ANALISIS NACIONAL - EL PBI DEL PRIMER TRIMESTRE, UN DATO Y UNA ADVERTENCIA AGREGADA

Sin acuerdos de Estado se diluyen los éxitos parciales

La semana pasada quedó poco espacio para discutir el magro comportamiento de la producción del primer trimestre. Cómo se informara, el crecimiento anual de la economía al término de marzo ha descendido al 10.5%. La proyección del ajustado programa oficial para todo el año en curso es del 6% descendiendo en el año finalizado en marzo de 2006 al 5%. Dado lo cual hay un margen todavía muy amplio para que, si alguien no se equivoca en demasía, pueda aún alcanzarse la meta y los programas económicos y financieros dependientes de que se cumpla tal objetivo no sufran alteraciones dramáticas Los defectos de la estimación anticipada del valor agregado de la producción agropecuaria y en particular de la agrícola son importantes y su corrección usual se extiende a plazos más extensos. Dado la importancia de la producción agropecuaria en la estructura del producto es posible que esos defectos hayan gravitado y dramatizado excesivamente los resultados conocidos el jueves.

Pese a lo cual, la caída del ritmo de crecimiento indicada en el informe del jueves es importante.

Sobre todo si ella se ubica en el contexto de una suma de datos e impresiones que tienden a adelantar problemas de caída del nivel de actividad para el trimestre en curso. Hay en informe del BCU otros indicadores de oferta y utilización final índices que indican la permanencia de inversión y consumo que adelantan problemas de futuro.

A eso me he referido en las columnas previas y omito la precisión de la afirmación.

 

Especulando con la conflictividad

Hay en el país una precipitación de expectativas muy fuerte sobre desenlaces indeseados en una serie de conflictos y roces producidos en el curso de la acomodación del nuevo gobierno en sus funciones. En las áreas en dónde el riesgo en vez de descartarse de plano, es estudiado como escenario en el cual asumir conductas de inversión, ahorro o mera especulación, esos ruidos están lo suficientemente ponderados para que, por ejemplo, los poseedores de información y métodos de inversión más sofisticada hayan invertido y ahorrado sin problemas en moneda nacional mientras que la gran mayoría de los uruguayos continúen aceptando perder bienestar actual y patrimonio sentándose sobre el dólar o moviéndose en las áreas de actividad en las cuales, activos, precios y renta se transan en la moneda extranjera.

Empero, volviendo a lo esencial, más que lo que hagan los más informados en materia económica, importa decisivamente enfrentar la dominancia de una pésima expectativa de masas sobre la resolución de la conflictividad política actual; incluyendo la notoria dificultad que tiene el gobierno para encarar políticas de Estado en varios frentes, De allí sigue surgiendo una sobrevaloración del riesgo económico y financiero. La gran mayoría de los uruguayos extienden créditos políticos amplios a sus representantes pero a la hora de arriesgar sus ahorros y excedentes se manifiestan en dirección totalmente opuesta.

Desde la crisis bancaria del 2002 a la fecha no ha variado un solo punto el nivel de confianza que los uruguayos tienen sobre su sistema financiero. Este es un dato de encuesta y es, sobre todo, su comprobación puede observarse en los saldos de depósitos a plazo de los residentes en el sistema financiero local.

Esta permanencia de la desconfianza «bancaria» es una constante que impide el normal funcionamiento del sistema financiero. Esa desconfianza es inteligente. Pondera la mejora del contralor financiero y las reformas pos crisis, incluye el seguro de depósitos y pondera la nueva dotación de seguridades que tiene el sistema bancario; pero ahora ha aprendido a reconocer los enlaces causales entre el dinero y la política. Por eso es más difícil de combatir desde el área financiera y con sus instrumentos. Ahora los ahorristas y el inversor medio continúan siendo adversos al riesgo pero, además, esos ciudadanos son más inteligente y responsables individualmente acerca de la suerte de sus recursos.

Digamos que ha aprendido a cuidarse a futuro con otra responsabilidad individual. Eso es positivo a condición que los argumentos que se le suministren para volver a ahorrar e invertir sean también, más inteligentes que aquellos que por ejemplo, pivoteaban exclusivamente en la publicidad de la sacrosanta fortaleza del Estado para protegerlo.

Hasta ahora el país ha podido funcionar sin un mercado de valores real y con una latencia bancaria inusual.

Ahora comienza a ser muy difícil.

De allí la preocupación frente a los problemas insinuados del crecimiento la permanencia de la desconfianza. Pero, sobre todo lo nuevo tiene que ver con que esa adversión extrema al riesgo financiero se integra ahora con una actitud muy cautelosa de los uruguayos respecto al consumo. Los ingresos reales, con excepción del salario de las empresas públicas no han aumentado aún en términos sustantivos y el multiplicador bancario no está cumpliendo sus funciones. Pero sobre todas las cosas, ahora, los indicadores estarían sugiriendo que la propensión al consumo ya no es la misma que las que durante todo el 2003 y el primer semestre de 2004 alentaron una recuperación muy importante del nivel de actividad interna. Esto no tiene que ver con la cantidad de pesos que el BCU deja en la plaza ni de la incertidumbre cambiaria ni de la mayor capacidad adquisitiva del peso. Lo nuevo es la percepción de la aproximación a un conflicto político mayor y sus consecuencias sobre la estabilidad.

 

Otra clase de mayorías

Desde esta perspectiva la calidad de la transición se está deteriorando lo suficientemente rápido como para que el gobierno deba apresure a rediscutir una línea de conducta y políticas de Estado capaz de incidir rápidamente sobre la creación de saldos diarios de confianza mayores a los actuales. ¿Cómo hacerlo? Cómo siempre, quizás el principio de la variante se halle en la capacidad de ampliar la base de sustentación política de las reformas. Quizás ellas, con toda su importancia, sean, sobretodo, el motivo para avanzar en esa línea de encuentros que, pudieran agregar confianza y neutralizar las expectativas de conflicto creciente. *

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