LA CLAVE ESTA EN LO QUE NOS PIDEN A CAMBIO DEL INGRESO DE NUESTROS PRODUCTOS A SU MERCADO

"No quiero un TLC"

Esto no es una casualidad: probablemente esta circunstancia crítica del Mercosur justifica el inusitado interés norteamericano por un tratado bilateral con nuestro país. Sin embargo, a la hora de evaluar lo que está en juego, es necesario comprender que la opción por el Mercosur no es estática, no se refiere a una forma fija de una vez y para siempre de institucionalidad regional; o sea que lo que se elige no es este Mercosur que hoy tenemos, sino la oportunidad de participar en la construcción de la herramienta integradora más poderosa creada desde la independencia. Herramienta que se construirá igual sin nosotros, pero que sólo incorporará nuestros intereses en la medida de nuestro compromiso con ella.

La otra alternativa es un tratado bilateral con los EEUU.

El problema no es cómo se llama ese tratado, y además me parece poco significativo analizar un tratado por los beneficios que nos reportaría. Eso es bueno para una campaña de propaganda, pero no para un análisis. Cualquier tratado nos va a dar beneficios, y cualquier beneficio que nos de un tratado será siempre bienvenido. La cuestión es que en cualquier tratado ambas partes se dan beneficios en sus respectivos mercados en detrimento de sus propias recaudaciones y los intereses de sus propias empresas. Lo que hace bueno o malo un tratado es si lo que se gana en el acceso al mercado del otro es igual, menos o más de lo que se pierde por el acceso del otro al mercado de uno.

La clave de un acuerdo comercial con los EEUU está en lo que nos piden a cambio del ingreso de nuestros productos a su mercado, y no en la cantidad, los precios, o los volúmenes de esos productos que podríamos colocar allá.

Está claro qué es lo que nos piden: que no podamos dirigir hacia las empresas uruguayas las compras de nuestro estado; que no podamos trabajar en agricultura, medicina, genética e informática sin pagar los derechos a las empresas norteamericanas que tienen registradas patentes por los medicamentos genéricos, las semillas mejoradas, el software, etc., en la forma que los EEUU consideran justa; y que no podamos mantener el monopolio de nuestras empresas públicas en el área de las telecomunicaciones, distribución eléctrica, etc.

Algunas preguntas entonces:

¿Es posible un Uruguay productivo que garantice el acceso a los bienes y servicios a todos los orientales sin las empresas públicas?

¿Es posible un Uruguay productivo con micro, pequeñas y medianas empresas sin el acceso de éstas al mercado de compras del estado?

¿Es posible un Uruguay productivo sin industria farmacéutica nacional, sin investigación y tecnología nacional aplicadas a nuestra producción agropecuaria?

¿Hay algún defensor de un tratado que nos exige estas contrapartidas que se anime a describir y defender ese hipotético Uruguay productivo y sus consecuencias para el trabajo nacional, por ejemplo, en un Plenario Nacional del Frente Amplio?

Hay preguntas que se contestan solas.

La opción real es el Mercosur, la negociación colectiva con los países centrales, la pelea adentro para que se respeten nuestros derechos a recibir inversiones, y a firmar los tratados bilaterales que nos den el comercio que las economías grandes de la región no nos pueden garantizar.

Y con EEUU las mejores relaciones posibles, y, porqué no, los mejores tratados posibles, pero sin entregar los recursos escasos, y las esperanzas que aún abundan. *

(*) Representante Nacional por Montevideo,Nuevo Espacio, Frente Amplio

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje