Con la atención en las expectativas, el gobierno intentará mejorar el "riesgo institucional" que afecta al mercado
Hasta ahora, la evolución de esta prospectiva venía siendo más optimista que la del propio gobierno. De hecho, la estimación de corrección al alza de la meta de crecimiento -del 4.6% al 5% para 2006- que celebrara el viernes, Marco Piñon, el jefe de la delegación del FMI, ya había sido adelantada desde hace varios meses en dicha encuesta e incluso, en la de julio, las respuestas más frecuentes elevaron dicha estimación al 5.20%. Algo similar ha venido sucediendo con el resto de las variables. En materia monetaria, fiscal y aun de tipo de cambio, las estimaciones del sector privado son más optimistas que las del propio gobierno. La interrogante es si ese estado de optimismo se ha mantenido después de estas difíciles últimas semanas. Ahora el foco del riesgo se ha desplazado hacia la percepción de cómo evolucionará un programa económico que tiene una base sistémica que no es fácil de negociar permanentemente en márgenes relativamente amplios, tal cual está sucediendo. Esta especulación sobre los nuevos riesgos de la sustentabilidad trabaja específicamente sobre los problemas de la institucionalidad. El mercado sabe que la acción conjunta del BCU y el MEF en sus tareas específicas pueden manejar el riesgo inflacionario; sabe que el equipo puede organizar los equilibrios externos y de hecho, aguarda para las próximas horas una emisión en pesos indexados destinada al mercado de deuda soberana. Pero eso no alcanza. El jueves pasado un diputado oficialista le confió a un periodista de la Separata su certeza en cuanto a que la Reforma Tributaria no va a ser aprobada en setiembre. Esa especulación sobre el «riesgo institucional» complica mucho la prospectiva obligatoria en la cual trabaja la economía y cuya esencia parece olvidar reiteradamente la mayoría de un gobierno muy inclinado al «ejecutivismo» tal cual lo definiera el Informe de Coyuntura del Instituto de Ciencias Políticas. De allí que esa visión enterada de la perspectiva pudiera ser corregida y explicitada en esa encuesta cuyos resultados conoceremos mañana.
La interpelación a la capacidad de conciliar
Parte de esa especulación se concentrará en cómo el gobierno ha de sintetizar esos dos encuentros con la oposición que se realizaran entre mañana lunes y el martes con el tema de la política comercial y la reinserción externa del país sobre la mesa. Si la precipitada convocatoria a las fuerzas políticas para «brindar la información disponible» no sale bien, el gobierno habrá perdido una oportunidad preciosa de avanzar hacia la política de Estado, factor que determina lo esencial de la capacidad negociadora de Uruguay. Entonces, el martes no alcanzará con la identidad forzada que los dos Ministros más importantes en la materia intentarán presentar. El martes, cuando se esté desarrollando la interpelación a Astori y Gargano, el Canciller chileno Alejandro Foxley y el mítico organizador de las relaciones económicas chilena Carlos Furche, rodeados de una amplia delegación de parlamentarios, empresarios y trabajadores estarán aterrizando en Lima para ampliar el acuerdo comercial actual (ACE) en una perspectiva de inicio formal de un TLC simplificado al extremo por el que los dos países poseen con EEUU. En ese escenario dinamizado al extremo Chile estaría solicitando su integración formal a la CAN. «Viene a visitarnos la sociedad chilena comentó Belaúnde, el canciller peruano.»
…y además sobreendeudamiento y referéndum
La difícil situación institucional del gobierno enfrentado a una sospecha sobre el estancamiento del proceso reformista pudiera complicarse aún más si en la perspectiva de esa eventual conciliación para la negociación de «Estado» en política comercial no se despeja rápidamente el riesgo de un regreso a la discusión sobre una solución genérica del endeudamiento agropecuario o, la eventualidad que prospere un plebiscito previo a la negociación del acuerdo comercial con los EEUU. Esos temas estarán planteados en la semana y complementarán esa matriz en la cual el gobierno se juega parte importante de la credibilidad de su programa. Luego de las formas y el tiempo que ha insumido la discusión de la reforma tributaria, el oficialismo se ha quedado sin tiempo y ahora deberá intentar llegar a tiempo para votar la reforma sin que deba apelar a nuevas dispensas con el FMI, y la DGI, pueda reglamentar y organizar la vigencia de los nuevos impuestos a partir del primero de enero próximo. Se teme que esa exigencia de calendario genere más rispideces en las relaciones intrapartidarias y una dificultad aún mayor para el objetivo conciliador que comenzará a privilegiar el gobierno esta semana. *
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