Anticipando resultados
Restan no mucho más de cien días para que al término de su año inaugural este gobierno deba activar en una cuenta muy especial los primeros resultados de su estrategia. En economía política también hay cierres anuales. Esa cuenta registra la suma compleja de realidades y supuestos que acumula el pensamiento colectivo y se aproxima a un balance de confianza. Es en sí una cuenta cuyo resultado arroja uno de esos «intangibles» sin los cuales no se pude vivir pero que no tienen un precio o valor monetario preciso: el aire que respiramos, el carisma de un líder, la reputación de un individuo, una institución o un gobierno. Con ese resultado el gobierno andará en los próximos años expuesto al mismo juego democrático que le permitió al Encuentro Progresista construir el primer ejercicio de administración pública nacional. Esto es esencialmente delicado. Y, sobre todo, su comprensión impone un tipo de tareas de gobierno cuyos resultados ponderen mucho más en esa cuenta de resultados. Como para todas las cosas, en esto de «hacer las cosas esenciales» hay un tiempo y una ubicación relativa. ¿Cuántos recursos principales afecta el gobierno a resolver esas tareas esenciales y cuándo las realiza? componen las interrogantes sobre las cuales trabaja la especulación económica actual.
Resultados
Los próximos cien días constituirán el escenario de una confrontación mayor en procura de utilizar los espacios ampliados de encuentro del gobierno y la sociedad para una distribución diferente de los ingresos. Ello estará determinado por la decantación de la negociación colectiva en los formatos micro que adquirirán los acuerdos de empresarios y trabajadores negociando en concreto precios y cantidad de trabajo. Allí se elaborará un ajuste razonable a nivel micro pero cuya sumatoria nacional generará una insatisfacción agregada que debe ser prevista en aquella perspectiva de la cuenta del resultado intangible. Algo similar sucederá con la promulgación de la Ley presupuestal. Su resultado será, necesariamente, razonable, pero probablemente, su aporte a aquella cuenta principal sea, también, negativo. Para entonces habrá otros resultados parciales a tener en cuenta esta casi obsesiva anticipación de aquel resultado principal. Ellos estarán definidos por la imposibilidad que tendrá este gobierno de procesar en el tiempo y las formas acordadas con los organismos multilaterales de crédito, mejoras de gestión futura que, cual cliente cualquiera, expliquen la capacidad de honrar sus compromisos de deuda, sin diferenciar infantilmente aquellas exigibles por los acreedores financieros institucionales y los derechos de las familias en su condiciones de prestamistas, ya sea cual propietarias de deuda pública o de créditos sociales aportados a las salidas comprensivas de la crisis.
Esas dificultades son obvias, tiene que ver con la imposibilidad de hacer cosas que los gobierno precedentes no han querido o podido hacer y que tampoco podrá hacer con facilidad el gobierno de la izquierda: Cambios que originaran resistencias corporativas fuertes como las que deberían completar la reforma de la seguridad social mejorando la coexistencia del régimen «solidario» y de acumulación individual, resolviendo sin nuevas cargas tributarias más o menos disfrazadas los desequilibrios crecientes de la cajas bancaria, militar y el régimen de previsión policial; cambios en la superestructura de regulación bancaria que han de incorporar una digestión legislativa pesada de la autonomía real de los diferentes reguladores; O esos principios de reforma tributaria que a partir de una consolidación de un triángulo eficiente DGI/DGA/BPS, sea capaz de construir la plataforma de viabilidad de otras reformas en proceso, de la salud en particular.
El gobierno no está en condiciones de resolver la multiplicidad de tareas complejas que requiere la obtención de estas metas comprometidas y, en tanto, solicitará los «waiver» o dispensas acostumbradas para irlas realizando en escenarios presupuéstales menos exigentes.
El gobierno obtendrá esos waiver del FMI, el BM y el BID. Y seguramente los obtenga también de las organizaciones sociales comprometidas inteligentemente en el éxito de su acción.
El problema es, nuevamente, como se acumulan esos resultados parciales de gestión en la cuenta de la confianza que el gobierno deberá activar al término de la primera legislatura y de su primer año de gobierno.
Condicionantes
En esos escenarios convergerán resultados parciales con impactos provenientes del exterior probablemente fuertes en la composición de aquella cuenta de resultados esencial. Ellos son inciertos pero, probablemente su sumatoria parcial no favorecerá la perspectiva de este país. Ello tiene que ver con la permanencia del precio de la energía en niveles que superan los costos programados en bastante más del 10% y una presión mayor sobre los costos del financiamiento que, dado el estado de virtual insolvencia que tiene este país, adelanten problemas de financiamiento que la programación preveía recién para 2007/2008. Esta anticipación de los problemas presupuéstales para un país sospechado de insolvencia como el Uruguay, deviene del aumento de las tasas internacionales y del previsible aumento del riesgo Brasil, sombrilla bajo la cual se ha protegido hasta ahora toda la transición nacional. [i] Naturalmente el incremento de la tasa de interés local que sobrevendrá ya está condicionando las metas de crecimiento programadas en los frágiles equilibrios de las cuentas fiscales y de la política monetaria.
Emergencia
El gobierno no puede enfrentarse a esos riesgos letales de tener al término de su primer año resultados muy negativos en aquella cuenta de «intangibles». El problema es cómo hacer para que la acumulación negativa que va a irse procesando en estos cien días próximos tenga una compensación creíble a nivel del pensamiento dominante. Seguramente no alcanzará el esfuerzo y la voluntad de Ejecutivo y los legisladores inteligentes de los diferentes partidos para realizar estas compensaciones.
Algo más deberá hacer el gobierno para anticiparse a esos desenlaces de cuenta. Y ello supone desplazar el centro de la disputa de la discusión de los precios relativos -salario, dólar, etcétera- hacia zonas más elevadas de la discusión. En las cuales, quizás, el gobierno pueda liderar convocatorias al resto del espectro político, imprevisibles actualmente, con las concesiones que ello requiere en el juego democrático. *
[i] En el marco de la reunión anual de la FED de Kansas realizada el jueves y viernes pasado, Alan Greenspan y Donald Kohn, presidente local de la FED, advirtieron sobre los riesgos que podría suponer variantes bruscas en la política monetaria actual, incluyendo la política de comunicación, agregando argumentos que la FED ha incorporado últimamente como, por ejemplo, los derivados de un eventual aumento brusco de las tasas induciendo caídas fuertes de los precios de la propiedad y, en tanto, de las garantías bancarias. «La Era Greenspan: Lecciones de Futuro». 25 y 26 de agosto 2005, Kansas City EEUU.
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