El acceso digital discrimina y dinamiza la migración a la ciudad
Al explorar algunas de las causas que vuelven tan rígidos los niveles de desempleo, es necesario considerar el desajuste entre la oferta y la demanda en el mercado de trabajo, o sea la diferencia entre las capacidades ofrecidas por los trabajadores y las requeridas por las empresas. Al respecto interesa poner en consideración algunas dinámicas que condicionan las capacidades de nuestros recursos humanos para adaptarse a los cambios en las cadenas de valor y la tecnificación de los modos de producción. Cotejar algunas de las redundantes letanías sobre las que descansan ciertas visiones del «país productivo» con algunas tendencias generales, puede ayudarnos a la comprensión de ciertas inercias estructurales que frenan el impulso hacia el desarrollo.
Algunas dinámicas demográficas
Según las últimas cifras, ya publicadas por LA REPUBLICA, de la Encuesta Continua de Hogares Ampliada (ECHA) que releva el Instituto Nacional de Estadística, la población del país asentada en el campo continúa descendiendo. Este proceso se verifica desde hace varias décadas, y el INE ubica en 266.289 el número de personas habitando en el medio rural, lo que representa un 8% de la población total del país.
Mientras la economía crece y la producción agropecuaria alcanza niveles récord, el campo continúa vaciándose y su gente iniciando el largo y muchas veces incierto periplo de la urbanidad. A nivel mundial también se verifica un constante proceso de migración campo-ciudad, fundamentalmente en economías en crecimiento.
A pesar de que los indicadores revelan una mejoría relativa de las condiciones de vida de la población rural, el mismo fenómeno se verifica en Uruguay.
La brecha digital determina el nivel de capacidades de los recursos humanos
Si referimos el análisis a la tenencia y acceso a las últimas tecnologías las tendencias se confirman, acentúan y marcan la profundidad de la «brecha digital», esto es la distancia entre quienes tienen acceso a las nuevas tecnologías y quienes no.
Más allá del confort y el status y del sentido de realización que la posesión de estos artefactos significan para quienes pueden comprarlos, estos datos están indicando el rezago, el «analfabetismo digital», ya que la gran mayoría de quienes no poseen estos equipamientos carecen de los conocimientos para utilizarlos. Si tenemos en cuenta que la demanda de trabajo se orienta cada vez más hacia puestos de trabajo donde los requerimientos son cada vez más exigentes en materia tecnológica (incluso de la cadena agroproductiva) estar de un lado y otro de esta muralla tecnológica, determina las posibilidades de acceso al mercado de trabajo. En particular para aquellas tareas que suponen una mínima especialización. La brecha digital entonces, tiene su impacto en el desajuste que se observa entre oferta y demanda del mercado de trabajo, y explica parte de la rigidez en la tasa de desempleo. Estos datos alertan sobre severas constricciones en la formación de los recursos humanos, y sugiere pistas nuevas para las políticas de empleo y educación. *
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