Los espesos problemas de la convergencia hacia el TLC
Mientras nosotros especulamos con lo deseable y lo posible en materia de política comercial e internacional, un conjunto de negociadores irá haciendo las cosas que hay que hacer. El problema es que dado el calendario disponible y la estrategia política que ha elegido el gobierno para avanzar, algunos tendrán los códigos necesarios para interpretar las señales y otros deberán aceptar el progresivo autoritarismo de la gestión. Los uruguayos estamos en demasiadas cosas para aproximarnos siquiera a los fundamentos de porque hay que hacer lo que vamos a hacer. En realidad, la presidencia ha asumido en el acierto o el error el liderazgo que exige la emergencia y ello supone que unos avancen delante de otros en un terreno minado.
El impulso y los frenos
Uruguay no está en condiciones técnicas ni políticas para tener un proyecto de partida y una meta definida capaz de orientar la acción del equipo que en doscientos días y no más, debe completar un proyecto, con las formalidades exigidas en este tipo de acuerdos. Más allá de la abstracción de los programas colgados de varias web del gobierno y la fuerza política que lo sustenta, en realidad, nadie tiene muy claro cual es, realmente, el camino para extraer a este país del riesgo de la insolvencia; más allá de la contundencia de las presentaciones oficiales, el gobierno sabe esto y lo admite imponiéndose una estrategia que más que seleccionar y definir políticas activas de promoción de lo que no sabe, intenta mantener la estabilidad e ir, en paralelo, creando condiciones más aptas para que los individuos y organizaciones puedan, o no, crear condiciones de desarrollo sustancialmente diferentes a las que existen actualmente en este país. Esa realidad está el fondo de la argumentación de quienes se oponen a negociar un TLC con los EEUU. Uruguay carece de políticas activas de desarrollo, al menos carece de políticas de desarrollo activas, de formatos y textos antiguos. La población ha sido educada con esos textos y discursos y, en tanto, la operación que ha emprendido el gobierno se enfrentará a una oposición lógica y robusta. Mayoritariamente, además, los uruguayos desconfían del mercado y no tienen razón para entusiasmarse cuando desde las elites se subestima la razón y, con cierta simpleza, se invita a la población a estrechar carnalmente el relacionamiento con el «mayor mercado del mundo».
El juego interno de los beneficios
Las mismas elites le temen a la rigidez contractual de un acuerdo en el cual pudiera suceder que determinados grupos de poder, empresariales pero también sindicales asociados a ellos naturalmente, encuentren en ese TLC una oportunidad más suculenta que la que se le presenta al resto de los ciudadanos. Uruguay tiene un Estado gordo, carísimo y de una fenomenal ineficiencia a la hora de afrontar soluciones a problemas delicados que afectan a todos los ciudadanos. Peor aún, ese Estado es fuerte en su capacidad de articular la gracia del poder con el interés de una enormidad de empresas y organizaciones que sólo subsisten sobre la base de subsidios, transferencias, impudicias y regulaciones antidiluvianas. En tanto, es legítimo pensar que una sociedad representada por un Estado sospechoso que la invita a zambullirse en las disciplinas de un mercado ampliado, sea una sociedad propensa a mirar con recelo y lejanía la negociación en ciernes. Hay, además, demasiada historia en este caso y esa historia no puede ser ignorada. En suma; tenemos inexistencia de objetivos razonables y compartidos de especialización productiva capaces de orientar la negociación y utilizarla desde un interés ciudadano neutralizando la multiplicación probable de las prácticas clientelísticas. Luego tenemos, adversión mayoritaria de la población al mercado y sus disciplinas; a lo cual se le suman, ineficiencia y riesgo en la capacidad de negociación de un Estado primitivo; etcétera. Demasiadas restricciones y riesgo para imaginar que en doscientos días, Uruguay estaría en condiciones de hacer lo que Chile hizo en nueve años con miles de negociadores oficiales de un Estado que sabe lo que quiere.. Demasiadas, comparadas con las que tuvo Colombia para hacer en tres años y con quinientos negociadores el TLC con los EEUU que firmó conjuntamente con Perú en febrero pasado. Demasiadas, comparadas incluso con la aventura emprendida por Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y República Dominicana, países que a partir de marzo pasado están en condiciones de recepcionar la IED necesaria para explotar el potencial de desarrollo de países que desde el principio tienen prácticamente el cien por ciento de los productos industriales que sean capaces de producir con acceso libre y arancel cero a los EEUU.1
Audacia y pragmatismo
La decena de autoridades, incluyendo al presidente Vázquez, que han asumido la responsabilidad de liderar con expresiva fuerza una salida de esta naturaleza han tomado un riesgo elevado en representación del país. Es demasiado evidente que ese riesgo ha sido considerado como un riesgo menor frente al que pudiera significar descartar el TLC. Eso es difícil de explicar en una columna pero quizás alcance informar que Colombia con eliminación inmediata de las restricciones de acceso a productos alimentarios muy similares a los que coloca Uruguay en el mercado norteamericano pudiera ser un competidor impensado en pocos meses más. Más vale no imaginar una hipótesis de acuerdo que pudiera ser obtenida por Brasil en los diversos escenarios sobre los cuales se especializa en trabajar Itamaraty. Esos equipos saben perfectamente porque Uruguay no tiene una alternativa opuesta al TLC. Independientemente de lo cual, es probable que, descartada la disponibilidad de una ampliación del comercio lograda a la vera de la negociación en la OMC, el gobierno maneje alguna hipótesis complementaria o funcional con una negociación del TLC, más pragmática, verificada en un lapso mayor y alejada de la responsabilidad de tener que adoptar decisiones lindantes con el autoritarismo extremo, sin completar el tratamiento legislativo de las Reformas y un mejor relacionamiento con el resto del espectro político. *
1 Costa Rica es el único país del conjunto Cafta-RD que aún no ha internalizado el TLC con los EEUU.
HIPOTESIS DE PARTIDA
* 1) UY y EEUU logran llegar a diciembre con un proyecto pasible de ingresar en la agenda del Congreso estadounidense en condiciones de ser tratado con las facilidades de un TPA antes del 12/07/2007.
* 2) UY y EEUU no llegan a diciembre con un proyecto formal de TLC, pero al tiempo de continuar negociándolo, crean condiciones y señales suficientes capaces de dinamizar las corrientes de IED y la disminución del riesgo país. Con referencia al plan de concesiones de acceso y liberalización al término de Doha para los rubros significativos, Uruguay logra la eliminación de algunas barreras fitosanitarias para rubros menores: citrus, arándalos, etcétera.
* 3) El gobierno es bloqueado regional e internamente para avanzar en la dirección de las dos hipótesis previas.
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