Técnicos de Antel crearon tecnología que evitaría las compras "llave en mano" a precios monopólicos
Los rectificadores, al igual que la mayor parte de los productos tecnológicos que países como Uruguay compran en los mercados de naciones desarrolladas, tienen una vida útil muy limitada, a veces de menos de tres años. Principalmente porque los proveedores se aseguran de ese modo un mercado comprador cautivo que carece de tecnología propia y debe pagar, entonces, los precios monopólicos establecidos por los grandes fabricantes mundiales de insumos técnicos y bienes de capital.
Un proyecto apoyado por el Sindicato Unico de Telecomunicaciones (Sutel), pensado y dirigido por un joven ingeniero del ente, de cuya existencia LA REPUBLICA tuvo conocimiento, fue el marco para la producción de un prototipo de rectificador de alta frecuencia totalmente desarrollado en el país, específicamente en el laboratorio de la Unidad de Energía Interior (UEI) de Antel.
Actualmente, cada vez que el ente necesita adquirir un equipo de 300 watt para instalar en una radiobase, abona 1.100 dólares, a razón de 3,7 dólares por watt. El modelo desarrollado por el equipo de UEI ofrece una relación de 1,2 dólares por watt.
Según el ingeniero Fernando Trías, quien concibió la posibilidad de que Antel trabajase en ese campo de investigación, «no es decabellado pensar en la renovación de unos 300 kilowatt en el quinquenio. Estamos hablando de frenar una terrible sangría de divisas para el país, pero mucho más importante que esto, de crear un nicho de producción que permita contratar y mantener un núcleo estable de personal altamente calificado, el semillero, que formado en el desarrollo y producción de tecnología de punta, aporte al entramado que necesitan la empresa y el país para romper definitivamente con el atraso tecnológico y económico».
La electrónica de potencia, uno de cuyos capítulos lo constituye el equipamiento de rectificación de energía, «es un área muy dinámica desde el punto de vista del avance tecnológico». Por ello, la matriz del desarrollo para este proyecto pasa por «lograr el tratamiento de cantidades cada vez mayores de energía con equipamiento más barato, de mejor rendimiento y, lo que no es menor, que tenga menos peso y ocupe menos espacio. Esto último tiene como objetivo reducir costos de obra civil» a la hora de construir las estructuras que brindan soporte al equipamiento de comunicaciones en general, explicó Trías a LA REPUBLICA.
El núcleo de las plantas rectificadoras utilizadas en Uruguay por Antel (y en casi todo el mundo) está constituido por fuentes conmutadas de alta frecuencia, tecnología cuyo veloz desarrollo permite que el objetivo de transformación energética se realice con un creciente grado de eficacia.
Sin embargo, «la forma» en que Antel accede a la misma «la coloca en una situación de dependencia tal con las empresas suministradoras, que les permite a éstas cobrar las reparaciones al precio que se les ocurra y `discontinuar´ el producto cuando les convenga. Al cabo de dos o tres años de hecha la compra no es posible conseguir los repuestos», señaló el ingeniero. Entonces, debe comprarse el paquete `llave en mano´ de la siguiente generación de fuentes conmutadas de alta frecuencia. O de cualquier otra tecnología.
Obsolescencia programada = dependencia tecnológica
El prototipo generado por la UEI fue finalizado en febrero de 2004. Pero sus antecedentes se remontan a 1997-1998, cuando las propias funciones de la Unidad dentro de Antel condujeron a sus integrantes a desarrollar una respuesta técnica a los problemas de obsolescencia -por falta de repuestos- que presentaban los grupos electrógenos utilizados en las plantas del organismo.
Parte de ese equipo de trabajo, que luego padeció la sangría de 9 retiros incentivados, incluidos el jefe de la Unidad y 3 jefes técnicos, produjo un modelo de controlador para grupos electrógenos que arrojó resultados positivos.
«Lo probamos en el campo y eliminamos los inevitables problemas que trae aparejada cualquier innovación. Al día de hoy, hay más de 30 controladores supervisados por el desarrollo hecho en la unidad».
Cuando los rectificadores de alta frecuencia se impusieron como la tecnología más conveniente para la transformación de energía eléctrica, hacia mediados de los años 90, su funcionamiento en el interior del país fue afectado negativamente por las tensiones entre fase y tierra, que quemaban los equipos.
A la hora de gestionar su reparación, transcurrido un lapso promedio de 3 años, la respuesta del proveedor fue la `discontinuación´, «no existiendo a partir de ese momento posibilidad de repararlos. Por supuesto, se ofrece a cambio la compra de otra fuente de nueva generación». Y cuando desde Antel se pretendió aumentar la capacidad de los equipos agregando más módulos, «resulta que ya no se fabrica más, debiéndose cambiar la planta completa ante un aumento de carga».
Fue esa «política de obsolescencia programada el determinante de la inquietud por investigar la posibilidad de un desarrollo nacional».
Entonces la UEI utilizó como referencia una técnica previamente desarrollada por algunos de sus integrantes: un cargador de baterías con celdas solares para ser aplicado en el ente, que «en sus partes medulares contaba con una fuente conmutada de alta frecuencia». Así, en 2002 fue formalizado el «Proyecto de Desarrollo de Fuentes de Alta Frecuencia». *
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