Análisis nacional: OPORTUNIDADES HISTORICAS Y EL PROCESAR LAS TAREAS DE LA EMERGENCIA

Las políticas no deben distender la confrontación con la opacidad empresarial

Nuevamente, es en el área de las finanzas y la actividad bancaria donde comienzan a aparecer con toda su gravedad los problemas estructurales que sólo marginalmente puede contribuir a resolver el gobierno. Entre ellos el de la opacidad empresarial. A los empresarios se les va terminando el tiempo de esperar que el cambio principal lo hagan los demás. Pueden aceptar que desde la crisis las cosas ya no serán como antes, o deben comenzar a dejar sus actividades subsidiadas no porque haya un nuevo gobierno sino porque se terminaron los seguros propios que pagan los otros.

La presentación adelantada de las causas por las cuales el Banco Central decidiera el pasado miércoles elevar en un 5% la cantidad de pesos que dejará en el sistema financiero durante el trimestre en curso y, además, cambiara la calidad de lo que hasta ahora era un rango del 10% obligatorio en el que se podía alterar esa cantidad de dinero, a uno que será tan sólo indicativo fue propicia para confirmar algunos supuestos que definen la esencia del momento actual. He aquí algunos de los principales a mi entender:

 

1. la solvencia técnica y la credibilidad de la institución. Importa en una visión relativa de cómo se han procesado estos largos nueve meses de la transición. Importa por que, de hecho, quizás sea el BCU, la única excepción que ejemplifica que es posible hacer políticas de Estado con equipos muy profesionales que trasciendan los cambios políticos electorales afirmados en autonomías previstas constitucionalmente.

 

2. El riesgo que vaya finalizando una etapa en la cual el BCU ha logrado convencer al mercado que su política monetaria es un instrumento potente para enfrentar los riesgos inflacionarios.

 

3. La explicita dependencia de los equilibrios futuros a cambios relevantes en el posicionamiento y la autonomía real que tenga o no el BCU para cumplir su Misión constitucional y orgánica de ahora en más.

 

4. La extrema sensibilidad que tiene todo el programa económico a la permanencia de un crecimiento desusado para el país.

 

5. La fragilidad que tiene ese crecimiento vital frente a la inexistencia de señales claras respecto a que van a hacer los empresarios para acceder a fuentes sanas de financiamiento de la inversión que ahora necesitan imperiosamente. Complementariamente es preciso saber un poco mejor de qué manera el gobierno está concentrando sus escasos recursos en habilitar ese encuentro, necesariamente diferente, entre el sistema financiero  bancos y mercado de valores- y los demandantes de financiamiento de la inversión privada y de las empresas públicas.

 

Las oportunidades históricas

Cuando me retiraba del BCU pensaba en la dimensión de la emergencia que vive este país, mezcla de oportunidades históricas y una terrible sensación acerca de que es realmente imposible procesar las tareas de la emergencia en los tiempos que tiene este gobierno. Y sobre todo, en un marco de incomprensión de los sectores más dinámicos de la sociedad sobre las relaciones íntimas de las finanzas, el crédito y las aspiraciones de justicia y bienestar social. Eso no se arregla con mayorías legislativas absolutas. Ahora entendemos un poco más de que es el sistema financiero y lo que sucede allí. Lo que no logramos es entender los vínculos que tiene lo financiero con las cosas de todos. Entre otras razones no entendemos, porque esta asignatura nos cuesta más trabajo que el resto del quehacer social y cultural.

 

La mesa está casi servida

Trabajosamente las cosas en el sistema financiero se han venido acomodando. El BCU sabe lo que está haciendo e incluso, tiene en sus directores y gerentes la voluntad de jugarse en el futuro algo más de lo que usualmente arriesgan los funcionarios públicos en el cumplimiento de sus obligaciones. Hay un sistema financiero con problemas estructurales de todo tipo pero que, ahora, sabe que tiene que cobrar las deudas bajo pena de quiebra con sanción penal efectiva y que, además, ni puede hacer of shore ni ganar plata dulce fácilmente prestando como antes. El potencial de los nuevos instrumentos financieros y de garantías: fideicomisos y warrants especialmente es inmenso. Los precios del dinero son bajos y, ahora incluso en el mundo y en este país comienza a estrecharse la brecha que existía entre las tasas de corto y largo plazo.

 

La desconfianza campea

La desconfianza continúa campeando sobre las fuentes de crédito. En los últimos días hemos analizado el comportamiento extremadamente conservador de los ahorristas e inversores nacionales. Es brutal comprobar que ese estado de desconfianza es indiferente a cuanta buena noticia aparece y es activado automáticamente por cualquier incomprensión de lo que sucede en la política particularmente. Pero aún así, tampoco la disponibilidad de fondos, real o presta a ser activada con proyectos adecuados, parece ser una limitante para la expansión del crédito y el financiamiento de la inversión. El problema está en otro lado. La expansión del financiamiento sano de la economía está limitado por la calidad de sus demandantes. El riesgo no está hoy concentrado en la insuficiencia del regulador ni en el libertinaje del multiplicador. El BCU y el sistema financiero tienen sus limitaciones pero la barrera se construye o reconstruye en el área de la demanda. Los empresarios han pasado mal y tienen sus razones para explicarnos que armar y sostener una empresa es muy difícil en este país. Pero lo que deben entender es que ahora, será mucho más difícil aún especular con que, en función de sus dificultades, el Estado y la comunidad puedan concurrir en su auxilio. Con honrosas excepciones, los empresarios están acostumbrados a descontar sus riesgos y pérdidas en una comunidad que, otrora, pudo o aceptó hacerlo.

 

El aporte relevante de la política

Según los Estados de situación de la instituciones de intermediación financiera publicados por el BCU el viernes pasado continúa disminuyendo la relación de crédito y activos disponibles en los bancos públicos mientras que en la banca privada se advierte una muy leve mejoría respecto a lo que sucedía un año atrás. En el mercado de valores los corredores de bolsa ya saben que no podrán mantener el mercado ni sus escritorios si no encuentran demandantes serios de financiamiento de largo plazo. Los Fondos de Ahorro Provisional van a inclinarse a competir por colocar doscientos o trescientos millones de dólares en el financiamiento de proyectos de inversión pública y privada. El BROU está obligado a reorganizar su cartera de créditos atendiendo a proyectos de riesgo. Los bancos privados que decidan quedarse van a tener mejorar sus departamentos de financiación de la inversión y tienen un potencial mayor que la banca pública para hacerlo rápidamente. Sólo resta que los empresarios entiendan que en la emergencia actual o asumen los riesgos propios plenamente o deben dedicarse a negocios que soporten esos costos de bancarse riesgos inherentes al giro con creatividad y profesionalidad o, en su defecto, lo hagan con recursos propios. Claro, es imprescindible que el gobierno no les genere expectativas de que se pudiera hacer otra cosa… *

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