ES DIFICIL PERCIBIR LA EVOLUCION DE LA CONFIANZA

El gobierno se juega en soledad el éxito de sus reformas

Uno de los problemas que tienen los países pobres consiste en la menor capacidad relativa de registrar. Foucault, el gran subversivo de la modernidad, cuestionó el valor del documento, pero no para negarlo sino para indicar el pobre uso que hasta ahora la historia tradicional continuaba haciendo de él. Nuestros indicadores son progresivamente insuficientes. Documentan series de relevancia menor y no arrojan pistas de lo nuevo. Personalmente me cuesta cada vez más entender qué sucede en realidad con la confianza ciudadana. Su reconstrucción es la gran batalla y dudo mucho que en esta lid tengamos los mismos resultados que en la macroeconomía. No tenemos en estos países indicadores suficientes para seguir con cierta aproximación real la evolución de esos stocks del capital más apreciado en los estados de derecho. Yo mismo, con terrible levedad apelo corrientemente a la evolución racional de los depósitos bancarios para aproximarme a la evolución de la confianza; otros utilizan fragmentarios datos de popularidad de un presidente o un ministro para convencerse que estamos en el mejor de los mundos… Esta es mi precaución personal cada vez que debo intentar responderme a mi mismo si estamos mejor o peor. Debemos saber algo más sobre los resultados que acumula en esta cuenta de la confianza la actual relación de las elites con la gente en un escenario de cambios fuertes.

Quién pueda aproximarse realmente a la mejor información sobre la evolución de la confianza pública que deviene de cómo está planteada esta relación será más capaz que otros de ubicarse racionalmente en ese proceso de cambio. El mercado sigue con atención y especula fuertemente con la evolución de esos stocks. La política observa esto con más lejanía imaginando que la batalla se gana haciendo muchas cosas. Así son los balances que exponen los funcionarios de su gestión… Uno puede discrepar sobre la virtud o el defecto que conlleva ese proceso. Lo que no se puede es negar que esta sociedad está siendo agredida por una fuerte propuesta de cambios estructurales. Y que esa agresión supone cambios considerables en la formación del pensamiento dominante y el estado de confianza pública. En ese proceso jugado al éxito de las reformas estructurales lo más importante no es, precisamente, el resultado de tal o cual política. Ni siquiera lo principal consiste en saber si, coyunturalmente, se está más cerca o más lejos de los paradigmas más caros: el de la inclusión por ejemplo. Lo que importa en realidad es cómo se van comprendiendo y educando mutuamente los ciudadanos entre si mientras el cambio va agrediendo viejos santuarios. El problema es si la gente puede ir comprendiendo realmente que su bienestar a futuro se conforma en el complicado juego de los nuevos contratos y se siente convocada a velar por su calidad. Por ahora se siente convocada a velar por sus ingresos presentes o las seguridades sociales que alguien deberá proveer en un mañana más incierto aún. El reacción inevitable es una confrontación mayor.

 

Un capital social

Uruguay debería tener aún un capital social que le permitiera embarcarse con más confianza ciudadana en el proceso de cambio si el sistema de representación delegado de esa ciudadanía asumiera plenamente sus responsabilidades y estuviera dispuesto a aceptar la competencia natural de ese conjunto en un juego diferente al actual. Uruguay está harto de la lectura del juego de la política tradicional. Eso se muere por su insuficiencia y pobreza. Pese a ello, el Estado ha logrado sobreponerse a la dominancia de las corporaciones frente a las tradicionales proposiciones del cambio. Por varias razones, entre las que se destaca naturalmente el pasaje de la oposición histórica al oficialismo u otras como la asunción de la iniciativa oficial regulando los excesos de las reivindicaciones sectoriales más o menos legitimas.

Empero esta garantía que supone la claudicación de pretensión corporativa frente a la afirmación del Estado en sus funciones de promoción y regulación de los cambios es muy débil en perspectiva. Dicho de otra manera, la agresividad de los cambios puestos en marcha es progresivamente mayor a la necesidad de aumentar los niveles de tolerancia inteligente de la sociedad para sustentarlos.

En estos días, en un entorno contradictorio de caída del riesgo soberano y agresiones explicitas e implícitas provenientes de la región, incluyendo a Brasil, el gobierno ha logrado iniciar el recorrido final de la reforma tributaria, la reforma de la carta orgánica del BCU  incluida la precisión de su Misión, nada menos- y la creación de una nueva institucionalidad de la regulación bancaria; en días se reanuda la discusión sobre la reforma de la legislación de competencia y la semana pasada se concluyó la elaboración de un nuevo proyecto de Ley de concursos y reorganización empresarial alterando radicalmente la tradicional vía de utilización fraudulenta de la actual legislación de quiebras. Con las precauciones del caso se trabaja en diversas oficinas para elaborar una reestructura muy ambiciosa del relacionamiento internacional y comercial del país. Hasta ha sido puesta en discusión una reforma difícil de comprender sobre el régimen de propiedad y las garantías laborales. Al menos hay cinco o seis iniciativas de trascendencia similar que el gobierno se propone encaminar con decisión en el segundo semestre del año.

 

Discusiones complejas

En los próximos días el escenario se llenará de discusiones complejas. En él las elites y los especuladores irán haciendo sus balances parciales mientras la gente se verá embarcada en una confrontación general que no podrá decodificar si sus representantes reiteran el juego de la política tradicional. Quizás ya sea tarde para anticipar ese escenario neutralizando con alianzas de otro tipo los riesgos de ese juego. Pero, al menos, valdría la pena seducir o intimar a la política de manera tal que permita, al menos, recrear la esperanza que el escenario del cambio no será el del festín bestial que historian los viejos documentos. *

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