EL RIESGO NO ES UNA ABSTRACCION

Disminuir la ambición reformista y concentrarse en el frente externo

Uruguay continúa recorriendo una salida pos crisis muy difícil y en la cual, las obligaciones naturales de gobierno de izquierda le han agregado desde 2005 exigencias de amparo social más fuertes que las que contenía el diseño original de la salida, cuatro años atrás. Afortunadamente este delicado encuentro entre el reestablecimiento de la estabilidad financiera y monetaria con equilibrio externo y la mayor atención a la deuda social se ha podido venir haciendo en un entorno que la economía uruguaya no disfrutó desde principios de la década de los setenta.

La exigibilidad social en Uruguay es más imperativa que en el resto de América Latina. Está arraigada en la cultura misma de una sociedad que no le permitiría a un gobierno de izquierda realizar lo que el presidente Lula pudo hacer durante su primera presidencia en Brasil: tomar el paquete de las dos deudas y reprogramarlo a mediano y largo plazo de tal manera que la izquierda pudiera gobernar con tranquilidad extrema en el presente y mejorar sus fragilidad de manera sustantiva colocando el «riesgo país» en un lugar preferencial para un país en vías de desarrollo.

En tanto, Lula accederá a su segunda presidencia en óptimas condiciones para continuar realizando una experiencia de modernización que va a deparar noticias de mucho impacto el próximo año, para la región y para el mundo entero.

 

Los costos de la  insatisfacción

Uruguay en cambio tiene tres millones y medio de habitantes que abrevan cotidianamente en la política de una y otra manera. Su educación media está íntimamente vinculada a esa estructura cultural que exige distribución social, que es adversa a las reformas de mercado y que no puede, en tanto, entender ni defender las acciones más delicadas de su gobierno en esta línea. Sencillamente la gente no tiene códigos suficientes para comprender la acción de su gobierno.

La comunicación de éste puede mejorar esa insatisfacción creciente que genera tal contradicción pero no puede eliminarla. Le juego de la política conoce esto y apela con una fenomenal inmadurez a utilizar esa insatisfacción. En este marco, más allá de las mayorías formales, hemos venido entendiendo que el gobierno carece de mayorías propias para aplicar su programa en toda su línea de coherencia y amplia ambición de cambio.

En las próximas dos semanas, el gobierno deberá votar a tapas cerradas la primera y suficientemente mediatizada reforma «estructural», la tributaria, exponiéndose a una confrontación natural con la oposición, que le va a quitar capacidad de operar con ella en un frente más urgente y delicado: el de la política internacional en el cual, obviamente, nada serio puede ensayarse utilizando las mayorías circunstanciales de una administración.

 

Otro escenario

Así están las cosas, las Reformas no pueden avanzar ni es conveniente que este gobierno insista en pagar costos de la naturaleza que está pagando para obtener pirricos resultados. El gobierno debe rever su estrategia de relacionamiento y disminuir los objetivos que se planteo imaginando mayorías que no disponía, en una región que imaginaba afable.

El entorno excepcional que ha disfrutado la salida de la crisis del 2002 toca a su fin. Las fuentes externas del crecimiento ya no son las mismas ni lo serán y la recomposición de la demanda interna no va a seguir produciéndose a las tasas que lo venía haciendo.

Vendría bien reconocer que el bloqueo regional está instalado y no se limita a bloquear la captación de inversión en las plantas.

Por si fuera poco desde el lunes pasado han aparecido dudas serias sobre la continuidad de la estrategia en materia de política externa anunciada por el presidente tan sólo cuarenta días atrás en Punta Cala.

 

Barajar de nuevo

Los problemas del riesgo vuelven a plantearse frente a un país sin márgenes para manejarlos. El gobierno tiene que entender que el entorno económico y político ya no es el mismo y debe corregir parte importante de su estrategia sin que ello suponga defecciones o exposición de debilidades extremas.

Un poco menos de amplitud y exigibilidad reformista; más concentración y creatividad en la política internacional y comercial; más afirmación de la institucionalidad plena, comprendiendo las alianzas, son condiciones imprescindibles para poder avanzar en la inclusión social mejorando lo que se pueda sin cambiar el rumbo. Naturalmente que en esa hoja de rutas hay prioridades inmediatas, casi todas las cuales parecen concentrarse en torno a la gestión de política internacional y comercial del Estado. *

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