Un fin de año inesperado
La suma de situaciones regionales cada vez más desequilibrantes para el país y la acumulación de una extraordinaria demanda de pesos que está surgiendo del sector no financiero se sumaron para colocar al BCU en el dilema de tener que continuar inyectando pesos que luego debía esterilizar para cumplir su programa monetario convalidando tasas de interés que ya el jueves habían llegado a niveles muy elevados para mantener la credibilidad de su programa monetario o, como lo hizo en definitiva, apelar a la mayor «flexibilidad» de la política y aumentar los márgenes del programa. En los últimos meses y particularmente a partir de las últimas cinco semanas el Banco venía comprando los dólares que gobierno había anunciado en ACDE se adquirirían entre noviembre y diciembre con el objetivo explícito de incrementar rápidamente la base monetaria y el implícito de mantener la cotización del dólar en niveles políticamente potables.
El 8 de noviembre al tiempo que anunciaba la apelación a la compra de dólares con este objetivo, el BCU había anunciado que elevaba al tope del rango del programa monetario su línea operacional diaria que hasta ese momento se ubicaba en el promedio del rango. Pero tampoco esto permitió operar dentro del rango preanunciado y el viernes, al fin, el BCU debió comunicar que ampliaba aquel rango preanunciado en un 3%. Presumiblemente este cambio de programa permitiría a la institución mantenerse operando sin que al término del trimestre que finaliza en dos semanas apareciera el primer incumplimiento del programa en lo que va de la actual política monetaria.
En pocos días se conocerá el resultado de la encuesta mensual de expectativas económicas que el BCU publica sobre la tercera semana de cada mes. Allí sabremos cómo están siendo interpretadas las decisiones de la institución en términos de percepción de riesgos a futuro. En los últimos meses el Banco había logrado que el cien por ciento de los informantes calificados expresaran su confianza en que la institución iba a poder mantener la base monetaria en el rango que preanunciara. Ahora esta percepción pudiera haber cambiado.
Desconfianza
Importa ubicar el problema «del BCU» en el contexto de dificultades extremas que tiene el gobierno para mantener con coherencia y credibilidad políticas difíciles de conciliar en el mediano y largo plazo. La salida de la crisis de 1999-2003 recién estaba comenzado a afirmase cuando la política económica debió incorporar objetivos agregados que el diseño original de aquella salida no tenía previstos: por ejemplo, los efectos de la inflación en dólares importada y el mantenimiento de un creciente efecto desestabilizador que continúa afectando la economía uruguaya desde su entorno regional. Un BCU débil e incomprensible en sus funciones esenciales para la mayoría enorme de la población debe lidiar casi en soledad con las exigencias de los tramos finales de aquella salida seguridad bancaria, administración de la deuda y avance hacia una reinstitucionalización obligatoria en dificultades extraordinarias. El problema en realidad es cómo hacer entender la población y a sus representantes que sostener el crecimiento, mejorar el empleo y habilitar las operaciones de inclusión social desde la estabilidad presupone, por sobre todas las cosas, la reconquista de la confianza en las instituciones. Al BCU se le ha agregado una dificultad obvia: continuar trabajando con el único instrumento apto para la estabilización: la política monetaria con sus proyecciones de mediano y largo plazo, con metas difíciles de conciliar en el corto plazo, como la obvia intención de mantener un piso para el dólar.
La incidencia del viernes vuelve a llamar la atención sobre la reaparición de problemas que, hasta ahora, no tenía la transición económica. El BCU comienza a exponer su debilidad institucional. Esas instituciones deben ejecutar operaciones delicadas, la mayoría de las cuales chocan con resistencias de todo tipo.
El público más informado sigue la evolución de esta confrontación y evalúa diariamente si, más allá de la coyuntura, esa institucionalidad se fortalece o debilita. Esta es la base de la especulación dura, el origen de transferencias cuantiosas que captan los más informados y es, además y más que otras, la razón que explica la baja tasa de inversión de riesgo que sufre este país. Esos operadores saben perfectamente que la vulnerabilidad de la economía uruguaya sufrirá impactos muy desestabilizadores y especula, sobre todas las cosas, con la calidad de las políticas y la capacidad de los administradores de turno en aplicarlas con la pericia y la valentía que ellas requieren. *
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