El caso Thesis, un golpe que debe ser enfrentado

En los cuatro días comprendidos entre la comunicación de la rescisión unilateral del contrato de administración de la recuperación de activos de los bancos cerrados en 2002 el mercado en el cual se procesa la delicada práctica de cobro de adeudos derivados de un proceso de liquidación de esta envergadura se ha poblado de dudas de toda naturaleza. La discusión ha progresado hacia el detalle de una operación que, tiene una lógica global que la caracteriza y que, además, esencialmente es necesario explicarla en el contexto de la salida comprensiva a la fenomenal crisis y desfalco bancario de 2002. La discusión que ingresa en el mal informado detalle que busca responsabilidades individuales e institucionales amenaza eliminar para siempre en este país la práctica de recuperación de activos realizada por personas públicas o privadas con arreglo a la normativa y dotadas de prácticas modernas y profesionales. El riesgo de que, nuevamente, una mala administración de un instrumento normal de solución de crisis multiplique en términos de desconfianza pública la escasa adhesión que tienen los uruguayos a la ejecución de los contratos.

La tercerización de la recuperación de los activos de los bancos fundidos y cerrados era elemental pero, esa fue una de las operaciones de aquella salida comprensiva mal diseñada y peor ejecutada. Eso parece obvio a la luz de la endeblez de ese conjunto de empresas que, con contratos más o menos explícitos, sin calificación de riesgo ni auditorías públicas de gestión llevaban adelante una de las operaciones más delicadas aquella salida. Esto, además, no parecería haber sido advertido por el BCU en estos últimos meses en los cuales, ostensiblemente, se produjeron variantes de todo tipo en los contratos y la gestión del negocio.

La última perla es la forma en la cual se comunicó y conoció el fundamento de la rescisión que unos disponen y otros intentan imaginar a partir del lacónico comunicado del BCU del lunes pasado.

El problema es, de nuevo, quién asumirá las nuevas pérdidas. Pero por sobre todas las cosas la enorme interrogante abierta es qué es lo que está haciendo el Estado, más allá aun del BCU para intentar al menos, que la crisis no destruya lo que queda de confianza en este tipo de instrumentos que deberán seguir siendo utilizados si no queremos agregar unos cuantos cientos de millones de dólares más a la deuda pública y unos cuantos puntos más en la tasa de interés. *

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