Uruguay comenzó a internalizar los nuevos riesgos del entorno, caen los precios y aumentan las tasas
Hasta ayer Uruguay venía diferenciándose de la desconfianza e incertidumbre que sobrevuelan los mercados centrales y periféricos a partir de las dificultades que explicita la Reserva Federal norteamericana para mantener la estabilidad sin afectar el crecimiento de la economía estadounidense. Ayer, sin embargo, la divulgación realizada por el Departamento de Trabajo de los EEUU del indicador de la inflación minorista de abril, superior al del mes pasado y al esperado por el mercado en los sondeos previos, reactivó la cadena del riesgo comprendiendo ahora plenamente al mercado uruguayo.
En la mañana de ayer se conoció que el índice de precios minorista de los EEUU correspondiente al mes de abril se había elevado un 0,6% en el caso de la canasta que integra los precios de la alimentación y la energía más volátiles que el resto o 0,3% en el caso del indicador de inflación más «estructural» exceptuado de aquellos dos rubros de mayor variabilidad. En ambos casos, el registro es mayor al del mes pasado y en ambos también, los números oficiales exceden la expectativa del mercado. Este desfasaje entre lo esperado y lo real en materia inflacionaria se ha venido reiterando en términos no usuales en la economía norteamericana y está vinculado con cambios potentes en las características del modo de producción norteamericano, y la incapacidad de la economía de ir creciendo equilibradamente en términos de competitividad global. Los problemas de la institucionalidad no son menores en esta situación: el mercado sospecha de las dificultades que tiene la Reserva Federal para mantener, ahora con una nueva presidencia y en su natural relación conflictiva con el ejecutivo norteamericano tanto el diagnóstico preciso de lo que está sucediendo, como la independencia y fortaleza de la política monetaria.
Un poco más acá de esa discusión, la realidad es que la FED no logra que los precios internos se mantengan en un andarivel programado que tiene como tope el 2% anual, medido por el indicador «estructural». Esta sospecha afecta toda la inversión en renta fija, complica la previsión de los flujos de ahorro, inversión y se traslada al ámbito cambiario, sobre todo. Si a ello se le agrega la explosiva tendencia del precio del petróleo, la estabilidad de la principal economía del mundo comienza a complicarse y esa perspectiva se multiplica naturalmente en la periferia. Brasil venía sufriendo los impactos del riesgo activado el miércoles 10. Uruguay, en cambio, por diferentes razones, parecía haberse desprendido de su vínculo corriente con la evolución del riesgo Brasil. Ayer, sin embargo, los precios de los bonos soberanos comenzaron a descender en los mercados internacionales y las tasas de retorno de los grandes bonos de concentración se elevó fuertemente, para aumentar más aún cuando las bolsas locales abrieron su operativa sin encontrar tomadores para una generalizada oferta de bonos. El riesgo país se elevó a los 243 puntos básicos. Probablemente lo de ayer haya sido un pico transitorio de un riesgo multiplicado por la propia vulnerabilidad de las cuentas externas de un país que está saliendo con dificultades y desconfianzas considerables de la crisis financiera y de deuda. Empero, lo de ayer fue un indicador más de los problemas que supondrá para el gobierno avanzar en su programa de reformas y cambios en un marco de estabilidad imprescindible. *
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