Las expectativas privadas confirman los riesgos de desestabilización
En mayo, la inflación mensual había sido del 0.63%, registro muy determinado por el incremento de los precios del combustible. Las expectativas de corto plazo, mensuales en particular, han vuelto a ajustarse y los resultados están cerrando con una aproximación considerable a lo que en los primeros días de cada mes informa el Instituto Nacional de Estadística.
La encuesta publicada ayer por el Banco Central confirma los temores que el Banco viene explicitando en los últimos meses y que ha obligado a que el regulador comunique que en el resto del año, seguramente, la política monetaria tendrá un sesgo contractivo. Esta es, además, una de las principales inquietudes que para el equipo del Fondo Monetario que realizó la tercera revisión del programa se desprende de la visión de la aplicación del programa comprometido. La persistencia del elevado precio del petróleo, la probabilidad de que se produzca un aumento de los costos salariales sin contrapartida de un aumento de la productividad y la escasa capacidad ociosa que tiene ya la economía son los factores que figuran en la matriz de riesgos que maneja la autoridad monetaria.
La confirmación del riesgo inflacionario en este período es particularmente importante, dada la reanudación de la negociación colectiva y los umbrales de la discusión del proyecto de rendición de cuentas. Ambas instancias van a ser utilizadas por los diferentes sectores que tienen sus ingresos comprometidos en moneda nacional no reajustable, para intentar -tal cual hacen los empresarios en la elaboración de sus costos futuros- compensar la eventual pérdida de ingreso real que se derivaría de una conformación de las nuevas expectativas. Indirectamente, una rápida progresión de la reforma de la carta orgánica del BCU que afirmara la autonomía y capacidad que tendrá el Banco Central para manejar su política monetaria pudiera atenuar esta especulación con los desequilibrios futuros. *
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