ANALISIS NACIONAL - EL MERCADO LOCAL COMIENZA A DESCONTAR EL AUMENTO DEL PRECIO DEL DINERO

La ausencia de un plan de contingencia

Hasta hace dos semanas Uruguay estaba disfrutando una situación muy especial proveniente de su entorno económico internacional y de un estado de expectativas internas que, al menos, le ha venido otorgando a este gobierno el tiempo mínimo que demanda la instalación de una nueva administración. Ese tiempo se está terminando. No precisamente por el estado de los créditos que el gobierno tiene con la sociedad o porque la oposición quiera y pueda cambiar el tono de la confrontación natural. Ese tiempo finaliza porque el mundo ya ha ingresado a un escenario diferente al que, durante cinco años al menos, generó una oportunidad histórica para que los países periféricos pudieran, o no, sentar las bases sobre las cuales apoyar sus proyectos de reinserción, crecimiento, desarrollo y equidad.

Hace dos semanas que los administradores del capital financiero internacional han terminado de convencerse acerca de que la crisis del petróleo y los desastres climáticos son fenómenos de una naturaleza diferente a la del riesgo estructural de la economía norteamericana. El velo de incertidumbre con el cual la crisis petrolera y el Katrina, cubrieron durante los últimos meses la previsión económica parece haber caído. Desde junio a setiembre la inflación minorista anualizada de los EEUU ha pasado de un 2.2% al 4.5%. La Reserva Federal tiene varios dilemas ante si pero ninguna duda en cuanto a que debe aumentar sus advertencias de que la fiesta se terminó. No sólo para los consumidores sino también para el presidente, quién ya no podrá contar con la FED para mantener el nivel de actividad, el empleo, y la dudosa competitividad norteamericana en el mundo. Pero ese es un problema de los norteamericanos. El de los uruguayos tiene que ver con cómo hará el gobierno para garantir que la estabilidad de la economía estará a salvo cuando los embates de un entorno más agresivo provenientes de ese «sinceramiento norteamericano» impacten más fuertemente sobre el precio del dinero y reduzcan los márgenes de maniobra actual del gobierno y las empresas.

 

Lo nuevo

Pese a los problemas conocidos el gobierno ha venido logrando que la confianza del público lo acompañe en estos meses. De tal manera, el riesgo soberano se ha mantenido en línea con el brasileño y este, afortunadamente, es extraordinariamente bajo. Hasta hace dos semanas al menos, los tenedores locales de deuda del Estado consideraban que los altos rendimientos relativos de los bonos compensaban con creces el riesgo que implica continuar prestándole plata al gobierno.

Sin embargo, desde hace dos semanas los indicadores de incremento del riesgo Uruguay han venido aumentando con más intensidad que la que pauta el aumento del riesgo en su entorno mundial y regional. Un indicador fuerte de este proceso de las últimas semanas se observa en que las tasas de retorno de los títulos de deuda pública uruguaya han venido duplicando los aumentos que se observan en los retornos de la deuda pública brasileña.

Con todo, el problema no debería alarmar si, la constatación del acceso formal a un escenario previsto estuviera acompañada por un reconocimiento más explícito del riesgo que toma el país cuando, a diferencia de Brasil, por ejemplo, Uruguay ingresa en este escenario sin un plan de contingencia fuerte. Uruguay no sólo es más frágil que Brasil frente al cambio de entorno sino, que a diferencia de Brasil, Uruguay no cuenta con una estrategia de anticipación a un eventual incremento del nerviosismo natural con el cual responde usualmente el mercado cuando el fantasma del estrangulamiento financiero se agita levemente.

 

Aguardando señales

En las próximas semanas, inevitablemente, estas tendencias van a ir complicando la gestión financiera de las empresas públicas y privadas. Ni el Ministerio de Economía ni el BCU tienen la fortaleza suficiente para revertir por si solos un eventual aumento de la desconfianza interna sobre la capacidad de la nueva administración de defender la estabilidad de los precios y centrarse en mejorar la institucionalidad. Va llegando el momento en el cual, comenzando por el presidente, todo el gobierno deba alinearse en la compleja tarea de convencer a los uruguayos que la viabilidad del cambio se juega en la capacidad de mantener la estabilidad agredida por las nuevas restricciones que trae consigo el aumento del precio del dinero.

Esto no se resuelve con una política monetaria  en la cual todos confían pero nadie defiende públicamente- ni con el ajuste fiscal que seguramente programa el gobierno para los primeros meses del 2006. El plan de contingencia debe integrar este tipo de cosas pero esencialmente debe contar con replanteos de la política de alianzas y una contundencia homogénea del discurso oficial en la celebración de la estabilidad. Si esas alternativas, que no pueden proveerse ya desde el MEF o el BCU, la especulación interna reducirá rápidamente los márgenes operativos del gobierno. *

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