Análisis nacional: EN EL UMBRAL DEL MOMENTO MAS DELICADO DEL CAMBIO

Uruguay habría comenzado a sentir la mayor conflictividad

n las tres últimas semanas se ha venido insinuando un desmejoramiento de la relación del riesgo Uruguay en la región y, específicamente, con el riesgo Brasil. Por ahora esto es tan solo la insinuación de tendencia indicada por los diferenciales de tasas de retorno de las respectivas deudas públicas. Los promedios semanales de las cotizaciones de los bonos globales uruguayos han venido descendiendo en las tres últimas semanas. Esta leve caída de la cotización de la deuda soberana del país no debería preocupar dados los altos precios alcanzados en los meses precedentes. Sin embargo, esa insinuación de aumento del riesgo Uruguay comienza a despertar la atención, porque esa insinuación de tendencia a la caída se confronta con un aumento de las cotizaciones de la deuda brasileña e, incluso, de la argentina. En la semana finalizada el viernes, además, la propia deuda norteamericana pese a sufrir alguna afectación inicial a los nuevos riesgos inflacionarios y a variantes de la política monetaria, también, aumentó sus cotizaciones. Hasta ahora Uruguay había venido siguiendo la caída del riesgo Brasil e incluso había mejorado esa referencia. La transición electoral y la capacidad demostrada por la izquierda para solucionar los principales problemas derivados de su instalación en el gobierno convergieron con la mejoría de la ya excepcional situación comercial que disfruta el país. Ello permitió que el riesgo Uruguay fuera ajustándose en línea con la notable caída del riesgo brasileño. A la vez, ello había venido posibilitando que los severos problemas estructurales que tiene Uruguay en materia de financiamiento, tanto externo como interno, permanecieran exclusivamente como preocupación de unos pocos analistas y operadores del sistema financiero. Definitivamente, ese ángulo de focalización de la perspectiva no puede ser integrado al crisol en el cual se proyectan las estrategias de la política.

La vulnerabilidad, la fragilidad, la desconfianza, son categorías que el sistema de representación político afronta con apego a viejos saberes aprendidos de contenidos difusos; consignas como «solidaridad», «unidad», «decisión política», «apuesta a la producción», etcétera- que se vacían de contenidos útiles cuando es preciso adoptar y explicar políticas que además de reformar estructuras deben identificar riesgos y proveer los elementos para su cobertura profesional.

 

Cambios y riesgos

Pese a todo Uruguay se está animando a utilizar la oportunidad excepcional que se le había venido presentando para blindar su estabilidad interna y a partir de ella avanzar en reformas sin las cuales no puede sustentar ninguno de los presupuestos del cambio. Empero, ese arrojo propiciado por la asunción al gobierno de una fuerza política educada para combatir, genera o multiplica riesgos cuya consideración la enorme mayoría de esa fuerza ni de sus ejecutivos alcanza a comprender porque, sencillamente, no ha sido educada para ello.

En esa dialéctica del impulso y su riesgo asociado Uruguay comienza a enfrentarse a su fragilidad como nación pequeña y empobrecida particularmente en el capital humano disponible.

Hay una serie de riesgos provocados naturalmente por la dinámica del cambio que la actual administración hereda y otros que crea. Hay riesgo financiero y soberano; hay riesgo de sustentabilidad del crecimiento concentrado en la imposibilidad de elevar las tasas de inversión y mejorar el crédito; hay riesgos derivados de los viejos contratos y de los nuevos, entre otros incluyendo el ambiental. Pero, por sobre todas las cosas hay dos áreas de riesgo decisivas: la del relacionamiento externo y el de la insatisfacción ciudadana. En los dos casos, este gobierno o cualquier otro es incapaz de actuar sólo con probabilidades mínimas de éxito. En los dos casos, no hay política que siquiera valga la pena imaginar si ella no se elabora, discute y ejecuta con un prerrequisito básico: disminuir la conflictividad o, al menos, subordinarla a una estrategia ofensiva.

El riesgo vinculado al relacionamiento externo ha sido activado y debe ser atendido prioritariamente. Más allá de cómo se solucione el problema del conflicto con la Argentina, es indiscutible que hemos perdido la confianza y el afectus societatus de los uruguayos en relación con nuestra pertenencia regional. Quiérase o no reconocer la desavenencia comprende a Brasil cuya cancillería ha vuelto a jerarquizar todos los pactos con Argentina, sin que ninguno de ellos le haya permitido al hermano mayor utilizar la mítica capacidad de Itamarati para impedir la progresión de un conflicto. del cual, sólo Uruguay saldrá herido gravemente. Sin una respuesta contundente, de Estado al nuevo dilema que se le presenta a la política exterior uruguaya, el riesgo de la inconveniencia de radicar inversión externa directa y residente en el Uruguay se multiplica a la enésima. ¿Qué seguridades y conveniencia ofreceríamos a inversores de riesgo uruguayos o extranjeros, más allá de precarias excepciones del arancel externo común para las importaciones, o regímenes especiales y ya denunciados en la OMC como la admisión temporaria para seducir y convencer a quien debe arriesgar plata para crear puestos de trabajo? ¿Qué normas? ¿Qué acceso sostenido al mercado regional? ¿Qué garantías? Imposible.

La segunda área de riesgo insoportable y estrechamente vinculada a la anterior se integra con los riesgos de frustración y desesperanza social.

os déficit más expresivos en los balances del primer año de gobierno se visualizan en los indicadores que provee la encuesta de hogares que el Instituto Nacional de Estadísticas publica en los primeros días de cada mes. En dicha encuesta se reiteran dos constantes: el máximo crecimiento que ha alcanzado la economía no alcanza para proveer los puestos de trabajo mínimos que demanda la gente. Hay en esa encuesta un resultado menos leído pero, quizás más dramático aún: el estancamiento y caída de la capacidad adquisitiva de los hogares en cuyo ámbito, los aumentos del salario real no alcanzan a compensar la pérdida de valor que sufre el trabajador informal o las mil ocupaciones marginales en las cuales nos venimos especializado los uruguayos hace unos cuantos años.

 

Aguardando decisiones

Inevitablemente, en las próximas semanas el gobierno avanzará más rápidamente en la búsqueda de disminuir los riesgos principales cuya subsistencia no sólo pudieran generar desequilibrios graves sino que, sobre todo, e inevitablemente, van a enturbiar y detener el proceso de reforma en su año decisivo.

Ello supone afrontar la conflictividad, intentando organizarla detrás de una proposición más rentable de aquellas que hoy la alientan. Descuento que esa ofensiva racional del gobierno va a producirse. Ojalá sea comprendida y aceptada por los hombres o corporaciones que verán sus cuotas de poder afectadas.

Y, ojalá sobre todo, que los jefes de las colectividades políticas tengan la capacidad y el liderazgo suficiente para desarrollar las acciones necesarias y puedan a la vez, convencer a sus representados sobre la inevitabilidad de ellas. *

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