Voracidad petrolera de China y EEUU presionan al precio del crudo

El petróleo puede convertirse en el talón de Aquiles de las economías emergentes, pero en particular de China, el segundo consumidor del mundo por detrás de Estados Unidos, según un análisis de Ana Fernández, especialista en temas energéticos de la agencia AFP.

«Estados Unidos tiene el mismo problema y ha comprado activamente petróleo de otros países. En el futuro, China hará lo mismo que ha hecho Estados Unidos», predice Wang Zhao, economista en el Centro estatal de Investigación y Desarrollo. Esta voracidad de China, el resto de Asia y Estados Unidos, ha contribuido a triplicar los precios del petróleo desde 2001. Sólo el año pasado, el aumento del consumo de petróleo fue el mayor en casi 30 años. India importa el 70% del petróleo que consume, mientras que China depende de los productores extranjeros para satisfacer un tercio de sus necesidades, que se elevan al 7% de la demanda mundial (5,46 millones de barriles diarios en 2003).

Mientras que los países desarrollados han reducido considerablemente la cuenta del petróleo en relación al PIB, tras los shocks del petróleo de 1973 y 1979/80, algunas economías asiáticas, como China, India y Corea del Sur lo han aumentado.

El director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), el español Rodrigo Rato, advirtió recientemente que la carestía del petróleo amenaza con ralentizar el crecimiento en Asia.

«Por ahora, el impacto de los precios del petróleo es moderado pero pensamos que si los altos precios persisten, y pensamos que va a ser así, el crecimiento de Asia podría verse afectado», dijo Rato.

Indonesia y Filipinas ya han comenzado a sentir los efectos de la carestía del petróleo y las autoridades deben reaccionar para controlar la inflación, que en contra de otras crisis petroleras, se ha mantenido baja gracias al bajo precio del dinero y a la fuerte competitividad de las empresas que lleva a la reducción de los precios de muchos productos. Por su parte en EEUU la confianza de los consumidores en la actividad económica mostró un preocupante e imprevisto descenso presionada por el cariz que está tomando el precio de los combustibles. En efecto, el índice retrocedió a 89,1 puntos en agosto contra 92.8 en julio. El problema radica en que menor confianza significa menor gasto, y esto no es buena para la economía norteña que tiene en el consumo familiar uno de sus principales motores.

Al aumento de la demanda petrolera y al mismo tiempo a una limitación de los recursos se suma también el hecho de que las economías que más crecen suelen ser también las que más despilfarran.

Prueba de ello es que para producir un dólar de PIB, las economías subdesarrolladas necesitan casi el doble de petróleo que las economías desarrolladas.

Además, la mayoría de los estados emergentes, incluidos India y China, subvencionan el petróleo, por lo que los consumidores mantienen el ritmo de consumo haciendo que los precios sigan subiendo en el mercado internacional. *

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