún otro ministerio estén enfrentados a opciones difíciles de política.

En términos teóricos, el incremento del precio de la tierra está asociado no solamente a una mejora de las garantías para el financiamiento de la inversión productiva sino que es una condición del aumento del uso intensivo del recurso.

Empero, las dificultades esbozadas por el ministro Mujica el viernes son expresivas respecto a la permanencia de las reglas de juego que en gran parte han propiciado el exitoso desempeño agroindustrial del último período. *

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