SIN AVANCES Y EN ESCENARIOS NUEVOS

Quizás sea la hora de anteponer la estabilidad al conflicto reformista

Además, no hay el más mínimo acuerdo sobre la reforma de la carta orgánica del Banco Central que se estancará en el senado, el proyecto de Ley de Concursos y reestructura empresarial ya está fuera de la discusión de esta legislatura y la reforma de las cajas es un fenomenal problema en ciernes. El tiempo va pasando y, obviamente, las resistencias a las reformas son mayores a las ponderadas o alguien se equivocó en la estrategia. Esto era previsible en una contienda que nunca estuvo planteada entre un gobierno con mayorías amplias y «los otros», sino entre sectores de interés vinculado o no con la esencia del proyecto transformador y que, nunca estuvieron alineados claramente en el partido autodenominado del progresismo o en el sospechoso resto de la comunidad política. En tanto, suponer que las fuerzas motrices impulsoras del proyecto formal de cambio se alinearían como mayorías concientemente disciplinadas dentro de una organización dueña de mayorías formales era, de nuevo, una extensión académica del infantilismo de izquierda.

 

Pilares debilitados

Este gobierno no tiene un programa partidario que lo oriente en sus funciones de administración y reforma estructural. Más allá de la coincidencias sobre dos o tres principios básicos: soberanía, justicia, inclusión, el programa macerado durante decenios por la izquierda no sirve para un gobierno que debe reformar relaciones de mercado. El programa de confrontación de este gobierno no es ni puede ser aquel en el que se ha educado y organizado la izquierda. La columna vertebral del programa está constituida por el intento de generar condiciones de desarrollo funcionales con el modo de producción dominante en el mundo. En ese sentido están orientadas las reformas que son – vuelvo a intentar que se entienda- la columna vertebral en la actual estrategia. Esas reformas son reformas de mercado. No hay forma de eludir el término y menos la realidad. El problema es que el aprendizaje y aceptación ciudadana de tal elementalismo tiene sus tiempos. Y esos tiempos no se están compadeciendo en absoluto con el cronograma del programa. O sea, la columna vertebral de la arquitectura reformista tiene un diseño que no se puede manosear demasiado. Si los contenidos del diseño original o el cronograma se subvierten en demasía, esa columna inevitablemente se debilita o se fractura. Esto tiene una perspectiva sobre la cual trabajamos todos, con más o menos instrumentos o intuición. De esa perspectiva, todos extraemos insumos para corregir las conductas personales, sean de sobrevivencia o de especulación como ejercicio natural. Por ejemplo, alentamos o no el regreso o la ida de los hijos, decidimos si vale la pena ahorrar, invertir o gastar. No sólo los dineros sino, sobre todo, la propia vida.

 

Pensar de nuevo

En las últimas semanas se han venido consolidando algunas realidades que hasta hace poco eran meras insinuaciones. La gestión de la estabilización y el principio de las reformas se ha adentrado ya en un entorno de riesgo que nada tiene que ver con el de marzo de 2005: el nuevo escenario tiene variables que han pasado de las amenazas al daño efectivo: la progresión del costo de oportunidad del dinero sobre el piso del cinco por ciento y el petróleo a setenta dólares. A nivel planetario, las dos variables discriminan y Uruguay tiene respecto a ellas debilidades singulares. Pese a China, los precios de los commodities agroalimentarios han dejado de crecer y algunos de ellos presentan tendencia a al caída, como el de los lácteos por ejemplo. Ello supone un aumento del costo de mantener la economía estabilizada y en tanto, supone, que el cronograma de ejecución de las reformas se acota. Este gobierno no tiene dificultades fiscales, pero este gobierno ha tenido una estrategia de contingencias bien diferente a la que le permite a Brasil aproximarse al investment grade dos meses antes de las elecciones en un escenario lleno de agresividad externa e interna. Uruguay está en otra cosa. Afortunadamente las encuestas revelan que, aún, el mercado confían en la fortaleza de las instituciones sobre las cuales reposa la estabilidad: aún no hay señales de desconfianza sobre la capacidad de los reguladores financieros y monetarios. La encuesta de expectativas de inflación cuyos resultados se conocieran el viernes, revela sobre todas las cosas, confianza en la capacidad y la autonomía institucional del BCU para mantener la inflación controlada en el mediano plazo. Esto tiene una enorme significación pero, en aquel escenario de tiempos comprimidos y exigencias mayores, no alcanza.

 

Alternativas

El problema ahora es qué hacer con la otra vertiente del programa, más difícil y peor entendida aún que la estabilización. Si el Poder Ejecutivo no está en condiciones de operar para que la fuerza motriz de esas reformas se potencie, entonces el gobierno debe optar por ajustar su estrategia. En ese caso quizás valga sincerar las dificultades y aceptar que es difícil vencer resistencias culturales en una sociedad con problemas muy serios de integración republicana. Es probable que ahora el programa reformista deba disminuir sus metas aún más a los efectos de disminuir los riesgos de fracasos sucesivos. En esta opción, quizás, pudiera afirmarse la estabilización y reconstruirse la estrategia reformista. La estabilidad no es un activo perpetuo. Hay que cuidarlo, explicarlo y usarlo culturalmente. En tanto necesita más inversión, más perspectiva y más garantías. Es loable en este sentido el propósito de extender los plazos del programa monetario y el cronograma de la pauta oficial para los aumentos de salarios en la negociaron colectiva de doce a dieciocho meses. Pero obviamente no alcanza. Aceptada la variante, el gobierno puede solicitar y obtener los créditos necesarios para ir mejorando, con aspiraciones más modestas la sustentabilidad del programa básico. Pero para ello son necesarios algunos prerrequisitos también elementales, entre ellos.

a.- voluntad explicita de ampliar realmente la fuerza motriz impulsora de esas reformas estructurales, de mercado. Ello implica, necesariamente, la recreación del plan político y las alianzas del gobierno.

b.- una política de Estado capaz de rediscutir el stand by con el FMI de agosto de 2004 en oportunidad de la quinta revisión del programa, en setiembre próximo.

c.- una solución considerada y comprensiva sin h en este caso, del relacionamiento externo del país, capaz de despejar lo más irritativo de la dual política actual.

d.- un programa de inclusión mas potente, capaz de tranquilizar al país y desactivar las operaciones de desestabilización que pudieran ensayarse de aquí en más. *

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