EL MERCOSUR NO FRACASO, LO QUE FRACASO ES SU ORIENTACION COMERCIAL Y NO INTEGRADORA

Cuesta Duarte: "Antes que un TLC debe discutirse primero cuál es la estrategia de inserción internacional del país"

El trabajo que ha sido realizado por los técnicos del Instituto Cuesta Duarte si bien no toma partido por el tema, plantea la cuestión respondiendo a afirmaciones que se escuchan a diario por parte de defensores y propulsores del TLC así como profundiza en aspectos que actualmente no se discuten, al menos públicamente.

El documento comienza por advertir a los dirigentes sindicales que » la importancia del tema requiere una discusión en profundidad, en la cual los partidarios del acuerdo (el equipo económico de gobierno) proporcionen un análisis detallado de los argumentos a favor del acuerdo que alimenten una discusión seria del tema y que permitan la difusión. En particular, debe evitarse la repetición de lo sucedido con el Acuerdo de Protección Recíproca de las Inversiones, decisiones tan importantes para el país deben ser parte de una estrategia de desarrollo»

Con respecto al tan manido argumento que sostiene la conveniencia del acuerdo porque «Estados Unidos es nuestro principal socio comercial» el análisis se pregunta: «¿Es esa una razón suficiente para plantear un acuerdo? Pero surge aún otro cuestionamiento previo: ¿alcanza con ser el principal socio comercial un año o dos o debería evaluarse la sustentabilidad del mercado?, ¿es más importante un mercado porque nos compra mucho dinero de un solo producto que otro país que nos compra menos dinero pero en forma más diversificada? » .

Reconocen que «es claro que Estados Unidos ha sido nuestro principal cliente en 2005, pero es claro también que ello se asocia en forma muy pronunciada a las compras de productos cárnicos». Se recuerda que «coyunturalmente» están fuera del mismo Brasil (aftosa) y Canadá (vaca loca), pero «¿hasta cuándo?, su reingreso a los mercados ¿cómo afectaran las ventas al mercado norteamericano?» . Advierten también que, «con los problemas mencionados de oferta se abren nuevos mercados con precios muy interesantes ¿debemos apostar a un solo mercado?».

 

La estrategia

Más adelante afirman que «debe discutirse primero cuál es la estrategia de inserción internacional que debe perseguir el país y en función de la misma evaluar si el acuerdo es o no consistente con esos objetivos.

Eso implica como mínimo tener claro qué se pretende obtener en el acuerdo, teniendo en claro que el mismo implicará otorgar importantes concesiones a Estados Unidos. ¿Se pretende mejorar el acceso al mercado para los productos del sector cárnico? ,¿en que otros sectores Uruguay podría tener oportunidades? ,a cambio Uruguay cedería en temas en los que viene peleando a nivel multilateral junto a otros países subdesarrollados ¿aceptará los subsidios agrícolas? (no es razonable pensar que EEUU los elimine sólo para negociar con Uruguay) ,¿aceptará aumentar las exigencias en propiedad intelectual? ¿otorgará las ventajas solicitadas en compras gubernamentales y comercio de servicios? ¿aceptará nuevas restricciones a la posibilidad de desarrollar una política industrial?».

 

¿Qué Mercosur tendremos luego de ese acuerdo?

«Algunos partidarios del acuerdo han dado a entender que el mismo no es incompatible con el Mercosur. Para apoyar esta posición se menciona la autorización que se obtuvo para negociar el acuerdo con México. Esta posición merece algunas aclaraciones que nos parecen fundamentales:

NO es compatible un acuerdo bilateral de libre comercio con una Unión Aduanera. El tema no es -como se ha dado a entender- una cuestión de voluntad política de los restantes socios. Si un socio tiene un acuerdo de este tipo y los restantes no, está perforando la política comercial común y, por tanto, hace imprescindible la existencia de las reglas de origen y la existencia de este tipo de normas es incompatible con una Unión Aduanera.

El caso del acuerdo con México difiere en, por lo menos, dos aspectos trascendentales respecto al acuerdo con EEUU. Por un lado, Uruguay ya tenía un acuerdo previo con este . Por otro lado, el resto de los países del Mercosur apuntaban a firmar un acuerdo de este tipo con dicho país. En síntesis, la bilateralidad se veía como transitoria (hasta tanto todo el Mercosur firmara un acuerdo de libre comercio con México) y simplemente como una profundización de un acuerdo ya existente.

 

¿Fracasó el Mercosur ?

«De tanto repetirlo el gobierno y la prensa, no parece quedar lugar a dudas. De todas formas, es por lo menos llamativo que en tan sólo poco más de un año el gobierno cambiara tan radicalmente su percepción sobre el bloque. Todo hace pensar que en este «sentimiento» está jugando un importante papel la «crisis de las papeleras». ¿Es correcto que por un conflicto coyuntural se cuestione un proceso de largo plazo?

También llama la atención ante tan «notorio fracaso» la escasez de trabajos de investigación que aporten luz al respecto. Los procesos de integración al intensificar los intercambios y abrir la producción interna a la competencia de los socios está siempre asociada al surgimiento de conflictos comerciales. Por esa misma razón, todo acuerdo de este tipo incluye un mecanismo de solución de controversias. Como se ha sostenido en la literatura sobre integración: un buen acuerdo no es aquél que no genera conflictos entre los países sino aquél que los soluciona de la mejor manera. Sin embargo, el imaginario de la población parece asociar el acuerdo a una situación ideal de cero conflicto. Eso no es así en el Mercosur , pero tampoco lo es en el NAFTA, ni en la OMC, ni en el «referente» de la Unión Europea (baste mirar lo que sucede actualmente con las «inversiones extranjeras» y la adquisición de empresas consideradas estratégicas).

Cabe entonces preguntarse, ¿los problemas comerciales con los socios han sido tantos como para concluir que se está ante una situación excepcional en la historia de este tipo de acuerdos?. El arroz con Brasil, las bicicletas con Argentina, … ¿cuántos casos más? ¿o más bien repetición durante años de estos mismos conflictos?. Esta diferencia es importante, pues de ser esta la situación lo que se refleja es que no está funcionando adecuadamente el mecanismo de solución de controversias. En ese caso, el mejor camino parece pasar por el fortalecimiento de la institucionalidad.

Otro argumento que se ha manejado respecto al fracaso del Mercosur refiere a la reducción de las exportaciones a nuestros socios o al déficit comercial que el país registra con el bloque. Nuevamente el análisis es, por lo menos, poco riguroso. En principio, se debería intentar distinguir los efectos coyunturales (asociados a la fuerte crisis que experimentó la región) de aquellos de largo plazo. En segundo lugar, debería plantearse en forma clara cuales son los objetivos comerciales perseguidos en el Mercosur ¿importa el saldo comercial o el contenido de nuestras exportaciones? ¿debemos preocuparnos por venderle carne y arroz a nuestros socios? ¿o por venderles aquellos productos de mayor valor agregado en los que enfrentamos mayores dificultades para ingresar a otros mercados?

Finaliza destacando que para entender el interés de Estados Unidos en este acuerdo no basta con la lógica comercial (aunque la ampliemos más allá de los bienes), el mercado uruguayo por si sólo no justifica una negociación de este tipo. Por tanto, en este caso deberá analizarse la estrategia de la política externa de EEUU. Es más, la selección de los países «privilegiados» para negociar estos acuerdos obedece a distintos factores (basta observar la lista de TLC suscritos), y en el caso de Uruguay parece estar directamente relacionado con la ruptura del Mercosur . *

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