LA VULNERABILIDAD DE LAS REFORMAS ESTRIBA EN SU COMUNICACION

El Plan, sobrexpuesto y fragmentado *

En los últimos días se ha acelerado el despacho de iniciativas reformistas de todo tipo cuya cantidad y complejidad ya han saturado la capacidad de comprensión y hasta de mínimo seguimiento público más o menos ordenado. El plan, como tal está a centímetros de despeñarse en un abismo de incomprensión y confusión pública. Ese Plan por razones inherentes a su propia complejidad es patrimonio de un círculo muy estrecho de hombres y mujeres que rodean al presidente y algunos ministros, todos los cuales presentan vínculos cada vez más lejanos con sus partidos de origen. No sólo hay una distancia física y temporal que lleva a ese núcleo a un funcionamiento de conjunto cerrado sino, esencialmente, una lógica de trabajo que puede ser comprensible, pero que obligatoriamente debe ser aceptado por el resto del sistema de representación ciudadano. Reparo en esto porque muchos de nosotros seguimos observando y entendiendo con dificultades crecientes qué es, esencialmente ese Plan rector de gobierno, cuyos instrumentos se vuelcan con mayor o menor asiduidad en esos otros conjuntos, también relativamente cerrados, en los cuales  según la proposición formal de ese propio Plan- deberían congregarse actores sociales y políticos para agregarle valor a las novedades instrumentales de los diferentes proyectos.

 

Espacio Social   Lugar Institucional

Muchos referentes siguen suponiendo que en esos espacios de intersección, cada vez más difíciles de organizar y sostener, se agregará un valor más o menos definido por la suma virtuosa de los intercambios entre las organizaciones sociales, los legisladores y el personal ejecutivo del gobierno. Esto, más allá de ser una hipótesis a comprobar: la virtud en una democracia robustecida por espacios de representación social, es, por ahora, una verdadera ficción no existe en el Uruguay de hoy. No hay conciliación posible en esto. No puede ser, y además, es realmente peligrosa la permanencia de la proposición. En los próximos días, probablemente, a alguien se le ocurra que es necesario colocar en el seno de la entelequia que es el Consejo Nacional de Economía, las iniciativas de relanzamiento del Uruguay Productivo, una canasta infinita de cosas, muchas de las cuales ya están siendo y otras que sin haber sido podido incluir en las reformas en marcha, resultan imprescindibles para apuntalar y promover el crecimiento. Pero el problema no es si el próximo Consejo de Ministros convocará un CNE de extraño rango constitucional y que fuera reflotado mediante la Ley promulgada en diciembre pasado. El problema tampoco consiste en saber quién se animará a reglamentar la elección y normas de deliberación de cuarenta representantes de las corporaciones, algunas de las cuales ni siquiera se han corporativizado aún, recordando que el plazo legal ha vencido el 28 de febrero pasado….Tampoco importa demasiado si ese nuevo mamotreto va a cumplir algún rol más o menos útil. Lo que importa es visualizar en la reiteración de una propuesta de discusión «social» de proyectos complejos, en lugares impropios y rebajar en tanto la estatura de los principios. Insistir en elegir y convocar organismos deliberantes a la vera de los de rango constitucional mayor, supone un desafío fenomenal agregado para un Plan de transformaciones estructurales que nunca tuvo planteado realmente este país y cuya principal debilidad, es precisamente, la dificultad de funcionamiento institucional que padece la nación. No es un problema de tiempo ni de dispersión. El riesgo es, como siempre, cómo funciona el juego de las expectativas en la acción de quienes tienen la fuerza y los medios para especular con el defecto de los contratos. Es difícil enfrentar una convicción muy arraigada en este país en el sentido que todo lo que amplié la discusión y permita incluir en ella a todos los que se pueda convocar a través de las representaciones corporativas es, de por si, positivo. Esto tiene una vieja historia vinculada a un ideario y una estrategia en torno a la cual se construyeron muchas realidades, buenas y malas. Pero ahora, aquello en lo cual hombres y mujeres bien intencionados construían espacios paralelos a los del juego de la representación política formal debería haberse terminando. Los espacios que se han creado en este gobierno para discutir y mejorar las iniciativas del Ejecutivo presentan saldos negativos a muy negativos. Tan sólo uno de ellos, el que discutió con representación organizada de los interesados los esbozos iniciales del Sistema Nacional Integrado de Salud, en las primeras semanas de instalación del gobierno, no sólo no sirvió para nada a los efectos de mejorar un diseño ya de por si complicado de esa reforma urgente, sino que activó una representación corporativa en extremo deficiente y, por si fuera poco, generó en el sector salud una expectativa sobre la cual, luego, al Ministerio y al Gobierno les resultó virtualmente imposible ejecutar las acciones esenciales para colocar la Reforma de la Salud dentro de las prioridades reales del Plan de la reforma.

 

Opción obvia y urgente

Volvamos al centro del problema: Más o menos correcto pero de vocación profundamente reformista, ese Plan tiene una lógica sistémica que debe intentar ser comprendida desde una visión global y un vértice de atención ciudadana. Todos, todos, deberíamos empeñarnos en buscar ese lugar de observación y crítica. Dejarse llevar por la discusión fragmentaria de una iniciativa aislada es peligroso para la estabilidad y la prosperidad del cambio. En este país es comprensible que resulte desagradable tener que confiar en instituciones degradadas, incluso en la propia presidencia y sus elites ejecutivas o en la calidad del legislativo la esencia de la confianza en el cambio. Pero no veo otra manera de poder avanzar en esa propuesta de transformación en los tiempos disponibles. Ello supone, naturalmente, concentrar toda la discusión de la multiplicidad del plan en el ámbito natural de la discusión democrática de iniciativas que subvierten las relaciones ciudadanas tradicionales en este país: en el ámbito parlamentario con participación activa de aquella elite. Y eliminando de cuajo y con la fuerza que sea menester las propuestas alternativas de discusión «social» de esta clase de leyes en forja.

 

* En su edición de ayer, La Republica incluye un flujograma de las iniciativas reformistas conocidas a la fecha y componen lo que en esta columna, en una acepción restringida al área de la economía, se denomina como El Plan.

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