La estabilidad política y la libertad financiera atraen la inversión extranjera
Un estudio que el Instituto de Promoción de Inversiones y Exportaciones, Uruguay XXI, encargó al Cr. Juan Carlos Protasi, sobre las Inversiones Extranjeras Directas, IED, con el objetivo de conocer cuáles son las condiciones que las casas matrices requieren para invertir en Uruguay, arrojó interesante información que facilitará la búsqueda de modelos exitosos para promover el ingreso de inversores del exterior al país.
Entre las prioridades destacó la estabilidad política, seguida muy de cerca por la libertad financiera y de cambio vigente que permite remesar utilidades. También se destacó la existencia de un marco legal definido y estable por sobre el grado de apertura de la economía o la estabilidad macroeconómica.
Dentro de un segundo grupo de razones, el buen nivel de los recursos humanos primó frente a otros factores institucionales como el grado de competencia en la economía y la facilidad de acceso al Mercosur.
Los sorprendentes resultados de la encuesta realizada arrojan que las razones a las que se otorgó menos importancia fueron las exoneraciones tributarias y ventajas fiscales y al bajo grado de participación del Estado.
El clima para inversión
Las empresas advierten sobre los desvíos en que deben incurrir sus altos ejecutivos ya que ocupan alrededor del 23% de su tiempo tratando o negociando con representantes del gobierno y, si bien están conformes con la estabilidad política, perciben un trato desigual al que reciben las empresas de capitales nacionales. En cuanto a los requisitos administrativos, los encaran como una carga para la empresa, sin embargo, el nivel de impuestos no es considerado como una limitante para trabajar e invertir.
Coinciden también en que es más fácil conseguir capital en el exterior que obtener un crédito bancario, aún presentando un buen proyecto lo cual no merece mayores explicaciones.
Los montos
Si bien el país es uno de los que cuenta con un sistema económico más abierto en la región no ha captado montos importantes en comparación con el resto de Latinoamérica. En 2003 se atrajo al 3,5% de la inversión extranjera que llegó al Mercosur y 1,8% de la que llegó a América del Sur.
La explicación que encuentra el Cr. Protasi para esta «pobre performance» es el reducido tamaño y dinámica del mercado interno y el fuerte deterioro del tipo real de cambio durante la década de los 90.
La investigación constató que la IED se canalizó mayormente al sector agropecuario, a los servicios (finanzas y hotelería) y al sector inmobiliario. El principal destino de la inversión en los últimos tres años (hasta el 2003) fue el sector financiero concentrando el 31% de la misma, en segundo término se dirigió hacia el agro con el 26% del total y en tercer lugar estuvieron las inversiones en hotelería representando el 18,5% del total. No fue menor la inversión inmobiliaria con un 9,2% del total y destacó también la realizada en fabricación de productos químicos que significó un 8,4%.
En el período estudiado (2001-2003), la tercera parte de las inversiones provinieron de Argentina y Brasil a pesar de la crisis que vivían, un 32,6% provino de Europa (con Holanda a la cabeza, seguido de Francia y Reino Unido) mientras que del Nafta vino solamente el 7% del total. *
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