Innovaciones riesgosas en escenarios difíciles
El jueves pasado se supo que al término de los doce meses finalizados en junio, el déficit global del gobierno había ascendido aproximadamente a dos puntos del producto. Las cuentas del primer semestre comienzan a reflejar los problemas del enlentecimiento del crecimiento y la recaudación de impuestos, así como el aumento real del gasto de las remuneraciones de la administración central y la caída de las transferencias que las empresas públicas realizan a las arcas públicas. Por ahora no hay alarma en los equipos técnicos del gobierno. Empero, comienzan a escucharse con mayor atención las advertencias respecto a la fragilidad de los equilibrios. Esta situación tiene dos lecturas en este país: una, la del voluntarismo de la politización extrema: «la política puede con cualquier déficit y más aún, debe propiciarlos» ; la otra, la que hacen todos los días los agentes económicos comprendiendo la función relevante de las familias en su comportamiento respecto al ahorro, el gasto y la inversión. Alcanza decir aquí que de acuerdo a las cifras de junio, informadas por la SIIF/BCU la semana pasada, ese divorcio del ahorrista con la confianza es una constante que, hasta ahora, ha podido ser compensada ampliamente por la extraordinaria liquidez internacional. Uruguay ha logrado financiar sus déficit del presente año y parte de los que mantendremos en 2006. Ello ha generado tranquilidad y, probablemente, una cierta despreocupación de la población respecto a la situación financiera del país. Las buenas nuevas han fomentando la idea que podemos hacer unas cuantas cosas descontando futuros desequilibrios en lo que pudiera hacer el país apelando al crédito que se le concedería a un cliente que honra sus compromisos.
Escenarios de la innovación
Esa idea no está siendo refutada por el equipo económico por razones obvias. Empero, es falsa, y sobre todo, peligrosa. Afuera comienza a acelerarse el cambio de las notables condiciones que rodearon la salida uruguaya de la crisis del 2002. En unas horas la Reserva Federal de los EEUU le dará un nuevo impulso al precio del dinero en el mundo volviendo a incrementar su tasa básica. Las de mediano y largo plazo comienzan a retomar sus relaciones normales con las de corto plazo. Brasil ha comenzado a dar señales en cuanto a que 2006 será un año muy difícil en la región y el enlentecimiento del crecimiento económico en las regiones centrales va a terminar afectando el precio de las materias primas agropecuarias.
En los próximos días este país va a ingresar de lleno en la discusión del presupuesto quinquenal. Esa discusión y los primeros años de la ejecución van a verificarse en esos nuevos escenarios. Que no son los de estos últimos años. En esta perspectiva se conoce que el Ministerio de Economía intentará incluir en el Mensaje y Proyecto de Ley que deberá enviar antes del 31 de agosto algunas novedades que permitan flexibilizar y mejorar la gestión financiera del Estado a través de una mejora en los procedimientos de ejecución y contralor presupuestal. La novedad principal parecería ser la creación de estímulos a la gestión de los ordenadores del gasto a los efectos de que, previa calificación, las futuras rendiciones de cuentas anuales se conviertan, a partir de la del 2007 en elementos de reasignación de partidas. Es loable el propósito de superar la rigidez de un procedimiento de ejecución y contralor presupuestal obsoleto y perverso que deberá tener correcciones de orden constitucional en un mañana no muy lejano. Empero, en las actuales circunstancias ese loable propósito de calificación y reasignación permanente genera un riesgo que parecería no ha sido tenido en cuenta por el Poder Ejecutivo. Este presupuesto no va a ser el plan de financiamiento de un proyecto de cambio claro, ordenado y comprendido. Ese proyecto aún no existe y deberá irse conformando en el marco de una discusión compleja y que va a llevar tiempo. En tanto, se tendría que calificar la gestión de ejecutores de un proyecto de cambio muy abierto y expuesto a la interpretación sectorial y personal de funcionarios que navegarán entre la gestión de su cuota parte de un proyecto aún incierto y su gestión en la administración de los recursos asignados. ¿Qué es lo que se premiará y quién lo hará, llegado el momento de preparar los proyectos anuales de rendición de cuentas?
¿Se puede o no?
El dilema es interesante y no admite respuestas brutas. Pese a lo cual y dado que ahora han comenzado a confirmarse las dificultades y la hipótesis de desequilibrios comienza a prosperar, sería conveniente que, si el Ministerio insiste en innovar como ha sido anunciado, la modificación propuesta contuviera una reglamentación muy precisa capaz de asegurar cuál será, realmente, la conducta de los funcionarios que ha de premiarse y quién lo hará. Dado que el mero auspicio de una discusión de este tipo en los próximos cuatro meses parecería una temeridad quizás sería mejor subordinar este tipo de discusión a otras más ambiciosas en la perspectiva del cambio real.. Y en materia presupuestal dadas las cifras de partida y el escenario previsible de ejecución presupuestal, esa discusión bien pudiera ayudarnos a entender un poco más la virtud de la estabilidad como único ámbito posible capaz de ir encaminando y afirmando razonablemente los principios del cambio. *
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