El mayor riesgo actual de la ganadería no proviene de la sequía sino de la modificación de las políticas
La sequía está en proceso y a la fecha no se sabe cuál va a ser su daño final, pero a pesar de su gravitante y dañina incidencia, son más peligrosas las insinuaciones de modificaciones del marco de políticas que cada tanto se recrean que ese evento climático. El negocio ganadero, desde las modificaciones sustanciales a las políticas sectoriales de comienzos de los noventa, se ha transformado en la ganadería más competitiva del mundo, esencialmente entre los exportadores. Incluso más que Brasil que hoy por hoy goza de un gran prestigio por su dinamismo, pero así y todo, es menos dinámica que la uruguaya. Esta fortaleza depende de un marco de políticas que no ha hecho otra cosa que posibilitar la manifestación de las extraordinarias condiciones que para el rubro hay en Uruguay: productores aptos, con tradición en el rubro, recursos naturales y clima, adecuados, un sector industrial, con tradición exportadora, que demostró estar a la altura de las exigencias el día que se despertó una verdadera explosión productiva.
La fortaleza de la ganadería
Aún no conocemos el daño que producirá la sequía. Pese a lo cual es posible señalar dos cosas: la ganadería hoy es mucho más dinámica y tiene mayor capacidad de respuesta que la estática ganadería de los ochenta. En segundo lugar, es importante tener en cuenta que la situación actual de la ganadería uruguaya, la sitúa en materia de precios, por encima de los niveles en Argentina y Brasil, algo que no se verificaba normalmente en el pasado, esencialmente con Argentina; ello implica que la apertura del comercio es un «piso» sensiblemente más bajo que en el pasado, cuando la apertura significó un incremento de precios en casi todas las categorías; en este caso, significaría un descenso.
De cualquiera manera no parecería que la situación sea promedialmente crítica. En cambio, si lo es a nivel de productores individuales e incluso de regiones. Pero desde el punto de vista de las políticas públicas, lo que se puede o más bien se debe hacer, es asegurar las mejores condiciones para el comercio interno y externo; no interferir en la actividad económica y no permitir que otros interfieran en la actividad comercial; tanto en las exportaciones como en las importaciones. En el caso de las importaciones, que nuestro decadente pensamiento mercantilista, tiende a considerar un hecho perverso, deben ser defendidas por los ganaderos con tanta firmeza como lo hicieron con las exportaciones de ganado en pie. Hoy el comercio desde Argentina, puede ser un factor mitigante de las dificultades por las que atraviese el rubro, vía el establecimiento de precios de los granos y derivados suficientemente bajos. En ese sentido los piqueteros argentinos -o uruguayos, si se diera el caso que los transportistas nacionales se plantean, según la prensa-, son factores adversos que deben ser condenados. A los pequeños productores, hay que buscar la forma de facilitarle el acceso a los recursos financieros para adquirir la ración, sin caer en los disparates del pasado de plantearse que el propio Ministerio de Ganadería debiera transformarse en comerciante de granos -a costa de toda la sociedad, porque seguramente esas raciones resultaron más caras que si no se hubiera llevado adelante tan trasnochada intervención.
Perspectivas
El futuro se muestra complejo, porque va a producir en aquellos que no tienen confianza en el comportamiento del mercado, un «escozor insoportable». El mercado internacional para el Uruguay se muestra excepcionalmente favorable. En la primera semana de abril se alcanzó un valor promedio de las exportaciones que superó los U$S 2000/t peso carcasa; para ubicarnos, en 2005 el promedio fue de 1623 US$/t carcasa, y fue el segundo registro histórico en dólares corrientes, detrás del registro de 1995 que alcanzó los 1652 US$/tn. Hacia adelante no se perciben amenazas mayores -salvo los aspectos sanitarios, y éstos incluso pueden jugar a favor, como recientemente con Argentina y Brasil. El precio al consumo, por más que a Kirchner le implique una distorsión en su camino a las urnas, debe ser equivalente al precio de exportación; quien quiera establecer diferencias en ese equilibrio, introducirá una distorsión perversa que tendrá efectos negativos sobre la producción primaria e industrial en el mediano y largo plazo; y la tenencia para este precio, es de incrementarse en dólares, para los próximos meses. Por último, el precio del ganado, en función de las características del mercado de haciendas, no registra un comportamiento «en paralelo» con el mercado internacional -la situación de sequía, la ausencia de mercados alternativos con precios superiores, así lo determinan. Por ello se verificará un escenario, que «tentará» a muchos a intervenir en el mercado -aumento del precio al consumidor y descenso o mantenimiento del precio al productor-, amenazando nuevamente con limitar e interferir en la actividad económica y comercial en la cadena, siendo esta posibilidad, junto a la aftosa o la «vaca loca», la principal amenaza que tiene este complejo agroindustrial por delante. *
(*) Consultor y columnista.
Compartí tu opinión con toda la comunidad