El BCU está preocupado por la inflación y mantendrá una política monetaria muy cautelosa
La oportunidad de los datos contribuye a distender una situación que venía complicándose en los últimos días, en los cuales se habían producido sucesivas caídas de la cotización del dólar sin que el Banco Central, como hiciera reiteradamente desde noviembre pasado, comprara moneda norteamericana en el mercado spot. La caída de la cotización del dólar, cercana al 1% en mayo, coincidió con una manifiesta contracción de cuatro o cinco puntos porcentuales de la base monetaria y una fuerte iliquidez identificada en los dos últimos días del mes por tasas call del 15% y el 30% que no se observaban en los últimos años. En ese marco de caída de la cotización nominal del dólar, de aumento de las tasas y un aumento del riesgo inflacionario ampliado por los riesgos globales se venía produciendo una situación en la cual el Banco Central comenzaba a ser observado como un responsable de la depresión del nivel de actividad. Ayer esta situación fue descomprimida de alguna manera por el incremento del dólar y un aumento de la liquidez, conjuntamente con lo informado inicialmente: la confirmación de que un tipo de cambio funcional con las necesidades de la exportación y su comprobación en ese récord histórico de los registros de ventas externas para abril.
Problemas con los pesos en los picos de demanda
Empero, es ostensible que el Banco Central tiene problemas para asegurarle al mercado que podrá mantener la inflación a raya si ésta se disparara como la gente ha comenzado a temer en los últimos días. Ayer, en una conversación con periodistas, el presidente del Banco Central, Walter Cancela, explicaba que, sucesivamente, la autoridad monetaria se ha visto sorprendida por el aumento de la demanda de pesos, la que ha obligado a realizar cambios, tanto en las metas como en la información del programa monetario. Esta, ahora está dotada de mayor flexibilidad y apunta a seguir una meta de inflación a largo plazo con una expansión de la base monetaria que para los próximos doce meses oscila en el 25% en términos tendenciales. Hasta abril esta expansión era bastante mayor, superior al 30% y allí comenzó el BCU a temer que los nuevos riesgos inflacionarios, sobre todo el energético, pudieran ser multiplicados por una abundancia de pesos mayor a la necesaria. De tal manera el BCU comenzó a reducir la cantidad de dinero asumiendo los riesgos de que se produjeran picos de desencuentro fuerte entre la oferta y demanda de pesos.
Eso fue lo que sucedió en estos últimos días del mes, entre otras razones por la existencia de problemas en la estructura y la gestión financiera de los bancos en el manejo de su disponibilidad de pesos para abastecer la demanda. *
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