LA FORMA DE CRECER RAPIDO ES PROTEGIENDO EN ALGUNA MEDIDA EL MERCADO

Stiglitz sostuvo que la desigualdad aumentó en Uruguay con la liberalización comercial

Joseph Stiglitz arremete contra algunos postulados que hoy parece estar fuera de discusión en círculos empresariales y políticos basados en el muy viejo argumento de David Ricardo que sostuvo que las ganancias del comercio superan las pérdidas.

Fair Trade for all se titula la última obra de Stiglitz, escrita con Andrew Charlton investigador de London School of Economics.

La base de la argumentación de la obra radica en apoyar los postulados de los países pobres en la Ronda de Doha según comenta el economista Robert Reich y publica Clarín.

«Los países pobres tienen razón, para ellos sería mejor ir gradualmente hacia la liberalización, cada uno según sus circunstancias» señalan los autores que advierten que las hipótesis económicas tradicionales que defienden e impulsan los organismos internacionales y que los sectores más enriquecidos de los países pobres apoyan a ultranza, «son incorrectas».

El razonamiento es muy claro y sensato. Cuando los mercados, por ej. en el Africa o en América Latina se abren, suele ocurrir que la gente no puede pasarse fácilmente a nuevas industrias en la que el país tiene ventajas competitivas. A ello debe agregarse que viven en países donde el acceso al crédito o a los seguros son muy difíciles y por ello la mayoría no puede aprovechar las oportunidades que el comercio podría abrir. Sostiene Stiglitz que el ritmo en el cual los países pobres abren sus mercados debe coincidir con el desarrollo de nuevas instituciones que faciliten esas transacciones y generen oportunidades reales.

 

El fracaso de Uruguay, Chile, etc

Si faltan esas instituciones, dicen los autores, el comercio por sí mismo puede hacer más mal que bien y afirman que la desigualdad aumentó con la liberalización del comercio en Uruguay, Argentina, Chile, Colombia, y Costa Rica. Es más, afirman que a 10 años del inicio del Nafta, los salarios reales de México son menores que antes y han aumentado la pobreza y la desigualdad y que muchos de los puestos industriales que se abrieron en México al comienzo del TLC con EEUU se perdieron después a manos de China, en parte porque China invirtió fuertemente en educación e infraestructura, mientras que México, sin ingresos arancelarios, no pudo afrontar esos gastos.

 

Diferentes trajes

Stiglitz y Charlton sostienen también que todos los países en desarrollo que lograron un crecimiento rápido, protegieron en alguna medida su mercado hasta estar preparados para desmantelar sus barreras comerciales.

Pero también precisan que no hay un traje que le cuadre a todos, una creencia que los tecnócratas que pululan en los organismos internacionales y en los gobiernos no logran entender. «Los países ricos no deben obligar a todos los países pobres a someterse a las mismas reglas de apertura de mercados ya que tienen diferentes necesidades y estadios de desarrollo así como distintas capacidades políticas e institucionales.

 

Haz lo que digo

pero no lo que hago… Para el Premio Nobel los países ricos deben realizar sus propias reformas, no deberían seguir protegiendo a sus productores textiles, subsidiando a sus agricultores, protegiendo sus industrias marítimas y de la construcción o imponiendo multas a los países pobres con el argumento que hacen dumping.

En la década de los 90 el tristemente célebre Consenso de Washington, un acuerdo entre el FMI, el Banco Mundial, y el Ministerio de Economía de EEUU decidió que la mejor manera de que los países en desarrollo crecieran era que bajaran rápidamente sus barreras comerciales y desregularan sus mercados.

Los resultados de esa receta están a la vista: la brecha entre países pobre y ricos continua ampliándose. La nueva propuesta fue la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio, pero, las rigideces e intransigencias de los países ricos impidieron iniciar un camino para corregir el actual desequilibrio. Los países pobres piensan que los más ricos siguen ofreciéndoles un acuerdo injusto. Stiglitz y Charlton piensan que tienen razón y que hay que apelar a procesos graduales, respetando las particularidades de cada uno. *

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