Análisis nacional: ENTRE LAS REFORMAS, LA FRONTERA Y EL RIESGO INFLACIONARIO

El gobierno se concentra en lo principal

Iniciado el segundo año de gobierno y tal cual se esperaba comienza a profundizarse la brecha que distancia la acción reformadora del gobierno y la comprensión de una ciudadanía históricamente adversa al riesgo y, progresivamente confusa ante la dificultad que tiene este gobierno de enlazar en la mima idea del cambio la continuidad de políticas macro con las transformaciones estructurales que requiere la adhesión a los principios del cambio.

Al mismo tiempo y como parte del problema, en los últimos días han reaparecido algunas dificultades de coyuntura que deben ser atendidas antes que produzcan más especulación y conflictividad. Se ha confirmado la permanencia del riesgo inflacionario al tiempo que recrudecen los temores de que los datos del mercado del trabajo y el ingreso de los hogares sigan siendo tan malos como lo eran al término del año pasado.

La dificultad con la cual el Banco Central está esterilizando la cantidad de pesos que se vuelcan al mercado como consecuencia de las compras de dólares que hace diariamente el BCU para sostener su precio y la mayor hipótesis de inflación recrean la especulación sobre el futuro de la política cambiaria y monetaria.

 

Los test de fuerza

La mayoría relevante del equipo económico tiene clara estas dificultades derivadas del distanciamiento de la comprensión ciudadana de la esencia del plan y, también, del riesgo creciente de la desestabilización. Es clara la contabilidad de los costos de lidiar con esta desconfianza permanente.

El gobierno ha aprendido, más rápido que los anteriores, el riesgo de subestimar este estado de desconfianza estructural de los uruguayos a la hora de emprender las reformas obligatorias.

El equipo económico cuentan ahora con una mayor comprensión de jefes de la fuerza política comenzando por la del presidente Vázquez acerca de los peligros que originan los «ruidos» del mercado sobre la viabilidad del programa de gobierno, incluyendo y muy jerarquizadamente los principios de la inclusión social.

Esos funcionarios han diseñado y están ejecutando un plan que intenta articular la continuidad de la salida de la crisis financiera y de deuda con la construcción de algunos pilares sobre los cuales, esos diferenciales del programa de gobierno pudieran prosperar. Ese plan presupone la permanencia del buen entorno de mercados externos, va a apelar crecientemente al crédito de bajo costo de las instituciones multilaterales  y tiene amplio margen para ello-, descuenta la estabilidad de la moneda y la disciplina fiscal, pero, por sobre todas las cosas, ese plan contiene propuestas muy ambiciosas que, emanadas del gobierno de la izquierda, no tendrán frente a si una oposición fácilmente articulable por las corporaciones afectadas.

 

Despejando la cancha

En la previa, la consistencia del plan es fuerte. El diseño atiende a un diagnóstico atento a las causas que, durante medio siglo han venido minando sistemáticamente la confianza pública, primero de los uruguayos en su condición de inversores de riesgo y luego de la ciudadanía entera en una acepción peligrosamente más amplia. La razón esencial de su consistencia es su apego a un diagnóstico correcto de la crisis.

Y en tanto ese plan es fuerte particularmente en su propuesta reformadora del sistema de competencia y garantías. Es fuerte en la búsqueda de conformar con la máxima rapidez posible un «mejor clima de negocios», horrísono objetivo si los hay para la comprensión media de una población cuyo 70% descree en la economía de mercado.

En los últimos días el gobierno ha venido despejando la cancha del riesgo que pudieran generar conflictos agregados a los que, de por si conlleva la discusión del plan; ha entendido, por ejemplo, que no es este el momento para discutir el SNIS con toda la significación social y emblemática que supone la reforma de la salud en este país.

Probablemente suceda lo mismo con la prometida Ley de educación y otras iniciativas de jerarquía menor a las señaladas. Si los datos de empleo e ingreso de los hogares o las cifras de actividad al término de 2005 que serán informadas en la tercera semana de marzo no son demasiado malas y no se complican más aun los problemas de frontera, el gobierno tiene todo a su favor para afrontar la discusión de las reformas, incluyendo el TLC con EEUU, con posibilidades de éxito e impactos rápidos de ello sobre los saldos de confianza. *

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