Impresión positiva sobre lo logrado y expectativas por la negociación interna

Los empresarios y técnicos en comercio exterior consultados ayer por LA REPUBLICA coincidían en un análisis muy positivo sobre la finalización de las gestiones presidenciales en México y EEUU. «Se ha puesto en marcha un mecanismo que, inevitablemente, conducirá al país a negociar un tratado de comercio ambicioso con los EEUU», concluía un negociador comercial de extensa experiencia en la materia. Estas opiniones partían de un diagnóstico de oportunidades que el gobierno uruguayo habría incorporado sin dificultades, y cuya inercia llevaría a un TLC formal cuyo proyecto debería estar pronto antes de junio del próximo año. El calendario de las reformas es prioridad que determinaría que el gobierno no apresurara precisiones sobre los objetivos concretos a los cuales se aspira a llegar en la negociación comercial formal que se inicia con los EEUU. De cualquier manera, en los círculos enterados se sabe que avanzar realmente en el comercio y sostener los eventuales éxitos de la negociación en el largo plazo sólo es posible si se obtiene un marco jurídico formal. Más allá de los matices que se observaron en la negociación del Tratado de Protección de Inversiones, es obvio que EEUU ni ningún país tiene un formato de tratado según la idiosincrasia de sus contrapartes. En el caso de EEUU, Chile y Perú son países singularmente diferentes y han negociado desde ángulos, y necesidades distintas. Sin embargo, la mera lectura de los temarios de ambos Tratados permite saber cuáles son los capítulos comunes y obligatorios de este tipo de acuerdos bilaterales.

 

Consultas y negociación nacional

En cuanto arribe al país el presidente Vázquez iniciaría una ronda de explicaciones y consultas a los líderes políticos en la búsqueda de ir aportándole a la estrategia internacional la estatura de la primera política de Estado de la actual administración. El gobierno intentará resolver este requisito de una política externa de elevado riesgo. La intención que ya fuera adelantada por el Presidente en una de las entrevistas con la prensa, previas a la reunión de ayer, era aguardada con cierta expectativa por técnicos que ayer le confiaban a LA REPUBLICA, las dificultades que tendrá el gobierno para ejecutar esa ampliación del comercio resuelta y comunicada ayer desde Washington. Esa mención de dificultades no alude sólo a las derivaciones políticas de una aproximación de este tipo sino a la necesidad de contar con la participación activa de profesionales del resto de las colectividades, los que más allá de sus relaciones contractuales o de dependencia con el gobierno van a participar de una u otra manera en el proceso si, además de lo que se les pide desde las estructuras del gobierno, participan en el proceso con el acuerdo y el estímulo de los partidos a los que pertenecen. Uno de los problemas derivados de la estrategia delineada finalmente en el día de ayer consiste en la endeblez de los equipos negociadores con que cuenta el Estado. Esta estructura deberá ahora dividirse entre la atención de los temas corrientes exigidos por la pertenencia al Mercosur, la negociación en el tramo final de la ronda de Doha y la integración en varios grupos de trabajo conjuntos que comenzarán a actuar de inmediato hacia la reunión formal de la Comisión Mixta con los EEUU en octubre próximo. *

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