La inclusión de todos
El miércoles se conocieron los datos que actualizan el mapa de la pobreza y la indigencia en la cual viven ochocientos cincuenta y siete mil individuos de los cuales cien mil viven en la indigencia absoluta. La mitad de esa población tiene menos de diecisiete años. Son unos cuatrocientos mil reproductores de marginalidad a futuro. Más de un quince por ciento de los pobres son hombres y mujeres en edad de trabajar que se han domiciliado en asentamientos que rodean Montevideo. Es comprensible en tanto que la buena nueva que supone la disminución de ochenta mil pobres en 2005 haya pasado relativamente desapercibida. Este país ha venido acumulando demasiada pobreza y sobre todo, ha generado una pobreza con un potencial de crecimiento a futuro que no conocíamos hasta ahora. La buena nueva de la disminución no nos conmueve, sencillamente porque los uruguayos estamos intentando soslayar esa realidad de fragmentación social con cuya precisión no podemos vivir. La nueva negación uruguaya sobre la que ha comenzado a advertir la psicología social es funcional con ese mapa dinámico de la pobreza. Intuimos que los ensayos de inclusión practicados en los planes de los gobiernos y sobre todo, admitidos por nuestras propias ideas acerca de lo que hay que hacer con esta enfermedad no alcanzan para revertir las condiciones de creación de pobreza a futuro. Eso explica gran parte de la inseguridad con las cual vivimos. Y explica también parte de la insatisfacción con la cual todos, de una u otra manera, protagonizamos el cambio.
La pobreza es estructural, es joven, es ciudadana, es dinámica y, además, en su clamor de injusticia ahora comienza a emitir señales de agresividad desconocidas.
Puestos insuficientes por demanda
Unos días antes de conocerse esos datos, se informaron los números y tendencias del mercado del trabajo, los que ahora son más amplios, precisos y oportunos que los que disponíamos antes que el Instituto Nacional de Estadística comenzara a utilizar la nueva Encuesta Nacional Ampliada de Hogares. En base a esa rama de la información mejorada del INE sabemos que la cantidad de puestos de trabajo generados en 2005, y ahora, incluyendo enero de 2006, han sido insuficientes para satisfacer la mayor demanda de la población y, en tanto, nos encontramos con que el país tiene un índice de desocupación creciente, que en el trimestre que incluye enero se elevó al 12.9% y que tomando sólo enero fue del 13.8% de la población económicamente activa. En esos días y con la misma base de la nueva encuesta, el INE nos informó que el ingreso de los hogares, base del mapa de la pobreza y la indigencia, presenta características que deberían obligarnos a una discusión más cuidadosa y urgente acerca de cómo están evolucionando los ingresos ciudadanos y particularmente qué es lo que está sucediendo con las fuentes de dicho ingreso. Alcanza aquí subrayar que la ENAH incorporando desde diciembre- la nueva muestra ampliada al último trimestre de 2005 permite alentar un cauto optimismo sobre la evolución del ingreso de los hogares si permanecieran las condiciones verificadas a partir del segundo semestre de 2005 y que permitió que el año cerrara con un aumento del ingreso real de los hogares del 1.4%. Empero ese optimismo se relativiza cuando a esa contextualización se le agrega la dificultad de creación satisfactoria de empleo y, sobre todo, la perspectiva del contexto externo de la economía uruguaya. Si aquellos datos generadores del cauto optimismo se observan en un país cuyo ingreso nacional, en los dos últimos años ha estado creciendo a una tasa acumulativa anual superior al 8%, uno se explica por qué tampoco este tipo de datos ha sido útil para mejorar el optimismo y la esperanza en el cambio.
Proposición ambiciosa y urgente
En suma: la proposición del cambo debe ser más ambiciosa y urgente. Esa ambición no tiene nada que ver con esa multiplicación infinita de medidas e iniciativas parciales surgidas de cuanto vértice ejecutor del Estado haya. Eso suma mal y acumula en la pasiva incomprensión de los ciudadanos más desconfianza y riesgo. La ambición debe estar vinculada a convencernos que el delicado arte de gobernar en estos lares se reduce a incluir. A incluir y tolerar a empresarios, trabajadores y ciudadanos pobres o indigentes. Esa inclusión en su sentido amplio es, en un régimen de derecho, un objetivo tan supremo como, esencialmente difícil de obtener. Impone la obligación de transformación de la vieja política de cuño épico y fantástico en iniciativas de todo tipo, en algo terriblemente difícil: incluir a todos, realmente a todos, en el juego democrático. O sea: convencernos de que el cambio protagonizado por hombres más incluidos y dueños de más libertad responsable crean por sus propias acciones más valor y que todo ese conjunto acepta que esa creación de valor sólo puede sustentarse en una compensación mayor del ciudadano que no puede acompañar la nueva dinámica. ¿Cómo explicar y aceptar que en una sociedad que ha decidido vivir en un sistema democrático republicano, la inclusión de cada ciudadano en sus roles potenciales es la única condición de sustentabilidad de los cambios? No vamos a confiar más o menos según varíe un precio relativo; en cambio seremos más fuertes si nos reconocemos más incluidos. Allí, en esos documentos del INE hay demasiada cosa nueva y sugerente. Y fuera de ellos, un clamor de inclusión que interpela al Estado y la política de otra manera y desde ángulos de observación no usuales. *
N.R./ La información brindada en LA REPUBLICA sobre los nuevos datos de l mapa de pobreza puede ubicarse en la página 12 de la edición del 6/04/2006 o en, //www.larepublica.com.uy/lr3/?a=nota &n=207341&e=2006-04-06 y los documentos originales en: //www.ine.gub.uy/comunicados/ech/ECH1205_INGRESOS.pdf //www.ine.gub.uy/biblioteca/pobreza/ECH_2005_Pobreza.pdf //www.ine.gub.uy/comunicados/ech/ECH0106.pdf
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