Analisis nacional: SE PROGRAMA LA DEMANDA LABORAL A FUTURO

Salarios, empleo e inclusión: dilema principal de la izquierda en el gobierno

En línea con los objetivos expuestos en el programa del gobierno, la delicada presupuestación del quinquenio indica que al fines del 2009 habrá unos 75.000 puestos de trabajo más con lo cual la desocupación se ubicará en porcentajes de un dígito. El objetivo es funcional con el reconocimiento acerca de que el empleo es el principal problema no sólo como indicador de suficiencia y sustentabilidad del plan económico sino, esencialmente, de la estabilidad social y, obviamente, de la política. La exposición de los objetivos de empleo en un lugar preferente del discurso oficial reconoce que allí, en ese indicador, se irán calificando los resultados de las políticas. Pero, por sobre todas las cosas, la jerarquización de los problemas del empleo reconoce sus vínculos con la integración social. El empleo es el indicador más idóneo de la evolución de la inclusión social. Y esa es, acéptelo o no, compréndalo o no, la única responsabilidad indeclinable que tiene la izquierda en el gobierno.

Más allá de esa centralidad propia que adquiere el problema del empleo para un gobierno de izquierda, en tanto indicador de inclusión, sus registros informan sobre los grados de fortaleza que caracterizarán a una sociedad cuando su integración social y afectiva sea desafiada por la agresividad de las crisis o por la urgencia de las reformas estructurales. Hay varias razones para explicar el fracaso de las reformas estructurales en América Latina, pero la principal es la tardía conclusión que es imposible reformar estructuras habitadas por poblaciones desestructuradas. Esa conclusión muy crítica de la liviandad de los diagnósticos y proyectos reformistas que han auspiciado las organizaciones multilaterales en América Latina no termina de ser incorporado como problema complejo a la hora de diseñar políticas. Ahora sabemos que se debe empezar por la integración y velar por el empleo es un principio saludable. Empero, como otras variables, el empleo no puede ser decretado. Crecientemente aparece como resultado de equilibrios complejos y la mejora real del clima de la inversión, de los residentes en primer lugar. Y las políticas activas de empleo sin coordinación precisa con las estrategias tienden a confrontarse con los delicados equilibrios que persigue el resto de la política.

Hace cuatro meses que en este país está descendiendo la demanda laboral y en el trimestre móvil junio-agosto el desempleo aumentó un medio punto porcentual. En el contexto de un nivel de actividad que no tiene aun indicadores claros sobre lo que ha venido sucediendo desde agosto, ese medio punto porcentual y la caída previa de la demanda de nuevos trabajadores enciende una luz amarilla en uno de los indicadores de riesgo de mayor exposición pública.

En estos días autoridades, empresario y trabajadores están realizando un balance del resultado de la negociación salarial y no se ha cerrado aún la discusión sobre otros aspectos de la política laboral. Es temprano aún para pondera el aumento salarial. Es temprano también para ponderar los resultados de las inferencias que genera la negociación salarial sobre el resto de las variables económicas.

Pero, por sobre todas las cosas, lo que no estamos aún en condiciones de discutir con seriedad es el impacto que tiene esta política sobre aquel objetivo central del programa de gobierno: el de la inclusión social. Será en este vínculo de una política sectorial y las metas principales del gobierno dónde se iniciará una discusión interesante, con múltiples inferencias didácticas.

El problema es que la realidad antecede esa discusión más abstracta que nos debemos. Y es en esa zona de comprensión y toma de decisiones de los generadores de empleo dónde el riesgo se multiplica. El aumento de la capacidad adquisitiva de los salarios convenida o laudada en ciertas áreas de actividad con fuerte endeudamiento y en las cuales los empresarios no son formadores de precios resulta, inevitablemente, un factor desestimulante a la hora de definir no sólo demanda laboral futura sino, también, la formalidad de las relaciones de dependencia. En setiembre y estos días de octubre se están adoptando decisiones importantes que afectaran de manera difícil de prever el mercado de trabajo. El gobierno no ignora la irreversibilidad de decisiones que depriman aún más la demanda labora. Prueba de ello es la atinada resolución del BPS adoptada el jueves pasado permitiendo a las empresas financiar a largo plazo el aumento retroactivo devengado por diferencias de aportes desde julio pasado. Ello ayudará a mejorar una coyuntura de la cual pudieran surgir realidades e indicadores que nos compliquen aún más las cosas.

En los próximos meses este país va a tener demasiados temas complejos a debatir y la discusión sobre las relacione de las políticas activas de trabajo y la inclusión social va a ser difícil de encarar con la tolerancia y disciplinas necesarias. Empero, en algún lugar del Ejecutivo en la cual se observe la perspectiva de la política en claves de riesgo, este tema debería ser encarado con cierta rapidez. *

Más allá de los efectos generales, la salida comprensiva de la crisis de 2002 tuvo ganadores y perdedores. En este último conjunto, los asalariados y otros sectores vinculados a la percepción de ingresos en moneda nacional financiaron la mayor parte de los costos de dicha salida. La recuperación del poder adquisitivo del los ingresos ha venido procesándose en tiempos diferentes y cantidades muy vinculadas a la capacidad de operar que tuvieron los trabajadores y el resto de los sectores perceptores de ingresos desde fines de 2002 a la fecha.

Los trabajadores han logrado estabilizar sus ingresos con más rapidez que el promedio del resto de la población. La estabilización de la capacidad de compra y el principio de la recuperación comenzó a principios de 2003, la del ingreso medio de los hogares  con porciones crecientes de ingresos de empresas personales- demoró un año más. El empleo formal, en cambio, recién vuelve a niveles «normales» en este país sobre fines del año pasado. A partir de allí comienza a disminuir la demanda laboral y ello empieza a evidenciarse en los indicadores de desempleo. *

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