"La gente del campo no es llorona pero la situación es totalmente caótica"
Eduardo Silveira – Melo
En un extenso diálogo con nuestro matutino hizo referencia a la situación por la cual atraviesa el campo y la calificó como «caótica» y no duda en referirse a las recientes apreciaciones del presidente Jorge Batlle como algo «incoherente». Por otra parte niega que la gente del campo sea «llorona» a la vez de no duda que un foco de aftosa en Uruguay sería como poner «un elefante en un bazar».
–¿Cómo definiría la actual situación del sector agropecuario?
–Sin duda la situación es caótica, a esta altura es una enfermedad terminal. Ahora el tema es más grave porque tocó también al comercio y la industria. Todos sabemos que el 83 por ciento de las exportaciones del país son agroindustriales.
–¿Qué comentario le merece las expresiones y la actitud del presidente Batlle sobre los reclamos del agro?
–Creo que es una incoherencia. Lo escuché al doctor Batlle emocionado en su discurso de asunción, cargado de humanismo. Nadie le puede negar que ha hecho un gran esfuerzo para unir a la familia oriental en temas en los que de por medio hay muertos y torturados. Ha reclamado un estado de alma, entonces es una incoherencia que él, porque discrepa con lo que dice Symonds, no le dé la mano o se enoje. El enojo al fin de cuentas es el resultado de la impotencia por no tener soluciones para aportar a la discusión.
–El propio mandatario ha reiterado el concepto bastante extendido de que el sector agropecuario nunca está conforme. ¿Qué opinión tiene sobre esta definición?
–El sistema político y fundamentalmente Montevideo, que tiene mentalidad urbana, se ha encargado de trasladarlo al resto de la vida nacional.
La gente de campo tiene fama de llorona, creo que es un término absolutamente injusto, porque el campo ha echado sobre sus hombros todo el trabajo nacional. Si bien todos trabajamos en este país, es indudable que el sector agropecuario es la columna vertebral de la economía uruguaya. Como decía la proclama, si a la OPP le reclamamos la misma eficiencia que se le reclama al campo, cuánta gente se quedaría sin empleo, empezando por Davrieux. Entonces, ¿a quién le reclaman eficiencia? Lo que pasa es que la ineficiencia por el tamaño de un estado que la clase política llevó a estos parámetros no puede ser trasladada al campo. No puede ser la cabeza más grande que el cuerpo.
La revolución campera
–Parecería que al sector agropecuario le queda poco margen de maniobra en lo que tiene que ver con los reclamos si tomamos como referencia la instancia de abril del año pasado. ¿Se agotaron las instancias de protesta?
–Comparativamente a la jornada del 13 de abril de un año atrás, aquella en la que el campo fue a plantear a la mitad de sus hermanos que viven en Montevideo, su preocupación y su situación en una clara radiografía de lo que estaba sucediendo, todas las convocatorias posteriores van a resultar chicas.
Estoy seguro que si la de la Plaza de los Charrúas hubiera sido la primera, todo el mundo la habría calificado como una muy buena reunión, sobre todo teniendo en cuenta la desesperación, casi agónica, económica, donde 100 pesos le significan a uno quedarse en la casa sin poder participar ni militar en esta reconstrucción del país. Creo que hay un amplio campo de maniobra, por ejemplo los cabildos abiertos. Todas las revoluciones que han existido las hizo el campo. Desde las artiguistas hasta las revoluciones de Aparicio Saravia. Esta revolución no será con lanzas ni ametralladoras sino pacífica, donde los esquemas del país también serán canalizados por el campo.
–Pero cualquier solución inmediata, como las que se reclaman insistentemente, dependerán inexorablemente del sistema político.
–El sistema político tendrá que oír. Al fin de cuentas los políticos son los vecinos que nosotros, los ciudadanos, designamos para que nos gobiernen eficientemente. Tienen una responsabilidad con la gente.
Además no nos olvidemos que por ejemplo en el lanzamiento de su candidatura en Florida el actual Presidente de la República hizo un discurso comprometido con el sector agropecuario. Esta situación van a tener que arreglarla o arreglarla, porque el campo no aguanta más. Admito que el Presidente y el ministro de Ganadería le digan al país que no tienen plata, pero que ellos admitan también que los productores no tienen dinero y por eso no van a pagar. Todas las intendencias han elaborado casi un regalo para las cuentas atrasadas, sin embargo muy poca gente ha pagado y no es porque no lo quiera hacer o porque los productores se pusieran de acuerdo, sino porque la situación real es que no tienen con que pagar.
–A toda esta crisis hay que agregarle el riesgo de la aftosa con focos próximos a nuestro país. ¿Qué incidencia tedría el eventual ingreso de la enfermedad?
–Sería una dinamita, un elefante en el medio de un bazar.
Entiendo que todo el mundo está en una situación económica muy precaria y que es difícil pedirle a alguien que vive del contrabando que pare de ingresar pollos o cerdos. La frontera está controlada pero sobre todo hay que acudir a la conciencia de la gente. Un foco de aftosa en el país sería llover sobre mojado, algo parecido al dicho: «Eramos pocos y parió la abuela».
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