La emisión de bonos fallida acelera definiciones de política
Los siguientes son algunos insumos para el análisis en ciernes.
Dicho análisis y su conveniente difusión nos permitirá entender un poco más cuáles fueron las razones del fracaso de una emisión que, además, de los objetivos financieros, representaba para Uruguay un carácter «estratégico» en el amplio sentido del término. Significaba la vuelta del país al mercado internacional del crédito privado de largo plazo; era la primera incursión del país en este mercado luego del canje –con una excepción menor nominada en pesos y con cláusula de protección cambiaria– y era, sobre todo, el primer test de negociación del gobierno de izquierda con sus fuentes de financiamiento no condicionadas por los parámetros de relación de las multilaterales con un gobierno, que, además, es socio de las mismas. Y era, además, una emisión necesaria para comenzar a cerrar las cuentas del año.
Estratégica y fallida
El resultado de la emisión fallida de la semana pasada debe ser evaluado y explicado, porque esa sí, será (o no) la plataforma de credibilidad con la cual el nuevo equipo económico debe recomponer la confianza de los mercados en su capacidad de gestión futura que –vale adelantarlo– abarca algo más que la «pericia» económica del gobierno que integra. Esa cualidad no supone sólo la demostración de su capacidad de mantener la estabilidad y la condición de buen pagador, sino que ahora exige una demostración de capacidad de cambio y reforma que el mercado le demanda. Es importante observar cómo se comporta el inversor externo y el interno frente a este desafío que tiene el nuevo gobierno de administrar la estabilidad y su voluntad o capacidad de reformar. Son visiones diferentes condicionadas no sólo por la oportunidad de inversión del capital en busca de retornos de corto plazo sino, fundamentalmente, en una visión de riesgo de largo plazo.
Los datos del entorno de riesgo en el cual se intentó realizar la emisión de la semana pasada incorporaban la tendencia de mejores retornos para el dinero invertido en el norte que en la periferia y, sobre todo, a comienzos de la semana –cuando quizás pudo tomarse una decisión de suspensión sin costos de afectación pública– incorporaban la caída en cadena de todas las bolsas de los países «emergentes». Una ola de temores sacudía los mercados internacionales en los últimos días y eso difícilmente podía ser ignorado en la ejecución de la orden de emisión.
El riesgo de los mercados de capital también, desde ese momento, comenzaba a expresar tendencias diametralmente diferentes: en EEUU, donde también caían los precios de las acciones industriales y tecnológicas, mientras subían los precios de los bonos del gobierno. Allí el capital también salía de la financiación de la industria en una perspectiva de caída del crecimiento económico en todo el mundo, pero a diferencia de lo que sucedía en la periferia, se refugiaba en el respaldo de las emisiones del gobierno norteamericano.
Pese a los desequilibrios inéditos de la economía norteamericana, los administradores de los fondos vendían euros, reales y pesos para comprar dólares y con ellos, bonos del gobierno norteamericano. Los inversores y administradores locales del capital no estaban en condiciones de confianza y norma, en algunos casos, para adquirir bonos uruguayos que el mercado internacional rehusaría tomar a tasas más o menos dignas.
En tanto, apelar al mercado local para completar la emisión internacional menor era un riesgo que, en principio, debía ser desechado, tal como parece haber sucedido dado que el Citigroup avisó a los corredores locales de la emisión tan sólo dos horas antes de la hora de cierre.
Apertura de la discusión
El gobierno uruguayo comienza a tener problemas de financiamiento que no se pueden soslayar. El lapso de cambio de administración fue demasiado extenso y cuando el equipo económico del gobierno y su agente financiero, el BCU, estuvieron en condiciones de ordenar al Citigroup la ejecución de la emisión, las condiciones del mercado internacional ya habían cambiado bruscamente. Pero, además, dos o tres semanas atrás, también comenzaron a cambiar, en la percepción de los inversores locales, algunas variables no precisamente «económicas», de contenidos más políticos, pero que las matrices de riesgo y el sentimiento de cautela de los ahorristas e inversores locales son ponderadas con cadencia diaria. Esto es lo que, conjuntamente con el análisis de la emisión fallida quizás sea conveniente examinar; en una visión urgente de la perspectiva de estabilidad y financiación de los cambios prometidos.
N.R: La columna de Jorge Jauri que se publica habitualmente en los días lunes, se publicará en la edición de mañana martes. *
Te recomendamos
quejas
Empresarios reclaman ante OIT que Consejos de Salarios no fijen las condiciones laborales
La inclusión de Uruguay en la lista negra de la OIT (ya había ocurrido en 2019) responde a una queja empresarial por la ley de 2009. Mientras el gobierno la califica de “desmesurada”, el ministro Juan Castillo destaca el valor del diálogo...
Compartí tu opinión con toda la comunidad