TAMBIEN CUESTA LA PERDIDA DE VIDAS HUMANAS Y LESIONES GRAVES PERMANENTES

El robo de cables significa pérdidas al Estado por casi 3 millones de dólares al año

El 25 de noviembre de 2005, a la hora 0.10 UTE envió una brigada compuesta por 3 operarios a la Sub-Estación 120 (Aparicio Saravia y Garzón) para efectuar un adelanto de maniobra de un corte programado. Al llegar, la brigada comprobó que existía un hombre electrocutado, que habría ingresado por una ventilación forzando los barrotes. En el interior se encontró, además, un bolso con recortes de cable de cobre. La Sub estación se dejó fuera de servicio de inmediato y el barrio permaneció más de una hora sin luz. El fallecido era un joven de 17 años.

 

Las cifras

Hechos como el narrado ocupan casi a diario la crónica policial en nuestro país. El objetivo del robo de cables aéreos o subterráneos y de los transformadores es la comercialización ilícita del cobre y el aluminio que de ellos se obtiene.

Como muestra de una nueva modalidad, desde mayo hasta noviembre de 2005 han sido hurtados casi 40 transformadores de UTE, de los que se obtienen entre 100 y 175 kilos del metal, el que luego de hurtado es revendido y refundido. En ocasiones, las autoridades policiales actúan bajo la presunción de enfrentar una extendida organización ilegal. A causa del hurto  modalidad que se «disparó» a partir de la crisis económica del 2002- en el transcurso del año pasado y en lo que va del presente, solamente UTE perdió 1.200.000 dólares por robo de cable y transformadores. Por el mismo motivo, Antel sufrió la pérdida de 1.500.000 dólares. A la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) le hurtaron unos 40 kilómetros de cables de alumbrado público entre agosto de 2004 y marzo de 2005. En la capital se roban unos 2.000 metros de cables por mes. La gran mayoría de los hurtos ocurren en la periferia de Montevideo. Esta realidad, sin embargo, no es desconocida para el resto del país.

 

Significación del robo de cables

Las consecuencias más evidentes del robo de cables de los tendidos de UTE y Antel y la IMM-además del perjuicio económico que provocan y por lo tanto a los ciudadanos que pagan por estos servicios- son que barrios enteros permanecen por horas incomunicados, a oscuras y sin la posibilidad de utilizar ningún electrodoméstico. A propósito, uno de los atributos mejor valorados por los clientes acerca de la gestión de la empresa eléctrica uruguaya es el bajo porcentaje de interrupción de los servicios, cualidad que ambas empresas cuidan como uno de sus capitales más valiosos. Los entes también pierden horas hombre en trabajo, por reposición e instalación del tendido, y la población pierde en calidad de vida. Los daños inmediatos son evidentes para los ciudadanos que poseen los servicios de telefonía y electricidad y, paradójicamente, indispensables para sus vecinos más pobres, que no los tienen, y ante una emergencia deben recurrir al auxilio de su comunidad más próxima. También existen costos menos visibles, incluyendo las consecuencias de la quema de cables en algunos asentamientos de Montevideo, donde vecinos han terminado envenenados por la contaminación generada. El robo de cables se realiza clandestinamente y sin condición alguna de seguridad, sin conocer los riesgos ni cómo controlarlos lo que ha provocado la pérdida de vidas humanas o el sufrimiento de quemaduras importantes, muchas veces de jóvenes y hasta niños.*

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