Gobierno y oposición se aprestan a definirse frente al aumento del riesgo real
A las calificadoras internacionales de riesgo les cuesta ponderar en sus matrices, la dimensión de los riesgos que economías pequeñas afrontan en relación a la velocidad con la cual se vienen produciendo cambios muy relevantes, tanto en el entorno como en el interior de los países analizados.
Es natural y esta afirmación no supone en si una descalificación de dichas empresas. Es preciso que yo haga esta precisión en la medida que se conoce mi vinculación con la calificadora nacional. Las tres calificadoras internacionales registradas más la japonesa R&I, la cual hace unos días le agregara un plus a la nota con la cual califica la capacidad que tendría Uruguay de pagar el residual de la emisión de bonos Samurai, realizan un juicio prospectivo sobre los riesgos de infinitas unidades, países y empresas que en el planeta emiten instrumentos de deuda o acciones.
La metodología de calificación es, en tanto, necesariamente global y ninguna de ellas admite la profundización necesaria en la evaluación acerca de cómo, factores de orden cultural muy delicados como la calidad y desarrollo del juego político, van a impactar en la estabilidad de estos países; tanto en lo que refiere a la sustentabilidad de la capacidad de pago de su deuda externa como en otras variables también vinculadas al riesgo soberano.1 Importa la salvedad dado que, efectivamente,
Uruguay viene logrando éxitos importantes en esos casilleros dónde se ubican los factores de riesgo usualmente ponderados por los calificadores internacionales y que, probablemente, en las próximas semanas determinen up-grad positivos que acerquen al país al investment grade o grado de inversión de riesgo acotado que Uruguay perdiera en febrero de 2002.
Obsérvese la fecha porque ella es sustantiva para entender la base de reflexión de esta columna. Esa recalificación positiva que tendrá el riesgo soberano de Uruguay en las próximas semanas, al igual que la celebración con la cual el FMI recibió el jueves el adelanto del pago realizado por Uruguay, no pueden transformarse en instrumentos publicitarios que desdibujen el rápido desmejoramiento que ha venido sufriendo en los últimos meses, justamente, el riesgo soberano del país, pero ahora evaluado desde una visión endógena. La que, por definición, determina las conductas financieras de las familias o inversores institucionales residentes en el país. Lo que suceda con aquellas calificaciones importa y mucho. Serán la lectura que automáticamente define las opciones de inversión de los grandes fondos de pensión y los bancos sometidos a regulaciones que condicionan inversión según Nota y que en su escala planetaria no tienen porque reparar en demasía en el desvío que pudiera tener la calificación del pequeño Uruguay con su realidad intestina.
Eso está bien en esa escala y para esa práctica de diversificación del riesgo que tiene la inversión de portafolios con pantallas de inversión abiertas en dos o tres mil renglones cuyas notas y valores cambian diariamente. Esos aumentos próximos de la nota, como la celebración del FMI, permitirán a este gobierno continuar ganando un poco de tiempo y estabilidad sobre la cual, intentar lo más difícil: ir mejorando la sustentabilidad estructural del crecimiento, del bienestar social y, eventualmente, su propia sustentabilidad. Es más: la aproximación al investment grade va a ser motivo de satisfacción y celebración por todo el espectro de organizaciones incluyendo cámaras empresariales, sindicatos y partidos políticos.
Eso mejorara el clima interno, se expandirá como aliciente para radicar inversión externa directa y contribuirá a que la estabilidad de precios pueda seguir siendo la base del aumento del impactante aumento del ingreso de los hogares que el INE informará el jueves pasado.
Esta cuenta no cierra
El problema es que esa perspectiva de recalificación positiva que Uruguay se está ganando en el concierto internacional desde la pos crisis del 2002 y que este gobierno viene administrando relativamente bien, no esta siendo conciliable en esos up-dates (2) que cotidianamente califican el estado de la confianza interna.
Todos nosotros hacemos esos up-dates cotidianamente, expuestos como estamos a una visión muy atenta de cómo se conforma la viabilidad real de este país en el mediano largo plazo. Ese, vale indicarlo, es el plazo sobre el cual se realiza la calificación internacional del riesgo soberano.
En la visión endógena de ese riesgo las notas siguen siendo muy malas. No hay indicador alguno sobre el cual pudiera mejorar una calificación del riesgo soberano uruguayo si ese ejercicio debiera ser realizado y expuesto desde una matriz de conformación nacional. Las notas en dicho caso no serían B o B+ o las equivalentes de Moody´s, Fitch, S&P o R&I. Serían las que concilian con el riesgo que perciben los agentes internos más informados, el que también vale señalarlo, poco tiene que ver con las «Expectativas» que miden el cumplimiento de las metas programa para un horizonte anual.
Esas Notas no surgirían naturalmente de una matriz construida para contribuir a diversificar el riesgo universal de la inversión de los portafolios mundiales. Serian las notas que miden el riesgo relativo que tiene la inversión de las familias y los inversores institucionales con un grado de libertad de inversión en ambos casos- muy acotada.
Esa Nota no sería un CCC próxima al default pero tampoco sería la de un B en progresión hacia un BBB. Se correspondería con un grado intermedio que es el que hoy explica la estructura y flujos de los depósitos en los bancos y la inversión de los fondos provisionales.
Seria una nota disuasoria de la inversión e inductora a acelerar la exportación del excedente que acumula el crecimiento.
El gran casillero: una respuesta de Estado
La permanencia de esta «esquizofrenia del riesgo soberano» como bien podría ser denominada, atosiga al gobierno pese a que su discurso intente paliarla con el trasvasamiento a la calificación interna de aquellos up-grade celebratorios.
El problema consiste en que la realidad se empeña en exigirle al gobierno y al sistema político en su conjunto respuestas de mayor impacto sobre esos factores que ponderan tanto en el mantenimiento del elevado riesgo «interno».
Esas respuestas no están al alcance de políticas activas corrientes que puede ejercitar un gobierno de partido. Dicho de otro modo: no es posible que este gobierno o cualquier otro que no sea de unidad nacional pueda superar el bloqueo formal que
Uruguay tiene en una región en la cual no hay ningún afecto o afinidad «ideológica» capaz de enfrentar una agresión de impacto probablemente más dañina a la de cualquier invasión militar disciplinante a ese país «hermano» que se cansó de su condición de enano gritón y hoy acepta inteligentemente vincularse con el mundo entero ofreciendo su única riqueza real: su predisposición a abrirse a la migración de IED de calidad rompiendo con el tutelaje del puerto y la frontera histórica.
Hay, sin embargo, otros casilleros en los cuales residen factores de riesgo de elevada ponderación real que tampoco pueden ser mejorados sin ese giro obligatorio que gobierno y oposición se deben para hacer las cosas desde una estatura de Estado. n
1 ¿Cómo ponderar, por ejemplo, el factor K en una matriz del riesgo argentino?
2 Revisiones regulares o no de la calificación.
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